
He apretado tu carta una y otra vez contra
mis labios, dulcísima Helen,
bañado en lágrimas de alegría, o de una "divina desesperación". Pero
yo, quien tardíamente, en tu presencia, alardeaba sobre el "poder de las
palabras" ¿de qué me sirven ahora? Yo puedo creer en la eficacia de las
plegarias al Dios de los Cielos, yo puedo efectivamente arrodillarme
humildemente, arrodillarme en esta la más formal época de mi vida suplicando de
rodillas por palabras, pero las palabras que pueda revelarte, más vale que me
permitan yacer desnudo junto a tí, mi entero corazón.
Todos los pensamientos, todas las pasiones, parecen ahora mezcladas en este
único deseo que me consume.

En
1848 Poe se comprometió con Sarah
Helen Whitman, pero el
compromiso se rompió por los problemas de él con la bebida.
Cartas
de Henry Miller a
Brenda Venus


Te llamé anoche hacia las diez
y media pero no contestaste ¿Estabas fuera o en la cama con otro amante? ¿Has
contestado alguna vez mientras estabas haciendo el amor o te has puesto el teléfono
entre las piernas? (…) Recibir una montaña de cartas de una belleza como tú me
pone un poco caliente (…) Lo importante no es cuándo empiezas a joder sino cómo
lo haces. Con el corazón y el alma o sólo con el coño (…) Dios, si pareces
violable. Perdona que te lo diga así pero no puedo evitarlo. Parece como si
estuvieses lista para ser forzada (…) Me siento culpable por hacerte
insinuaciones. A decir verdad estoy profundamente enamorado de una mujer. Es un
amor eterno y lo digo en serio. Pero soy un hombre y siempre estoy enamorado de
una o de dos o de tres o de cuatro (…) Si los periodistas se enteraran de lo
nuestro me ridiculizarían hasta la muerte.
_________________________
Esta es la única carta que Henry Miller
escribió a Brenda Venus en francés:
"La escena que me viene a la mente se repite con frecuencia. Estoy en tu
casa mirando tus cuadros. Inmediatamente me ofreces algo de beber. La bebida se
nos sube a la cabeza. Vestís una camisa muy fina y transparente. Por encima del
ombligo no llevas absolutamente nada. Tus pechos son espléndidos. Tienes el
aire de una bailarina. (Como un Degas) Tus piernas son fuertes y hermosas. De
repente me lanzo sobre vos y te arranco la camisa. El pelo negro y copioso de
tu sexo me pone de inmediato tenso. Hundo tu mano entre tus muslos y advierto
que ya estás húmeda. Pareces muy excitada, dispuesta a hacer lo que sea. No me
sorprende. Te conozco desde hace siglos, quiero decir de anteriores
encarnaciones. Hemos sido amantes muchas veces. En ocasiones eras prostituta
del templo, en la India, en Egipto y en otros países. Siempre eras una mujer
para el placer, pero siempre religiosa. Tu religión era siempre el
"sexo", como los actuales practicantes del Tantra. Enseñas a los
jóvenes, hombres y mujeres. Para vos es una cuestión artística. Por eso parece
ahora que fueras una experta. Sin el menor rubor te acaricias suavemente el
coño con la mano derecha. Entonces...con dos dedos de cada mano abrís la
hendidura entre tus piernas y me muestras los pequeños labios que tiemblan como
un pajarillo. El jugo fluye abundante; tus muslos centellean. Sin decir una
palabra pones la mano en mi pantalón y empuñas mi pene (el tronco, si lo
preferís). Tus manos tan fuertes, pero delicadas, juegan con el como si fuese
un instrumento musical. Estas sofocada e irresistible.
Quiero "jugar" inmediatamente, sobre todo cuando pones tu lengua en
mi boca. Después tu boca empieza a lamer suavemente mi pija. Es difícil
permanecer en pie. Afortunadamente esta cerca el sofá. Caemos sobre el juntos,
boca sobre boca, miembro contra coño. Pero todavía no te he penetrado. ¡i.e.
caliente estas!. Me llenas de besos. Deseo besarte.
Estás entregada. Me agarras el pene y te lo pones entre las piernas. Entra
suavemente, lentamente incluso. Tu órgano esta deliciosamente formado. Es
angosto y profundo. Me retienes como lo haría un dedo. Naturalmente no puedo
aguantarme mas. Me voy-al igual que vos-al mismo
tiempo. Permanecemos axial durante algunos instantes,
entrelazados como serpientes. Trato de librarme pero vos no me lo permitís. Me
sujetas con tu poderosa musculatura. Al cabo de un rato advierto movimientos en
tu interior. Poco a poco empiezo a hincharme. Ahora alzas las piernas y las
colocas sobre mis hombros. Estás totalmente abierta y mojada. No cesas de acabar.
Tus ojos se dirigen hacia el techo. Me pedís que continúe, que no me detenga.
Me decís (en ingles), "cojéme, Henry, cojéme!. Métela hasta la manija.
¡Estoy tan caliente!". Es la primera vez que utilizas ese lenguaje
conmigo. Oírte me vuelve loco. "Dios, dame fuerzas, déjame poder", me
digo a mí mismo, "y te besaré eternamente". No olvides que te estoy
contando una fantasía. No entiendo de donde salen las fuerzas para darte tan
prolongado placer. Sois insaciable. Haces toda suerte
de movimientos y, en ocasiones, gestos que resultan absolutamente delirantes y
obscenos. Has perdido la cabeza. Eres sexo y nada mas
que sexo. Sabiendo que podrías matarme te apartas de mí para que pueda recobrar
el aliento. Pero no cesas de acariciarme, especialmente con la lengua. Y tu
cuerpo sigue ondulando sobre mí. ¡Me besas como una posesa!.¿Y
después i.e.?¿i.e. posición?. Soy yo el que te propone
que hagamos el amor como los perros...
----------------------------
Me
gustaría poder escribirte en ruso, en azteca , en armenio
y en iraní. Porque eres ilimitada. Eres lo que los griegos llaman `nada en
moderación`. Eres Mona, Anaïs, Lisa, tout le monde, todas combinadas. Fuego,
aire, tierra, océano, cielo y estrellas.
Y
ahora un hombre de 87 años, locamente enamorado de una mujer joven que me
escribe las más extraordinarias cartas, que me ama a morir, que me mantiene
vivo y enamorado (un perfecto amor por vez primera) que me escribe tan
profundas y emocionantes reflexiones que me siento feliz y confuso como sólo un
adolescente podría estarlo. Pero por encima de todo, agradecido, y afortunado.
¿Merezco realmente tan hermosos elogios como tú me dedicas? Haces que me
pregunte quién soy exactamente, si me conozco en realidad y qué soy. Me tienes
en el misterio. Por lo cual aún te amo más. Caigo de rodillas y rezo por ti, te
bendigo con la poca santidad que hay en mí. Viaja feliz, mi queridísima Brenda
y no lamentes nunca este romance a mitad de tu joven vida. Los dos hemos sido
bendecidos. No somos de este mundo. Somos las estrellas y el universo de más
allá.
Larga vida a Brenda Venus. ¡Dios le
conceda dicha, plenitud y amor eterno!
¡Queridísima Brenda!
Esta mañana ha llegado tu maravillosa carta. la he leido con lágrimas en los ojos.(....)
Sabes, muchas veces me despierto de noche, enciendo la luz y miro tu foto.
Pienso en ti como una flor del profundo sur, con toda su esplendorosa fragancia
y aparente fragilidad. En realidad eres tan fuerte como un tigre, y tan
peligrosa si estás enfadada.
Me temo. Mi visión se debilita. he estado escribiendo
sin gafas. Pero con tal de saber de ti soy capaz de cualquier cosa. Solo
gracias a tí continuo vivo. lo
se mejor que nadie.
Tu Henry
Cuando Brenda Venus
entró en su vida, Henry volvió a ser el joven y el rebelde amante de sus
primeros libros. Miller acababa de salir de una desgraciada experiencia
matrimonial con la pianista japonesa Hoki y su auto confianza estaba tan maltrecha como su salud. Brenda le devolvió la ilusión y la
vida, como un adolescente enamorado.
Carta de amor de
Adolfo Bioy Casares
a Elena Garro

Mi
querida, aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco y
no volví a Víctor Hugo. Sin embargo, te quiero más que a nadie... Desconsolado
canto, fuera de tono, Juan Charrasqueado (pensando que no merezco esa letra,
que no soy buen gallo, ni siquiera parrandero y jugador) y visito de vez en vez
tu fotografía y tu firma en el pasaporte. Extraño las tardes de Víctor Hugo, el
té de las seis y con adoración a Helena. Has poblado tanto mi vida en estos
tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz.
Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto:
desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura
y también en mí y en cómo vamos perdiendo todo. Te digo esto y en seguida me
asusto: en los últimos días estuviste no solamente muy tierna conmigo sino
también benévola e indulgente, pero no debo irritarte con melancolía; de todos
modos cuando abra el sobre de tu carta (espero, por favor que me escribas)
temblaré un poco. Ojalá que no me escribas diciéndome
que todo se acabó y que es inútil seguir la correspondencia... Tú sabes que hay
muchas cosas que no hicimos y que nos gustaría hacer juntos. Además, recuerda
lo bien que nos entendemos cuando estamos juntos... recuerda cómo nos hemos
divertido, cómo nos queremos. Y si a veces me pongo un poco sentimental, no te
enojes demasiado... Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte
cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por
milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te
respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que
el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no
encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades.
Biarritz,
jueves 24 de agosto de 1967
Mi querida:
Me desespera que tan sensiblemente reacciones a mis comentarios espontáneos
sobre lo que voy sintiendo cada día. Vos me conocés;
reflexiono satíricamente sobre lo que me pasa, sobre lo que veo. Esta tendencia
es natural en mí, un poco inevitable. Agrega a eso el brusco paso de la vida en
la tribu a la soledad. La soledad, en el primer momento, es un poco áspera.
Después llega a ser maravillosa. Ya en Le Touquet
tuve la impresión de hacer un íntimo y tranquilo balance de todo; la impresión
de encontrarme conmigo, después de haberme perdido de vista en el agolpamiento
de la vida en Buenos Aires. No imagines que me creo tan agradable como para
batir palmas por haberme encontrado; solamente quiero decir que el individuo
que había aparecido en los últimos tiempos en Buenos Aires no era el mejor yo
(todo es relativo); era una versión impaciente, sentimental, confusa A volver
más amargo el fondo de mis primeras cartas contribuía sin duda un hígado al que
diariamente azuzaba antes del almuerzo y antes de las comidas con pastillitas
de dos acreditados medicamentos. En los días inmediatos a la supresión de los
remedios me observaba con alarma; el hígado rápidamente salió del escenario,
pero la alergia empezó a molestar; por suerte, poco después, ella también se
fue (cuando me preguntaba si debía volver a las pastillas). Ahora estoy sano.
Anteayer, viajé de París a Poitiers; ayer, de Poitiers a Biarritz; te doy mi
palabra de que en ningún momento sentí cansancio; tampoco me acordé de la
cintura Los caminos no están como en la película Basta la salud; tienen, a
mitad de la semana por lo menos, un tráfico escaso, muy tolerable. Vine en
viaje de turismo, visitando Chartres, la catedral (no
había visto antes una vida de Cristo, sobre la pared del presbiterio, en
estatuas dignas del peor escultor italiano del siglo XIX); visitando el
castillo de Châteaudun, entre Chartres
y Poitiers, palacio e iglesias. Ahora, aquí me
tienes, en lo alto de este lujo y comodidad, un poco vertiginoso por los
gastos. Si no ahorro en comodidad de vida y en comidas, ahorraré en compras.
También me parece un poco loco hacer un telegrama un ojo de la cara desde cada
etapa y llamar por teléfono En la cuenta del Bellman,
telegrama y teléfono correspondieron a otra semana de estadía. El Bellman, no caro y simpático, fue en el primer momento
(como París, como el viaje) calumniado por mí. Allí supongo que volveré ya
reservé cuartos. En cuanto haya decidido el inmediato futuro te avisaré. No
dejaré de telegrafiar de los lugares en donde me quedaré más de un día. Perdona
algunas vaguedades: el descanso, las decisiones y los planes inflexibles no
concuerdan armoniosamente.
La fotografía de Marta me dio un gran placer. Las quiero, las extraño. Ustedes
son mi mundo.
Las beso. A.
______________________________
París, viernes 6 de octubre, 1967
Mi querida:
Estoy rodeado de cartas tuyas de agosto y septiembre, pero no me llegan cartas
nuevas. Trato de no preocuparme, de pensar que el correo tendrá la culpa y que
pronto leeré noticias recientes tuyas y de Marta. A Sieyès
le dije que sí, que tu única preocupación era Marta; decirle que éramos Marta y
yo, aunque más exacto, hubiese sido, también, ridículo y presuntuoso. Hoy voy a
ver una pieza de Ustinov, en el teatro des Ambassadeurs. El té comprado es el Caravan
de Ridgeways; delicioso, parecido al Saccone Speed, que ya no existe.
¿Llegaron a Bue nos Aires a Usher
las Vita Weat que
esperábamos? Yo he de llevar unas cuan tas cajas.
Sobre la fecha de mi vuelta todavía no te digo nada, porque no puedo fijarla
con precisión. Están de nuevo en París los que estaban de vacaciones: La Rochefoucauld, Laffont, el
director de Denoël. Si puedo iré por una semana a
Italia y a Suiza. En total, París y viaje no me llevará mucho más de un mes.
Vale decir que a mediados de noviembre, salgo para allá o quedo esperándolas,
tal como ustedes resuelvan. Este viaje, para nosotros tan largo, para mi salud,
alma, etcétera, ha sido necesario. Creo que en Buenos Aires iba por mal camino:
cansancio, vejez, nervios, enfermedad. Me saqué todo eso de encima. A veces me
asombro de no estar cansado. Cuando me acostaba del lado derecho, me dolía el
hígado. Ahora duermo del lado derecho o del izquierdo, o como quiera, y me despierto
sin dolores. Hace tiempo que no me sentía tan desentumecido y sano.
Te extraño. A.
P.D.
Tengo ropa contra el frío. Un saco largo de cashmere,
azul.
_____________________________________
Roma, sábado 2 de diciembre, 1967, 21 hrs.
Mis queridas: Acabo de llegar de Milán, en automóvil. Voy a permitirme
contarles algo concerniente a mí, porque pienso que sólo a ustedes podrá darles
placer. Me contó Ginevra que el director Marker se enamoró de una chica y como prueba de amor le
dejó su ejemplar de La invención. A la chica se lo robaron; comprendió que si
le daba la noticia a Marker, el amor se acababa;
apeló a Ginevra (desde París, por teléfono); Ginevra le pidió a Livio su
ejemplar, se lo mandó a la chica y salvó la pareja.
Todavía no lo vi a Johnny.
Parece que Livio contó las líneas de mi carta a Ginevra, de mi carta a Johnny;
resultó que la carta a Ginevra era dos líneas más
larga. Enseguida, comunicó a Johnny la irritante
circunstancia.
Cuento los días que faltan para abrazarlas.
Las extraño y las quiero. A.
Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo se conocieron
entre los círculos literarios porteños. Ella le llevaba once años, y desde que
lo vio por primera vez, vestido de blanco, apuesto, ya no pudo dejar de pensar
en él. Se casaron en 1940 y en 1954 nació su hija, Marta. Ella, extraña y
celosa, perdonaba todas las infidelidades de un hombre que, a pesar de todo, la
adoraba.
Carta de ALFONSO CANALES a Camilo José Cela (3/2/1972)

Querido Camilo
José:
Con mucho gusto te
relataré el incidente a que te refieres en tu carta.
La cosa ha acaecido
en Archidona, muy cerca de donde se halla la célebre Peña de los Enamorados.
Una pareja -no consta que fueran novios formales- se encontraba en el cine,
deleitándose con la contemplación de un filme musical. La música o las imágenes
debían ser un tanto excitantes, porque a ella, según tiene declarado, le dio
-no sabe cómo- el volunto de asirle a él la parte más sensible de su físico. El
cateto debía ser consentidor, pues nada opuso a los vehementes deseos de su
prójima. Dejóla hacer complacido, sin previsión de
las consecuencias que habría de tener su regalada conducta.
Según parece, el
manipulado, hombre robusto por demás, era tan virgen como López Rodó o, al
menos, llevaba mucho tiempo domeñando sus instintos. El caso es que, en
arribando al trance de la meneanza, vomitó por aquel
caño tal cantidad de su hombría, y con tanta fuerza que más parecía botella de champán, si no geiser de Islandia.
Los espectadores de
la fila trasera, y aun de la más posterior, viéronse
sorprendidos con una lluvia jupiterina, no precisamente de oro. Aquel maná caía
en pautados chaparrones, sin que pareciera que fuese a escampar nunca. Alguien
llamó airadamente, identificando el producto e increpando con soeces epítetos
al que lo producía en cantidades tan industriales.
Se hizo la luz. El
cateto pensó que la tierra, en eso de tragarse a los humanos, obra con una
censurable falta de oportunidad. Doblemente corrido, trataba en vano de
retornar a su nido la implacable regadera. Su colaboradora ponía cara de santa
Teresita de Lisieux, aunque con más arrebol en las
mejillas. Ambos fueron detenidos y conducidos a la presencia judicial, lo que
ocasionó que se incoara el oportuno sumario por escándalo público, a falta de
otra tipificación más especificadora.
El juez hizo el
ofrecimiento de acciones a los poluídos, quienes no
sólo quedaron enterados, sino que presentaron justificantes de los daños y
perjuicios. Un prestigioso industrial incorporó a los autos la factura del
sastre que había confeccionado su terno, que devino inservible. Y una señora,
de lo más granado de la sociedad archidonense,
presentó la cuenta de la peluquería donde, al siguiente día, hubo de hacerse
lavar el cabello (el Fiscal no acaba de explicarse cómo pudo pasar la noche sin
un lavado casero de urgencia).
Como primera
providencia, puesto que así lo imponen las reglas de la moral, los intérpretes
del raro suceso han contraído honesto matrimonio. ¡Gran equivocación! Imagínate
lo que hubieran podido prosperar, en cualquier parte del mundo, tanto el
prepotente poseedor de la manguera como su eficaz partenaire.
La causa está ahora
en trámite de calificación. Cuando se dicte la sentencia, te proporcionaré una
copia. Será un documento acreditativo de las reservas, no meramente
espirituales, de nuestra recia estirpe.
Un fuerte abrazo
____________________________________________
Carta de Camilo José
Cela a ALFONSO CANALES (7/2/1972)

Querido Alfonso:
¡Bendito sea Dios
Todopoderoso, que nos permite la contemporaneidad con estos cipotes
preconciliares y sus riadas y aun cataratas
fluyentes! Amén. ¡Viva España! ¡Cuán grandes son los países en los que los carajos son procesados por causa de siniestro! El suceso
muy bien podría originar la aparición de una frase adverbial aún no nacida
-"como el cipote de Archidona"- señaladora de óptima calidad y desaforada cantidad. Te
ruego que transmitas a la Excma. Diputación Provincial de Málaga mi propuesta
de que le sea atribuído un homenaje de ámbito
nacional al dueño de la herramienta, honra y prez de
la patria y espejo de patriotas. Podría levantarse en su honor un monolito
granítico con una farola en la punta del haba -el falofaro
de Archidona- visible desde las costas de Africa;
podrían editarse tarjetas postales y fabricarse cipotillos
de solapa; podría incluirse la contemplación de tanta gloriosa prepotencia en
el programa de los cursos de verano para extranjeros.
¿Os dais cuenta los
malagueños, mi querido Alfonso, de lo didáctico que resultaría? ¡A qué lindes
insospechadas de progreso nos ha llevado el III Plan de Desarrollo y la sabia
política de nuestros beneméritos tecnócratas, a quienes Dios guarde para mejor
lección de todos! Entre nuestro común amigo don Lupercio
Leonardo de Argensola y yo hemos compuesto, en loor
del pijo histórico, el poema que paso a copiarte:
SONETO
Claro cipote, cuya frente altiva
cubre de nubes tan
tupido velo
que nos hace creer
que en ella el cielo
y en sus cojones
su razón estriba.
En ti mostró su boca vengativa
el gran león,
forzado de su celo,
y en ti de
voluntad empieza el vuelo
del goterón de
leche en lavativa.
Hoy proclama la gloria de Archidona
que anegas con tus
huevos a su gente
por tu fluidora pija perseguida.
Hoy el mundo en tu justo honor pregona
que salvo
incordio, chancro o accidente,
no hay pija cual
tu pija en esta vida.
Un abrazo de tu emocionado y viejo amigo
Carta de Kahlil Gibrán
a Mary Haskell
31 de
Octubre de 1911

Mary, mi amada Mary,
he trabajado todo el día entero, pero no podía ir a la cama sin antes decirte
“buenas noches”. Tu carta más reciente es fuego puro, un corcel alado que me
lleva hacia una isla donde sólo logro escuchar músicas extrañas, pero que un día
comprenderé.
Los días han transcurrido llenos de estas imágenes, voces y
sombras, y hay fuego también en mi corazón, en mis manos. Preciso transformar
toda esa energía en algo que nos haga bien a los dos, y a las personas que
nosotros queremos.
¿Sabrás qué
significa quemarse, arder en un inmenso brasero, sabiendo que este incendio
está transformando en cenizas todo lo malo, y dejando en el alma sólo lo que es
verdadero?
¡Oh, no existe cosa más bendita que este Fuego!

- Carta de Kahlil Gibrán
a Mary Haskell
Creo que es un
error tuyo negarte a tener un contacto más íntimo, Mary.
Un hombre en su pasión se guía por tres cosas: la lógica, el corazón y el sexo.
Cada una de estas
cosas lo gobiernan durante un determinado período; la lógica y el corazón me
gobernaron durante muchos años. Pero, ahora, aparece el deseo sexual.
Me dijiste: “Querido Kahlil,
vamos a dejar el mañana para mañana”. Y en ese momento me sentí pequeño e
ingenuo. A las cosas importantes las has venido tratando como si no fueran
nada.
Yo te amo. Mi
deseo es mayor que tu deseo hacia mí. Cada vez que te encuentro tu presencia
llena todo el espacio que me rodea.
Yo te amo y sé que el contacto físico tiene su momento. Después,
este momento desaparece.
No quiero que nada
de lo que sea muy importante entre nosotros termine por desaparecer, porque no
sabemos qué puede suceder después de eso. Nuestra relación ya es
suficientemente fuerte, pero no sé a dónde pueden llevar los límites que se le
imponen al amor.
A pesar de todo,
me entrego en tus manos. Un hombre solamente puede entregarse en las manos de
alguien cuando el amor es tan grande que el resultado de esta entrega es
libertad total.
Yo te amo con todo
lo que existe en mí. La punta de mis cabellos, el borde de mis uñas, todo está
repleto de este amor que te tengo, Mary.
20 de Junio de 1914
- Carta de Kahlil Gibrán
a Mary Haskell
10 de Septiembre de 1920
Para vivir es
necesario coraje. Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara tienen
las mismas propiedades. Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara es capaz de
lanzarse a la aventura de la vida.
Esta aventura requiere una única osadía:
descubrir que no se puede vivir a través de la experiencia de los otros, y
estar dispuesto a entregarse. No se puede tener los ojos de uno, los oídos de
otro, para saber de antemano lo que va a ocurrir; cada existencia es diferente
de la otra.
No importa lo que
me espera, yo deseo estar con el corazón abierto para recibir. Que yo no tenga
miedo de poner mi brazo en el hombro de alguien, hasta que me lo corten. Que yo
no tema hacer algo que nadie hizo antes. Déjenme ser tonto hoy, porque la
tontería es todo lo que tengo para dar esta mañana; me pueden reprender por
eso, pero no tiene importancia. Mañana, quién sabe, yo seré menos tonto.
Cuando dos
personas se encuentran, deben ser como dos lirios acuáticos que se abren de
lado a lado, cada una mostrando su corazón dorado, y reflejando el lago, las
nubes y los cielos. No logro entender porqué un encuentro genera siempre lo
contrario de esto: Corazones cerrados y temor a los sufrimientos.
Cada vez que
estamos juntos, conversamos durante cuatro, seis horas seguidas. Si pretendemos
pasar juntos todo este tiempo, es importante no tratar de esconder nada, y
mantener los pétalos bien abiertos.
De: "Cartas de amor del Profeta"

Corresponde solamente a la
augusta mente de un gran rey, a quien la naturaleza ha dado un corazón lleno de
generosidad hacia mi sexo, compensar con favores tan extraordinarios una
conversación ingenua y corta con una muchacha. Inagotable como es el tesoro de
generosidad de su majestad, le ruego considerar que pueda no ser suficiente
para su generosidad; porque, si usted recompensa tan leve conversación por
regalos tan grandes, ¿qué podrá usted hacer por los que están listos consagrar
su obediencia entera a sus deseos? Cuán grandes pueden ser los obsequios que he
recibido, y la alegría que siento por ser amada por un rey a quien adoro, y a
quien con placer sacrificaría mi corazón. Si la fortuna lo ha hecho digno de
ofrecerlo, estaré infinitamente agradecida. El mandato de dama de honor de la
reina me induce a pensar que su majestad tiene cierta estima por mí, y puesto
que mi ocupación me da medios de verle frecuentemente, podré asegurarle por mis
propios labios (lo cual haré en la primera oportunidad) que soy la más atenta y
obediente sierva de su majestad, sin ninguna reserva
Ana Bolena.
Verano de 1526
Carta de Beethoven a su " Eternamente Amada
"

Incluso cuando estoy en
cama mis pensamientos van hacia ti, mi eternamente querida, ahora y entonces alegremente,
después otra vez tristemente, esperando para saber si el Destino oirá nuestra
plegaria, para hacer frente a vida que debo vivir en conjunto contigo o nunca
verte. Sí, estoy resuelto a ser un extranjero vagabundo hasta que pueda volar a
tus brazos y decir que he encontrado mi hogar verdadero con usted y envuelto en
tus brazos puedo dejar que mi alma flote hasta el reino de almas bendecidos. Ay!, desafortunadamente debe ser así. Debes estar tranquila,
tanto más pues sabes que te soy fiel; ninguna otra mujer podrá nunca poseer mi
corazón, nunca, nunca. Oh Dios, por qué debe uno ser
separado de aquella que le es tan querida. Para más, mi vida en Viena es
actualmente desgraciada. Tu amor me ha hecho el más feliz y el más infeliz de
los mortales. A mi edad necesito estabilidad y regularidad en mi vida, puede
esto coexistir con nuestra relación? Ángel, acabo de
oír que va el correo cada día, y por lo tanto debo cerrar ésta, de modo que
puedas recibirla inmediatamente. Mantente tranquila; solamente al considerar
tranquilamente nuestras vidas podremos alcanzar nuestro propósito de vivir
juntos. Mantente tranquila, ámame, hoy, ayer. Qué nostalgia llena de lágrimas
por tí, por tí, por tí, mi vida, mi todo. Todos los buenos deseos a tí. Oh, continúa amándome, nunca
juzgues mal el corazón fiel de tu amado.
Siempre
tuyo
Siempre
mía
Siempre
de ambos
_____________________
Mi ángel, mi todo, mi
yo... ¿Por qué esa profunda pesadumbre cuando es la necesidad quien habla?
¿Puede consistir nuestro amor en otra cosa que en sacrificios, en exigencias de
todo y nada? ¿Puedes cambiar el hecho de que tú no seas enteramente mía y yo
enteramente tuyo? ¡Ay Dios! Contempla la hermosa naturaleza y tranquiliza tu
ánimo en presencia de lo inevitable. El amor exige todo y con pleno derecho: a
mí para contigo y a ti para conmigo. Sólo que olvidas tan fácilmente que yo
tengo que vivir para mí y para ti. Si estuviéramos completamente unidos ni tú
ni yo hubiéramos sentido lo doloroso. Mi viaje fué
horrible...
Alégrate, sé mi más
fiel y único tesoro, mi todo como yo para ti. Lo demás que tenga que ocurrir y
deba ocurrir con nosotros, los dioses habrán de enviarlo...
Tarde del lunes... Tú sufres. ¡Ay! donde yo estoy, también allí estás tú
conmigo. Conmigo y contigo haré yo que pueda vivir a tu lado. ¡¡¡Qué vida!!!
¡¡¡Así!!! Sin ti...
perseguido por la bondad de algunas personas, que no quiero recibir porque no
la merezco. Me duele la humildad del hombre hacia el hombre. Y cuando me
considero en conexión con el Universo, ¿qué soy yo y qué es aquél a quien
llaman el más grande? Y sin embargo... ahí aparece de nuevo lo divino del
hombre. Lloro al pensar que probablemente no recibirás mi primera noticia antes
del sábado. Tanto como tú me amas ¡mucho más te amo yo a ti!... ¡Buenas noches!
En mi calidad de
bañista, debo irme a dormir. ¡Ay, Dios! ¡Tan cerca! ¡Tan lejos! ¿No es nuestro
amor una verdadera morada del cielo? ¡Y tan firme como las murallas del cielo!
La "Amada inmortal" fue una mujer anónima (probablemente Antonie Brentano, la esposa de un
amigo), tal como Beethoven se dirigía a ella en una
serie de cartas en el mes de Julio de 1812.
Carta de Franz Kafka a Milena Jesenská

Milena Jesenská
tomó contacto postal con Franz Kafka
cuando tenía 23 años, pidiéndole autorización para traducir un libro suyo al
checo. Ese fue el inicio de una relación que Franz cortó
en el 1923. De todas formas, siempre fue una relación sin futuro: la
tuberculosis se interponía entre ambos, y Franz
estaba sacudido por una serie de miedos, entre ellos miedo al sexo.
Aquí tomamos contacto con parte de aquella historia entre ambos.
¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas pueden comunicarse mediante
cartas? Uno puede pensar en una persona distante y puede tocar a una persona
cercana; todo lo demás queda más allá de las fuerzas humanas. Escribir cartas,
sin embargo, significa desnudarse ante los fantasmas, que las esperan con
avidez. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el
camino los fantasmas. Con este abundante alimento se multiplican en forma
desmesurada. La humanidad lo percibe y lucha por evitarlo. Y para eliminar en
lo posible lo fantasmal entre las personas y lograr una comunicación natural,
para recuperar la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil,
el aeroplano. Pero ya es tarde: son evidentemente inventos hechos en el momento
del desastre. El bando opuesto es tanto más calmo y poderoso; después del
correo inventó el telégrafo, el teléfono, la radio. Los fantasmas no se morirán
de hambre, y nosotros, en cambio, pereceremos.
Marx se
casó en 1843 con Jenny von Westphalen,
amiga suya de la infancia, con quien se había prometido ya de estudiante. Ella
pertenecía a una reaccionaria y aristocrática familia prusiana. Esta mujer,
magníficamente educada por su padre, sería la infalible compañera, esposa y
colaboradora de Marx durante toda su vida.

21 de junio de 1856
Querida mía:
De nuevo te escribo porque me encuentro solo y porque me apena
siempre tener que charlar contigo sin que lo sepas ni me oigas, ni puedas
contestarme. Por más malo que sea tu retrato, me sirve
perfectamente, y, ahora comprendo por qué perfectamente, y, ahora comprendo por
qué hasta las "lóbregas madonnas", las más
imperfectas imágenes de la Madre de Dios, podían encontrar celosos y hasta más
numerosos admiradores que las imágenes buenas. En todo caso, ninguna de esas
oscuras imágenes de madonna ha sido tan besada, ninguna ha sido mirada con
tanta veneración y enternecimiento, ni adorada tanto como esta foto tuya, que
si bien no es lóbrega, sí es sombría, y en modo alguno representa tu hermoso,
encantador y "dulce" rostro que parece haber sido creado para los besos.
Yo perfecciono lo que estamparon mal los rayos del sol y llego a la conclusión
que mi vista, por muy descuidada que esté por la vista, por muy descuidada que
esté por la luz del quinqué, y el humo del tabaco, es capaz de representar
imágenes no sólo en sueños, sino también en la realidad.
Te veo, siento, toda delante de mí, como de carne y hueso... el falso y vacío
mundo se forma una idea superficial y equivocada de las personas. ¿Quién entre
mis numerosos calumniadores y maldicientes enemigos me ha reprochado alguna vez
valer para el papel de primer galán en cualquier teatro de segunda categoría?
Pero es que soy así. Si esos canallas tuvieron
siquiera una gota de sentido del humor, habrían garrapateado en el anverso
"relaciones de producción y cambio" y en el reverso me habrían
dibujado postrado a tus pies, "mire este dibujo y el otro", rezaría
la inscripción. Pero los canallas son tontos y
seguirán siendo necios in secula seculorum.*
La separación temporal es
útil ya que la comunicación constante origina la apariencia de monotonía que
lima la diferencia entre las cosas. Hasta las torres de cerca no parecen tan
altas, mientras las minucias de la vida diaria, al tropezar con ellas crecen
desmesuradamente. Lo mismo sucede con las pasiones: los hábitos
consuetudinarios, que como resultado de la proximidad se apoderan del hombre
por entero y toman forma de pasión, dejan de existir tan pronto desaparece del
campo visual su objeto directo. Las pasiones profundas, que como resultado de
la cercanía de su objetivo se convierten en hábitos consuetudinarios, crecen y
recuperan su vigor bajo el mágico influjo de la ausencia.
Así es mi amor. Al punto que nos separa el espacio, me convenzo de que el
tiempo le sirve a mi amor tan solo para lo que el sol y la lluvia le sirven a
la planta: para que crezca. Mi amor por ti, cuando te encuentras lejos de mí,
se presenta tal y como es en realidad: como un gigante; en él se concentra toda
mi energía espiritual y todo el vigor de mis sentimientos.
Adiós, querida mía, te mando a ti y a nuestras hijas miles y miles de besos.
Tu Carlos.
Carta de Charlotte Carpenter a
Sir Walter Scott

Si yo pudiera creer en verdad que mi carta
te produjo solamente la mitad del placer que dices, yo casi pensaría, mi
queridísimo Scott, que puedo tomarle verdadero cariño
a la escritura, sólo para condescender contigo que dice mucho. Espero que sepas
apreciar este cumplido, y que no esperes que siempre seré
bien portada. Tú puedes depender de mí, mi querido amigo, para fijar tan pronto
como yo pueda un día, y si sucede que no sea tan rápido como tú lo deseas, no
debes enojarte conmigo. Es muy desafortunado que tú seas tan mal amo de casa, y
yo no sea mejor. Trataré. Espero tener pronto el placer de verte, y decirte
cuánto te quiero, pero deseo que la primera quincena haya pasado. Con todo mi
amor y toda suerte de hermosos deseos, adieu.
Charlotte
P.S. Etudiez votre Français Recuerda que me
enseñarás italiano en compensación, pero yo seré una tonta estudiante.

No puedo recordar que tu
jamás me preguntaras qué deseo, pese a los años que llevamos viviendo juntos. Pero
lo que no quiero es un divorcio, y no voy camino a obtener uno. Yo conozco las
leyes de divorcio de Vermont, en una época, lo
confieso, yo pensé en divorciarme. Eso fue a causa de la brutalmente
desconsiderada manera de tratar nuestra relación en tu affair
con Marcella, yendo tan lejos como para presentársela
a Wells como su futura "madrastra". Eso me
llenó de una ira ciega, y pensé que debía evitarme cualquier futuro insulto de
ese tipo. Pero la real base de mi relación hacia tí
es que yo no puedo albergar ninguna rabia o sentimiento siquiera normal de
resentimiento contra tí que perdure, o que cambie mis
sentimientos. "Esta es su manera de ser", es la única respuesta que
puedo encontrar...Cientos de veces, Hal, tú me
prometiste que nunca te dejaría y jamás me divorciaría de tí.
Por qué debería creer que decías aquello y querías decir esto, o que tú no
conocías tu propio pensamiento entonces y lo conoces ahora. Yo nunca seré capaz
de repudiar nuestro matrimonio, ni ante mí misma. Ahora me dices de hacerlo
público. Semejante paso sería una insportable auto
violación...
De una manera curiosa me estás
diciendo una vez más de hacer algo juntos -hacer común una aversión así como
una vez me rogaste hacer común un amor-. Pero no puedo. Esto no es en común. Todo
este asunto sería un fraude sin atenuantes. Eso no me haría libre. Yo viviré
contigo, en un sentido, hasta el fin de mis días. ¿No ves, Hal,
que estás pidiéndome que expulse tu resentimiento? Y me pides, tratando de
chantajearme con el niño, sabiendo cuán profundamente yo deseo que tenga un padre.Pero tu relación con Michael depende de tu relación
con Michael, y yo no influenciaré esos sentimientos. Sólo lo que tú hagas los
influenciarán. Tanto si te importa de él, como si no. Que yo obtenga el
divorcio no despertará amor en tu corazón por nuestro hijo, si no está allí...
Yo aún vivo cada día con la loca ilusión de que la puerta se abrirá y tú
regresarás -como si fuera de Bermudas-. Yo sé con mi despiadado intelecto que
tú no volverás a casa, pero hay reinos más allá de la inteligencia y fuera de
toda lógica.

Querida Pierina:
... Pierina, quisiera ser tu hermano -ante todo
porque en ese caso habría entre nosotros un vínculo menos banal, y después para
que pudieras escucharme y creerme con confianza. Si me enamoré de ti, no es
sólo porque, como se dice, te deseaba, sino porque tú y yo estamos cortados con
la misma vara, y te mueves y hablas como lo haría yo, si en vez de ser un
hombre que sólo aprendió el oficio de escribir hubiese tenido tiempo de
aprender a estar en el mundo. Por otra parte, existe la misma elegancia y
seguridad en lo que yo he escrito y en tus días. Sé entonces a quien le hablo.
Pero tú, a pesar de haberte vuelto árida y casi cínica, no estás al fin de la
vela como yo. Tú eres joven, eres lo que yo era a los veinticinco años cuando, decicido a matarme por no sé qué desilusión, no lo hice
-estaba curioso por el mañana, curioso de mí mismo- la vida me había parecido
horrible, pero aún me encotraba interesante a mí
mismo. Ahora es a la inversa: sé que la vida es estupenda, pero que estoy fuera
de ella, y el mérito es todo mío, y sé que esta es una tragedia fútil...
...¿Puedo decirte, amor, que nunca me desperté con una
mujer al lado, que cuando quise a alguien nunca me tomaron en serio y que
ignoro la mirada de agradecimiento que una mujer dirige a un hombre? ¿Y puedo
recordarte que, a causa del trabajo que hice, siemrpe
tuve los nervios destrozados y la fantasía ágil y exacta y el gusto de las
confidencias ajenas? Y que estoy en el mundo desde hace cuarenta y dos años? No se puede quemar la vela de los dos lados -en mi caso la
quemé toda de un solo lado y la ceniza son los libros que he escrito...
...El amor es como la gracia de Dios -la astucia no sirve-. Por mi parte, te
quiero mucho Pierina, te quiero como una fogata.
Llamémoslo el último resplandor de la vela...
Cesare Pavese
conoció a la joven Pierina en Bocca
di Magra, con quien vivió su última aventura amorosa en 1950, poco antes de
suicidarse.
De
la escritora inglesa Charlotte Bronté,
al profesor Constantin Heger.
8
de enero de 1845.
Monsieur, los pobres no necesitan mucho
para sostenerse. Piden solamente las migas que caen de la mesa de los ricos.
Pero si se les rechazan las migas mueren de hambre. Nadie –ni yo-, necesita
mucho afecto de aquellos que ama. No sabría qué hacer con una amistad entera y
completa, no estoy acostumbrada a ella. Pero usted me demostró en otros tiempos
un cierto interés, cuando era su alumna en Bruselas, y me mantengo aferrada a
ese poco interés. Me aferro a él como me aferraría a la vida.
Carta de Chateaubriand
a Madame Juliette
Récamier

Esta
es mi primera carta; te llama a Roma, o me devuelve a París. Créeme que nada en
esta vida sería capaz de separarme o desviarme de tí.
No puedo decirte cuánto sufro, porque estás sufriendo también. Piensa! Un mes habrá pasado antes de que regrese a Roma; pero
luego tendré un mes cerca de tí. Sería que tú vengas
unos días antes. Si no vienes, todos los errores corren por tu cuenta; porque
te amo muchísimo, te llamo a mi lado constantemente, así no tendrás pretexto
para abandonarme. Recuerda que debemos terminar juntos nuestros días. Es un
pobre presente, regalarte el resto de mi vida, pero tómalo... Mi buen ángel, sé
mi guardián.
Carta de Emily Dickinson a Susan Gilbert

Están limpiando la casa hoy, Susie, y he hecho un rápido bosquejo de mi cuarto, donde
con afecto, y contigo, yo pasaré esta, mis hora preciosa, más preciosa de todas
las horas que marcan los días al vuelo, y el día tan querido, que por él cambio
todo, y tan pronto como él pase, suspiraré por él otra vez. No puedo creer, Susie querida, que casi he permanecido sin tí un año entero; el tiempo parece a veces corto, y mi recuerdo
de ti caliente como si te hubieras ido ayer, y otra vez si los años y los años
recorrieran su camino silencioso, el tiempo parecería menos largo. Y ahora cómo
pronto te tendré, te sostendré en mis brazos; perdonarás las lágrimas, Susie, acuden tan felices que no está en mi corazón
reprenderlas y enviarlas a casa. No sé por qué es -pero hay algo en tu nombre,
ahora estás tomando de mí, que llena mi corazón por completo, y mi ojo,
también. No es que mencionarlo me aflija, no, Susie,
pero pienso en cada "sitio soleado" donde nos hemos sentado juntas, y
no sea que no haya no más; conjeturo que ese recuerdo me hace llorar. Mattie estuvo aquí la tarde pasada, y nos sentamos en la
piedra de la puerta delantera, y hablamos de vida y de amor, y susurramos nuestras
suposiciones infantiles sobre tales cosas dichosas - la tarde se fue tan
pronto, y caminé a casa con Mattie debajo de la luna
silenciosa, y sólo faltabas tú, y el cielo. Tú no viniste, querida, pero un
poquito de cielo sí , o eso nos pareció, pues caminamos
de un lado a otro y nos preguntábamos si ese gran bendición que puede ser
nuestra alguna vez, se concederá ahora, a alguno. ¡Esas uniones, mi Susie querida, por las cuales dos vidas son una, esta
adopción dulce y extraña en donde podemos mirar, y todavía no se admite, cómo
puede llenar el corazón, y hacerlos en pandilla latir violentamente, cómo nos
tomará un día, y nos hará suyos, y no existiremos lejos de él, sino que
quedaremos quietas y seremos felices!
Susan Gilbert era una
íntima amiga de Emily, la mujer de su hermano y,
según algunos biógrafos y por el contexto de las cartas, también un posible
amor.

Fidelina, mi única, única amada: Te aburriré
de nuevo con mis reflexiones sobre inspiración y creatividad, pero como te
habrás dado cuenta, estas reflexiones están directamente ligadas a tí.He reflexionado largamente sobre la inspiración y la
creatividad, y lenta, lentamente descubrí la naturaleza esencial de estos dones.La inspiración y la creatividad vienen a mí sólo
cuando me abstengo de una mujer por un largo período.Cuando,
con pasión, he vaciado mi fluído en una mujer hasta
secarme, la inspiración me rehuye y las ideas no
avanzan en mi mente. ¡Considera cuán extraño y maravilloso es que las mismas
energías que van a fertilizar a una mujer y crear un ser humano puedan
destinarse a crear una obra de arte! Y aún un hombre gasta el precioso fluído de la vida por un momento de éxtasis [...]
Carta de Franz Liszt a la condesa D'agoult

Marie! Marie!
Oh, dejame repetir ese
nombre cien veces, mil veces. Por tres días ha vivido en mi interior,
oprimiéndome y quemándome... Eternidad en tus brazos... Cielo, infierno, todo,
todo en tí y de nuevo en tí...
Oh, déjame loco, insano... La común, prudente
estrecha realidad, ya no es suficiente por más tiempo, debemos vivir con toda
nuestra vivencia, amor, y toda nuestra congoja! ¿Me
crees capaz o no, de sacrificio, de virtud, de moderación, de religiosidad?
Esto es para vivirlo!!! El día en que puedas decirme
con toda tu alma, con todo tu corazón, toda tu mente: "Franz,
permitámonos borrar olvidar, olvidar para siempre, cada cosa incompleta,
penosa, y acongojante en el pasado; permitámonos ser todo para el otro, porque
ahora te entiendo y perdono tanto cuanto te amo" ese día, y puede ser
pronto, volaremos lejos del mundo, y viviremos, amaremos y moriremos el uno por
el otro solamente.
Frank conoció a la condesa y escritora
Marie d'Agoult en 1833, estableciendo una relación
que duró hasta 1844. Tuvieron cuatro hijos.
Carta de Jack London a
Ana Strunsky

Ana querida:
¿Dije que el ser humano podría ser clasificado por categorías? Bien, y si lo
hice, déjeme
cuantificar: no todos los seres humanos. Usted me elude. No puedo encontrarla,
no puedo entenderla. Puedo jactarme de que a nueve de diez personas, bajo
circunstancias dadas, puedo pronosticar su acción; que de nueve de diez, por su
palabra o acción, puedo tomar el pulso de sus corazones. Pero de la décima
desespero. Está más allá de mí. Usted es la décima.
¡Estaban siempre dos almas, con los labios mudos, emparejados más
incongruentemente! Podemos sentirnos en comunión -seguramente, a menudo podemos-
y cuando no nos sentimos en comunión, con todo nos entendemos; pero no tenemos
ninguna lengua común. Las palabras habladas no vienen a nosotros. Somos
ininteligibles. Dios debe reírse de la actuación.
Carta de John Keats a Fanny
Brawne (fragmento)

Mi más querida muchacha,
He dado una caminata esta mañana con un libro en la mano, pero como es habitual
he estado ocupado sólo contigo: Desearía que poder decirlo de una manera
agradable. Estoy atormentado día y noche. Hablan de mi ida a Italia. Seguro
nunca me recuperaré si debo estar tanto tiempo separado de tí:
y aún con toda esta devoción hacia tí no puedo
persuadirme a ninguna confidencia....
Eres para mí un objeto intensamente deseable, el aire que respiro en un cuarto
vacío de tí es malsano.
Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio

Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite
tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a
nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. Se
respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara:
corazón, rosa, amor...
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se
va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad
esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No
tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe y
que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.
¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre
la noche iluminada. Lo han aprendido ya el árbol y la tarde... y el viento lo
ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo
murmura el río...
Clara:
Hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre
______________________________
México, Enero 10 de 1945
Muchachita:
No puedo dejar pasar un día sin pensar en ti. Ayer soñé que tomaba tu carita
entre mis manos y te besaba. Fue un dulce y suave sueño. Ayer también me acordé
de que aquí habías nacido y bendije esta ciudad por eso, porque te había visto
nacer.
No sé lo que está pasando dentro de mí; pero a cada momento siento que hay algo
grande y noble por lo que se puede luchar y vivir. Ese algo grande, para mí, lo
eres tú. Esto lo he sabido desde hace mucho, más ahora que estoy lejos lo he
ratificado y comprendido.
Estuve leyendo hace rato a un tipo que se llama Walt Whitman y encontré una cosa que dice:
El que camina un minuto sin amor,
Camina amortajado hacia su propio funeral.
Y esto me hizo recordar que yo siempre anduve paseando mi amor por todas
partes, hasta que te encontré a ti y te lo di enteramente.
Clara, mi madre murió hace 15 años; desde entonces, el único parecido que he
encontrado con ella es Clara Aparicio, alguien a quien tú conoces, por lo cual
vuelvo a suplicarte le digas me perdone si la quiero como la quiero y lo
difícil que es para mí vivir sin ese cariño que ella tiene guardado en su
corazón.
Mi madre se llamaba María Vizcaíno y estaba llena de bondad, tanta que su
corazón no resintió aquella carga y reventó.
No, no es fácil querer mucho.
Juan
Juan Rulfo fue un escritor mexicano, perteneciente
a la generación del 52. Conoció a Clara Aparicio hacia 1941, cuando ella tenía
trece años. Las cartas formaron parte de su relación tempranamente, e incluso
se puede decir que en los primeros años ésta fue fundamentalmente de carácter
epistolar. Cuando apenas se conocen, pero ya Rulfo le
ha declarado sus intenciones de casarse con ella, él debe viajar a la capital
del país para acompañar a un tío. A través de las cartas el noviazgo se va
haciendo una realidad hasta que se casan el 24 de abril de 1948.
Carta de Samuel Clemens a Olivia Langdon Clemens

No tengo nada que reportarte, excepto que
te amo, que te amo y pienso en tí todo el tiempo, y
que te admiro inmensamente, tu mente tanto como tu persona; tu carácter y
espíritu por mucho y lejos, por encima de lo que estas cualidades puedan
existir en otra persona a quien haya jamás conocido. Yo soy célebre, pero tú
eres grande, esa es la diferencia entre ambos... Tienes una frase en tu carta
que toda la cultura y todo el genio y toda la práctica del mundo no pueden
mejorar. Eso fue admirable. Con todo mi corazón
Tuyo.
Samuel Clemens, conocido mejor bajo el seudónimo de Mark Twain. (1835-1910). En 1870
se casó con Olivia Langdon,
el gran amor de su vida, a quien llamó Livy. Olivia era hija de un capitalista progresista que ayudó a
escapar a muchos esclavos como parte de la red de liberación llamada Tren
Subterráneo. Al principio Olivia no prestó atención a
Samuel, pero tras un año de cartas diarias, terminó por enamorarse del escritor.
Carta de Simone de Beauvoir a Jean Paul Sartre

Querido pequeño ser:
Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace
tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente
fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos
serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente
pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes,
estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos
observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a
dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: "¿De
que se ríe?". Y le contesté: "Me estaba preguntando qué cara pondría
si le propusiera acostarse conmigo". Y replicó: "Yo estaba pensando
que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía". Remoloneamos
aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió
muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y
anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho
cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece
una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en
mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata.
Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy
en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables
semanas a solas contigo.
Te beso tiernamente,
tu Castor.
Carta de Julio
Cortázar a Edith Aron

Un fragmento de la carta que Julio Cortázar le escribe a la que se
transformaría en la "Maga" de su libro Rayuela.
"Querida Edith: No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y
aburrido compañero que usted aceptó para pasear muchas veces por París, para ir
a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar
al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía
guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban).
Yo soy otra vez ése, el hombre
que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en
dos anos. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. ( ... ) Pienso en el
gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que
usted esté ya muy cambiada, ( ... ) de que no le
divierta la posibilidad de verme. ( ... ) Por eso le pido desde ahora y se lo
pido por escrito porque me es más fácil ( ... ) que si
usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de
pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. ( ... ) Sería mucho peor disimular un
aburrimiento. ( ... ) Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica,
entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver."
Cartas
eróticas de James Joyce a
su esposa

2 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín
Querida mía, quizás debo comenzar
pidiéndote perdón por la increíble carta que te escribí anoche. Mientras la
escribía tu carta reposaba junto a mí, y mis ojos estaban fijos, como aún ahora
lo están, en cierta palabra escrita en ella. Hay algo de obsceno y lascivo en
el aspecto mismo de las cartas. También su sonido es como el acto mismo, breve,
brutal, irresistible y diabólico.
Querida, no te ofendas por lo que escribo.
Me agradeces el hermoso nombre que te di. ¡Si, querida, "mi hermosa flor
silvestre de los setos" es un lindo nombre! ¡Mi flor azul oscuro, empapada
por la lluvia! Como ves, tengo todavía algo de poeta. También te regalaré un
hermoso libro: es el regalo del poeta para la mujer que ama. Pero, a su lado y
dentro de este amor espiritual que siento por ti, hay también una bestia salvaje
que explora cada parte secreta y vergonzosa de él, cada uno de sus actos y
olores. Mi amor por ti me permite rogar al espíritu de la belleza eterna y a la
ternura que se refleja en tus ojos o derribarte debajo de mí, sobre tus suaves
senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta a una puerca, glorificado
en la sincera peste que asciende de tu trasero, glorificado en la descubierta
vergüenza de tu vestido vuelto hacia arriba y en tus bragas blancas de muchacha
y en la confusión de tus mejillas sonrosadas y tu cabello revuelto. Esto me
permite estallar en lágrimas de piedad y amor por ti a causa del sonido de
algún acorde o cadencia musical o acostarme con la cabeza en los pies, rabo con
rabo, sintiendo tus dedos acariciar y cosquillear mis testículos o sentirte
frotar tu trasero contra mí y tus labios ardientes chupar mi pija mientras mi
cabeza se abre paso entre tus rollizos muslos y mis manos atraen la acojinada
curva de tus nalgas y mi lengua lame vorazmente tu sexo rojo y espeso. He
pensado en ti casi hasta el desfallecimiento al oír mi voz cantando o
murmurando para tu alma la tristeza, la pasión y el misterio de la vida y al
mismo tiempo he pensado en ti haciéndome gestos sucios con los labios y con la
lengua, provocándome con ruidos y caricias obscenas y haciendo delante de mí el
más sucio y vergonzoso acto del cuerpo. ¿Te acuerdas del día en que te alzaste
la ropa y me dejaste acostarme debajo de ti para ver cómo lo hacías? Después
quedaste avergonzada hasta para mirarme a los ojos.
¡Eres mía, querida, eres mía! Te amo. Todo
lo que escribí arriba es sólo un momento o dos de brutal locura! La última gota de semen ha sido inyectada con dificultad
en tu sexo antes que todo termine y mi verdadero amor hacia ti, el amor de mis
versos, el amor de mis ojos, por tus extrañamente tentadores ojos llega
soplando sobre mi alma como un viento de aromas. Mi pija está todavía tiesa,
caliente y estremecida tras la última, brutal embestida que te ha dado cuando
se oye levantarse un himno tenue, de piadoso y tierno culto en tu honor, desde
los oscuros claustros de mi corazón.
Nora, mi fiel querida, mi pícara colegiala
de ojos dulces, sé mi puta, mi amante, todo lo que quieras (¡mi pequeña pajera
amante! ¡mi putita folladora!)
eres siempre mi hermosa flor silvestre de los setos,
mi flor azul oscuro empapada por la lluvia.
JIM
6 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín.
¡Noretta mía!
Esta tarde recibí la conmovedora carta en la que me cuentas que andabas sin
ropa interior. El día veinticinco no conseguí las doscientas coronas, sino sólo
cincuenta, y otras cincuenta el día primero. Esto es todo en lo que al dinero
se refiere. Te envío un pequeño billete de banco y espero que al menos puedas
comprarte un lindo par de bragas, y te mandaré más cuando me paguen de nuevo.
Me gustaría que usaras bragas con tres o cuatro adornos, uno sobre el otro,
desde las rodillas hasta los muslos, con grandes lazos escarlata, es decir, no
bragas de colegiala con un pobre ribete de lazo angosto, apretado alrededor de
las piernas y tan delgado que se ve la piel entre ellos, sino bragas de mujer
(o, si prefieres la palabra) de señora, con los bajos completamente sueltos y
perneras anchas, llenos lazos y cintas, y con abundante perfume de modo que las
enseñes, ya sea cuando alces la ropa rápidamente o cuando te abrace bellamente,
lista para ser amada, pueda ver solamente la ondulación de una masa de telas y
así cuando me recueste encima de ti para abrirlos y darte un beso ardiente de
deseo en tu indecente trasero desnudo, pueda oler el perfume de tus bragas
tanto como el caliente olor de tu sexo y el pesado aroma de tu trasero.
Te habrán impresionado las cosas sucias
que te escribo. Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida,
en algunos momentos. Te sueño a veces en posiciones obscenas. Imagino cosas muy
sucias, que no escribiré hasta que vea qué es lo que tú me escribes. Los más
insignificantes detalles me producen una gran erección. Un movimiento lascivo
de tu boca, una manchita color castaño en la parte de atrás de tus bragas, una
palabra obscena pronunciada en un murmullo de tus labios húmedos, un ruido sin
recato, repentino, de tu trasero y entonces asciende un feo olor por tus
espaldas. En algunos momentos me siento loco, con ganas de hacerlo de alguna
forma sucia, sentir tus lujuriosos labios ardientes, chupándome, follar entre
tus dos senos coronados de rosa, en tu cara y derramarme en tus mejillas
ardientes y en tus ojos, conseguir la erección frotándome contra tus nalgas y
poseerte sodomíticamente.
¡Basta per stasera!
Espero que te haya llegado mi telegrama y
lo hayas comprendido.
Adiós, querida mía a quien trato de
degradar y pervertir.
¿Cómo sobre esta tierra de Dios es posible
que ames una cosa como yo?
¡Oh, estoy tan
ansioso de recibir tu respuesta, querida!
JIM
--------------------------------------------------------------------
8 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín
Mi dulce putita Nora, he hecho como me lo
pediste, muchachita sucia y me hice dos pajas mientras leía tu carta. Me
deleita ver que haces como si te follara por atrás. Sí, ahora puedo recordar
esa noche cuando de follé por atrás mucho tiempo. Fue la follada más sucia que
te he hecho, querida. Horas y horas mi sexo estuvo duro dentro tuyo, entrando y saliendo de tu trasero vuelto hacia arriba.
Sentía tus rollizas nalgas sudorosas bajo mi vientre y veía tu rostro y tus
ojos enloquecidos. A cada una de mis arremetidas tu desvergonzada lengua salía
de entre tus labios, y si te embestía con mayor fuerza que la usual, gruesos y
sucios gases surgían balbuceantes de tu trasero.
Tenías un culo lleno de pedos aquella noche, querida, y con la follada salieron
todos para afuera, gruesos camaradas, otros más ventosos, rápidos y pequeños
requiebros alegres y una gran cantidad de peditos sucios que terminaron en un
largo chorrear de tu agujero. Es delicioso follarse a una mujer con pedos
cuando cada embestida le saca uno. Estoy seguro que podría reconocer los de
ella en un cuarto lleno de mujeres flatulentas. Es un ruido mucho más juvenil,
que en nada se parece a los flatos húmedos que deben poseer las esposas gordas.
Es más repentino y seco y sucio como el que imagino haría para divertirse una
muchacha desnuda en el dormitorio de la escuela por la noche. Espero que Nora dejará escapar sus gases en mi rostro para que también pueda
conocer su olor.
Dices que a la vuelta me vas a chupar y
quieres que lama tu sexo, pequeña pícara depravada. Espero que alguna vez me
sorprendas durmiendo vestido, me asaltes con un destello de puta en tus
soñolientos ojos, me desabroches con suavidad, botón por botón en el vuelo de
mi trusa, y saques gentilmente la gruesa fusta de tu amante, la escondas en tu
boca húmeda y la mames hasta que dura y erectísima
acabe en tu boca. Algunas veces también te sorprenderé dormida, levantaré tu
camisón y abriré suavemente tus bombachas caliente; suavemente me recostaré y
comenzaré a lamer con placidez alrededor de tu sexo. Te agitarás incómoda,
entonces lameré los labios del sexo de mi querida. Te pondrás a gruñir y a
gemir, a suspirar y pedorrear ávida en tu sueño. Entonces lameré más rápido,
como un perro voraz, hasta que tu sexo sea una masa de suciedad y tu cuerpo un
corcoveo salvaje.
¡Buenas noches, mi pequeña Nora pedorra, mi sucia pajarita folladora!
Hay una palabra amable, querida que subrayaste para que me masturbara mejor.
Escríbeme más acerca de eso y de ti misma, dulcemente, totalmente sucia,
totalmente sucia.
JIM
9 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín
Mi dulce sucia pajarita folladora. Aquí está otra nota para comprar bragas bonitas
o ligueros o ligas. Compra bragas de puta amor, y trata de perfumarlas con
algún suave aroma y de decorarlas también un poquito por atrás.
Pareces ansiosa de saber cómo recibí tu carta
que dices es peor que la mía. ¿Cómo que es peor que la mía, amor? Sí, es peor
en una o dos de sus partes. Me refiero a la parte en la que dices que lo harás
con tu lengua (no me refiero a que me chupes) y en esa amable palabra que
escribiste tan grande y subrayaste, pequeña pícara. Es estremecedor escuchar
esa palabra (y una o dos de las que no escribiste) en los labios de una chica.
Pero ojalá hables de ti y no de mí. Escríbeme una
carta larga, larga, llena de esas y otras cosas acerca de ti, querida. Ahora ya
sabes cómo endurecérmela. Dime las cosas mínimas acerca de ti tan
minuciosamente como sean de obscenas, sucias y secretas. No escribas más. Deja
a cada oración llenarse de sucias palabras y sonidos sin recato. Son lo más
amable de oír y de ver en el papel, porque las más sucias son las más bellas.
Las dos partes de tu cuerpo que hacen las
cosas más sucias son las que yo más quiero. Prefiero tu culo, querida, a tus tetitas porque hace cosas más sucias. Si amo tanto tu coño
no es por ser la parte de tu cuerpo que penetro, sino porque hace otra cosa
sucia. Puedo pasar todo el día acostado masturbándome en la contemplación de la
divina palabra que escribiste, y la cosa que dices quisieras hacer con tu
lengua. Ojalá pudiera oír a tus labios murmurando
esas poderosamente excitantes palabras obscenas, ver tu boca haciendo ruidos y
sonidos lascivos, sentir tu cuerpo agitándose debajo de mí, oír y oler los
gruesos sucios pedos de muchacha ir pop pop fuera de
tu hermoso culo de muchacha desnuda y follar, follar, follar a mi ardiente culo
sucio de pajarita folladora por siempre.
Estoy contento ahora, porque mi putita me
dijo que quiere entregarme su trasero, y quiere que la folle por su boca, y
quiere desabotonarme y sacar mi palito y mamarlo como una teta.
Más y más sucias que éstas quiere mi pequeña folladora
desnuda que le haga, mi perversa excitable amante, mi dulce pedorrita
obscena.
Buenas noches mi coñito, me voy a acostar
y pajearme hasta acabar. Escribe más y más sucias cosas, querida. Acaricia tu
coñito mientras me escribes para hacer peor y peor lo que escribes. Escribe
grandes las palabras obscenas y subráyalas y bésalas y ponlas un momento en tu
dulce sexo caliente, querida, y también levanta un momento tu vestido y ponlas
debajo de tu querido culito pedorro. Haz más si
quieres y mándame entonces la carta, mi querida pajarita folladora
del trasero café.
JIM
Fragmento de una carta]
Dublín, 13 de diciembre de 1909
...ir a otras? Tú
puedes dármelo todo y más de lo que ellas pueden. ¿Querida, crees
definitivamente en mi amor? ¡Oh, hazlo, Nora! ¿Acaso
no se lee en mis ojos cuando hablo de ti? Como dice tu madre, "se iluminan
como velas en mi cabeza".
Cariño, ahora el tiempo pasará volando
hasta que tus brazos me estrechen. Nunca te abandonaré de nuevo. No sólo deseo
tu cuerpo (como sabes), sino también tu compañía. Querida mía, supongo que mi
amor por ti parece pobre y raído comparado con tu generoso y espléndido amor
hacia mí. Pero es el mejor que puedo ofrecerte, querido amor mío. Acepta mi
amor, sálvame y protégeme. Soy tu niño, ya te dije, y debes ser dura conmigo,
pequeña madre mía. Castígame tanto como quieras. Me parecería delicioso sentir
mi carne estremeciéndose bajo tu mano. ¿Sabes lo que quiero decir, Nora mía? Desearía
que me pegaras o incluso que me azotaras. No jugando, querida, sino en serio, y
en mi carne desnuda. Desearía que fueras dura, dura, querida, y tuvieras
grandes y orgullosos pechos y muslos rollizos. ¡Querría ser azotado por ti,
Nora, amor! Me hubiera gustado hacer alguna cosa que te molestara, siquiera
algo trivial, quizá mejor una de mis sucias costumbres que te hacen reír: y
escuchar entonces que me llamas a tu cuarto y encontrarte sentada en la silla
de brazos con tus robustos muslos abiertos y tu cara bien roja de ira y un
bastón en la mano. Te veo mostrándome lo que hice y entonces con un movimiento
de rabia me empujarás hacia ti y hundirás mi rostro en tu seno. Entonces
sentiré tus manos bajándome la trusa y hurgando dentro de la ropa y levantando
la camisa, para encontrarme luchando con tus fuertes brazos en tu seno y
sentirte inclinada sobre mí (como una nodriza que fustiga el trasero de un
niño) hasta que tus grandes y llenos pechos casi me toquen y te sienta
azotarme, azotarme, azotarme malvadamente en mi carne desnuda y estremecida! Perdóname, cariño, si esto es insensato. Empiezo la carta
con total tranquilidad y debo terminarla ahora en mi estilo alocado.
Querida, ¿estás ofendida por mi forma
desvergonzada de escribir? Supongo que algunas de las cosas obscenas que
escribí te hicieron sonrojar. ¿Estás enfadada porque te dije que me gustaba
mirar la mancha oscura que aparece tras tus bragas blancas de adolescente?
Supongo que me consideras un inmundo desgraciado. ¿Cómo contestarás estas cartas?
Espero, y espero que tú también me escribas cartas incluso más desaforadas y
sucias que las mías.
Nora, puedes hacerlo si sólo lo deseas,
pero también debo decirte que [INCONCLUSA]
16 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín
Dulce niña querida, ¡finalmente me
escribes! Seguro que has masturbado ferozmente ese sucio coñito tuyo para
escribirme una carta tan incoherente. En cuanto a mí, estoy tan fuera de forma
que tendrás que lamerme una buena hora antes que pueda tener un cuerno lo
suficientemente firme para metértelo, no digamos para follarte. He hecho tanto
y tan seguido que me da miedo mirar cómo lo he hecho, después de todo me lo he
hecho. Querida, por favor no me folles demasiado a mi vuelta. Folla todo lo que
quieras fuera de mí por ahí de la primera noche; pero dame tiempo para
reponerme. Querida, toda la follada debe ser hecha por ti, porque como estoy
blando y diminuto ninguna niña en Europa, a excepción tuya, desperdiciaría su
tiempo y energía conmigo. Fóllame, querida; en todas las nuevas formas que tu
deseo sugiera. Fóllame ataviada con tus vestidos de calle, con tu velo y tu
sombrero puestos, con tu cara sonrosada por el viento y el frío y la lluvia y
tus botas embarradas; fóllame también a caballo sobre mis piernas, cuando esté sentado
en una silla, montándome de arriba hacia abajo mostrándome los ribetes de tus
bragas y mi pito firmemente clavado en tu coño, o móntame sobre la espalda de
un sillón. Desnuda, fóllame, solamente con tus medias y tu sobrero puesto,
acostados en el piso, con una flor roja en el culo, montándome como un hombre,
con tus muslos entre los míos y tu robusto trasero. Móntame vestida con tu bata
de estar (ojalá tengas esa tan bonita), con nada
debajo de ella, ábrela repentinamente y muéstrame tu vientre y tus muslos y tu
espalda y empújame sobre ti, encima de la mesa de la cocina. Fóllame con tu
culo, boca abajo en la cama, con tu cabello suelto, desnuda, pero con tus
adorables bragas rosas perfumadas, abiertas desvergonzadamente de atrás y medio
caídas, de modo que se pueda entrever un poco tu trasero. Fóllame si puedes
acuclillada en el baño, con tus vestidos levantados gruñendo como una puerca
que caga y una gran cosa gruesa sucia serpenteando con lentitud fuera de tu
trasero. Fóllame en las escaleras, en la oscuridad, como una niñera follando
con su soldado, que le desabotona gentilmente la trusa y desliza su mano en su
pajarito y lo acaricia con su camisa y con ese contacto se va humedeciendo y
entonces lo toma con suavidad y lo acaricia junto con sus dos bolas a punto de
estallar y finalmente agarra atrevida la pija que ella mama y la manosea y la
acaricia suavemente, murmurando para él en sus oídos palabras obscenas e
historias indecentes que otras chicas le han contado a ella y ella dice cosas
sucias y se mea las bragas con placer y deja salir
suave, quieta tranquilamente tibios peditos de su trasero hasta que su clítoris
está tan firme como el de él y de pronto se lo mete y lo monta.
¡Basta! ¡Basta per
Dio!
He acabado y todas las tonterías han
desaparecido. ¡Ahora, la respuesta a tus preguntas!
Todavía no hemos inaugurado. Te mando
algunos carteles. Esperamos inaugurar el veinte o veintiuno. Cuenta catorce
días a partir de entonces y tres y medio más para el viaje y estaré en Trieste.
Prepárate. Coloca un lindo linóleo marrón
agradable en la cocina y, por la noche, cuelga un par de cortinas rojas comunes
en las ventanas. Procura un sillón cómodo y barato para tu perezoso amante. Haz
todo lo que te digo, querida, pues una vez que llegue no me moveré de esa
cocina en una semana, leyendo, repantingándome y
mirando como preparas la comida; y hablándote, hablándote, hablándote, ¡Qué
supremamente feliz seré! ¡Dios mío, allí seré feliz! I figlioli,
il fuoco, una bona mangiata, un caffé nero, un Brasil, il Piccolo della cera, e Nora, Nora
mía, Norina, Noretta, Norella, Noruccia, etc, etc...
Eva y Eileen
deben dormir juntas. Consigue algún lugar para Georgie.
Quiero que Nora y yo tengamos dos camas para el trabajo nocturno. Estoy
manteniendo y mi mantendré mi promesa, amor mío. ¡El tiempo vuela, vuela
rápidamente! Quiero regresar a mi amor, mi vida, mi estrella, mi pequeña
Irlanda de ojos extraños! ¡Cien mil besos, cariño!
JIM
20 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín
Mi dulce y pícara Nora, recibí esa noche
tu ardiente carta y he tratado de imaginarte frotándote el sexo en el baño.
¿Cómo lo haces? ¿Te recuestas contra la pared con tu mano cosquilleándote
debajo de tus ropas? ¿O te acuclillas bajo el agujero con las camisas vueltas hacia
arriba y tu mano trabajando fuertemente a través de la abertura de tus bragas?
¿Te sirvió como preludio ahora para cagar? Me pregunto cómo pudiste hacerlo.
¿Acabas al cagar o te frotas acabando primero y luego cagas? Debe haber sido
una horrible cosa lasciva ver a una niña con sus ropas levantadas frotando con
furor su coño, ver sus calzoncillos blancos y hermosos bajados de atrás y su
trasero defecando y una cosa gruesa y café que sale de su agujero. Dijiste que
ensuciarías tus bragas, querida, y que después me dejarías follarte. Me
gustaría oírte primero enmierdarlas y follarte
después. Alguna noche, cuando estemos en alguna parte hablando en la oscuridad
cosas puercas y sientas tu mierda a punto de salir, rodea mi cuello con tus
brazos en tu vergüenza y déjala caer suavemente. El sonido me enloquecerá y
cuando alce tu vestido...
¡De nada sirve continuar! ¡Ya puedes
adivinar qué!
Hoy abrió el cinematógrafo. El domingo 2
de enero salgo par Trieste. Espero que hayas hecho lo
que te dije respecto a la cocina, el linóleo, el sillón y las cortinas. A
propósito, no cosas esas bragas delante de nadie. ¿Está hecho tu vestido? Así
lo espero, con una chaqueta larga, con cinturón y con los puños de cuero, etc.
No sé como voy a arreglármelas con los gasto de Eileen.
¡Por Dios, arregla tú esto y que pueda yo tener una cama confortable! No tengo
ningún deseo especial de hacerte nada, querida. Puedes descansar tranquila
respecto a mis idas con ... Tú no lo comprendes.
Querida, esto no sucederá.
Oh, ahora estoy hambriento.
El día que llegue di a Eva que haga un "pudding"
corriente y algún tipo de salsa de vainilla sin vino. Me gustaría comer rosbif,
sopa de arroz, cupuzzi garbi,
puré de patatas, "pudding" y café negro.
No, no, me gustaría stracotto di macheroni,
una ensalada, ciruelas cocidas, torroni, té y presnitz. O no, preferiría anguilas cocidas o polenta
con...
Perdóname querida, esta noche estoy
hambriento.
Querida Nora, espero que pasemos juntos un
año feliz. Mañana escribiré a Stanie sobre lo del
cinematógrafo.
Estoy tan feliz que ahora veo Miramar. Lo
único que espero es que no lleve de nuevo conmigo esa abominable cosa, debido a
lo que hice. Querida reza por mí.
¡Addio, addio, addio, addio!
JIM
Carta
de Alicia Urrutia a Pablo Neruda

"Pablo amor" quisiera que esta carta llegue el dia 12 de julio de tu cumpleaños. Pablo amor que seas
feliz. Todas las horas del día y de la noche estes
donde estes y con quien sea sé feliz, te recordaré,
pensare en ti alma mia. Mi corazon
esta tivio de amarte tanto y pensar en ti. Amor amado
amor te beso y te acaricio todo tu cuerpo amado. Amor amado amor amor amor mío amor. Tu Alicia que
te Ama" (sic).
Transcripto del diario La Tercera de
Santiago 16-07-2004. Alicia era sobrina de Matilde Urrutia, última pareja hasta
su muerte (ver foto), y que yace junto a él en Isla Negra. Las faltas de
ortografía pertenecen al original. En La Tercera online se accede a un interesante artículo sobre las cartas
de Pablo a Albertina (la musa de “20 poemas de
amor...”)
Cartas de Francis Scott Fitzgerald y Zelda Fitzgerald

Scott, tú
realmente eres terriblemente tonto. En primer lugar, no he besado a nadie
despidiéndome, y en segundo lugar, no ha quedado nadie en primer lugar. Tu sabes, querido, que te amo demasiado para hacerlo. Si he
tenido un honesto -o deshonesto- deseo de besar una o dos personas, podría,
pero nunca lo desearía: mi boca es tuya.
Pero suponiendo que lo hice, no sabes que es absolutamente nada? Por qué no puedes entender que ninguna cosa significa nada
para mí salvo tu ser querido y tu amor? Deseo que nos
hubiéramos apresurado y hubiera sido tuya, entonces lo sabrías. Algunas veces
casi desespero por hacerte sentir seguro, tan seguro que nada pueda jamás
hacerte dudar como yo lo hago.
Zelda
_______________________________
Primavera de 1919
Novia mía
Por favor, no te deprimas. Pronto estaremos casados, y entonces estas noches
solitarias habrán quedado atrás para siempre. Hasta que lo estemos te estoy
amando cada tonto minuto del día y de la noche.Puede
que no lo entiendas, pero algunas veces, cuando más te extraño, más difícil es
escribir, y tu siempre sabes cuando me sucede, el dolor de todo, y no puedo
contártelo. Si estuvimos juntos, habrás sentido cuán fuerte es. Tú eres tan
dulce cuando estás melancólica. Amo tu triste ternura cuando te he lastimado,
esa es una de las causas por las que nunca me arrepiento de nuestras riñas, y
ellas te fastidian mucho.Estas queridas, queridas y
pequeñas bullas, en las que siempre trato empecinadamente de besarte y hacerte
olvidar.
Scott
_____________________________
Tú y yo hemos sido felices;
y no lo hemos sido solo una vez, hemos sido felices miles de veces. Las
posibilidades de que la primavera, que llega para todos, como las canciones
populares, nos pertenezca también, las posibilidades son muy halagüeñas en este
momento porque, como siempre, puedo aguantar casi toda la opinión literaria
contemporánea, liquidada, en el hueco de la mano, y cuando lo hago, veo al
cisne flotando en ella y descubro que eres tú y sólo tú. Pero, Cisne, flota
suavemente porque eres un cisne, porque con la exquisita curva de tu cuello los
dioses te concedieron un don especial, y aunque te lo fracturaras tropezando
con algún puente construido por el hombre, se curaría y seguirías avanzando.
Olvida el pasado, lo que puedas, y da la vuelta y nada de nuevo hasta mí, a tu
refugio de siempre, aunque a veces parezca una cueva oscura iluminada con las
antorchas de la furia. Es el mejor refugio para ti, da la vuelta despacio en
las aguas en las que te mueves y regresa.
Todo esto parece alegórico, pero es muy real. Te necesito aquí. La tristeza del
pasado me acompaña siempre. Las cosas que hicimos juntos y las cicatrices
atroces que nos convirtieron en el pasado en supervivientes de guerra persisten
como una especie de atmósfera que rodea todas las casas que habito. Las cosas
agradables y los primeros años juntos, los meses que pasamos hace dos años en Montgomery me acompañarán siempre y tienes que creer como
yo que podemos recuperarlos, si no en una nueva primavera, en un nuevo verano.
Te quiero, amor mío, cariño.
Scott
Mientras estaba en el campamento en Alabama, el novelista se enamoró de Zelda Sayre, de 18 años, hija de
un juez de Montgomery (Alabama), que pasaría a formar
parte integral de su narrativa. no
dejaron de mandarse cartas casi a diario, de una forma entusiasta y enfermiza.
En esa primera correspondencia se muestran ya algunos de sus rasgos
contradictorios, aquellos que el tiempo iba a agudizar, causándoles dolor. Fitzgerald multiplica sus atenciones hasta el agobio, como
si temiera que ella pudiera reprocharle algo o se sintiera culpable por su
ausencia. Zelda, por el contrario, vive toda esa
exhibición a veces con ilusión, otras con un cansancio que su carácter franco y
cambiante no puede ocultar. Se casaron el 3 de abril de 1920 en la catedral de
San Patricio de Nueva York. La felicidad, sin
embargo, sólo duró unos cuatro años. El resto, desde 1925 hasta el
internamiento de Zelda en una clínica mental, fue un
tedioso camino de altibajos hasta llegar al declive.
Cartas de Frida Kahlo a Diego Rivera

Diego:
Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos.
Mi cuerpo se llena de ti por
días y días.
Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago.
La humedad de la tierra. El
hueco de tus axilas es mi refugio.
Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda
para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos
Mi Diego:
Espejo de la noche.
Tus ojos espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos.
Todo tú en el espacio lleno de sonidos - En la sombra y en la luz. Tú te
llamarás Auxocromo el que capta el color. Yo Cromoforo - La que da el color.
Tú eres todas las combinaciones de números. La vida.
Mi deseo es entender la línea la forma el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu
palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a
las tuyas que son mi luz.
Frida Kahlo nació en Kahlo
1907 y muere en
Carta final a Carlota, por Werther, de Las
desventuras del joven Werther,
de Johann Wolfgang Goethe.

Es cosa
resuelta, Carlota: quiero morir y te lo participo sin ninguna exaltación
romántica, con la cabeza tranquila, el mismo día en que te veré por última vez.
Cuando leas estas líneas, mi adorada Carlota yacerán en la tumba los despojos del desgraciado que en los últimos instantes de
su vida no encuentra placer más dulce que el placer de pensar en ti. He pasado
una noche terrible: con todo, ha sido benéfica, porque ha fijado mi resolución.
¡Quiero morir!
Al separarme ayer de tu lado, un frío
inexplicable se apoderó de todo mi ser; refluía mi
sangre al corazón, y respirando con angustiosa dificultad pensaba en mi vida,
que se consume cerca de ti, sin alegría, sin esperanza. ¡Ah!, estaba helado de
espanto. Apenas pude llegar a mi alcoba, donde caí de rodillas, completamente
loco. ¡Oh Dios mío!, tú me concediste por última vez
el consuelo de llorar. Pero ¡qué lágrimas tan amargas! Mil ideas, mil proyectos
agitaron tumultuosamente mi espíritu, fundiéndose al fin todos en uno solo,
pero firme, inquebrantable: ¡morir! Con esta resolución me acosté, con esta
resolución, inquebrantable y firme como ayer, he despertado: ¡quiero morir! No
es desesperación, es convencimiento: mi carrera está concluida, y me sacrifico
por ti. Sí, Carlota, ¿por qué te lo he de ocultar? Es preciso que uno de los
tres muera, y quiero ser yo. ¡Oh vida de mi vida! Más
de una vez en mi alma desgarrada ha penetrado un horrible pensamiento: matar a
tu marido..., a ti..., a mí. Sea yo, yo solo; así será.
Cuando al anochecer de algún hermoso
día de verano subas a la montaña, piensa en mí y acuérdate de que he recorrido
muchas veces el valle; mira luego hacia el cementerio, y a los últimos rayos
del sol poniente vean tus ojos cómo el viento azota la hierba de mi sepultura.
Estaba tranquilo al comenzar esta carta, y ahora lloro como un niño. ¡Tanto
martirizan estas ideas mi pobre corazón!
Tú no me esperas; tú crees que
voy a obedecerte y a no volver a tu casa hasta la víspera de la Navidad...
¡Oh
Carlota!..., hoy o nunca. El día de la Nochebuena tendrás este papel en tus
manos trémulas y lo humedecerás con tus preciosas lágrimas. Lo quiero..., es
preciso. ¡Oh, qué contento
estoy de mi resolución.
¡Oh!
¡Perdóname, perdóname! Ayer... aquél debió ser el último momento de mi vida. ¡Oh ángel! Fue la primera vez, si, la primera vez que una
alegría pura y sin límites llenó todo mi ser.
Me ama, me ama... Aún quema mis labios el fuego sagrado que brotaba de los
suyos; todavía inundan mi corazón estas delicias abrasadoras. ¡Perdóname,
perdóname! Sabía que me amabas; lo sabía desde tus primeras miradas aquellas
miradas llenas de tu alma; lo sabía desde la primera vez que estrechaste mi
mano. Y, sin embargo, cuando me separaba de ti o veía a Alberto a tu lado, me
asaltaban por doquiera rencorosas dudas.
¿Te acuerdas de las flores que me
enviaste el día de aquella enojosa reunión en que ni pudiste darme la mano ni
decirme una sola palabra? Pasé la mitad de la noche arrodillado ante las
flores, porque eran para mí el sello de tu amor; pero, ¡ay!, estas impresiones
se borraron como se borra poco a poco en el corazón del creyente el sentimiento
de la gracia que Dios le prodiga por medio de símbolos visibles. Todo perece,
todo; pero ni la misma eternidad puede destruir la candente vida que ayer
recogí en tus labios y que siento dentro de mí. ¡Me ama! Mis brazos la han
estrechado, mi boca ha temblado, ha balbuceado
palabras de amor sobre su boca. ¡Es mía! ¡Eres mía! Sí, Carlota, mía para
siempre. ¿Qué importa que Alberto sea tu esposo? ¡Tu esposo! No lo es más que para
el mundo, para ese mundo que dice que amarte y querer arrancarte de los brazos
de tu marido para recibirte en los míos es un pecado. ¡Pecado!, sea. Si lo es,
ya lo expío. Ya he saboreado ese pecado en sus delicias, en sus infinitos
éxtasis. He aspirado el bálsamo de la vida y con él he fortalecido mi alma.
Desde ese momento eres mía, ¡eres mía, oh Carlota!
Voy delante de ti; voy a reunirme con mi padre, que también lo es tuyo,
Carlota; me quejaré y me consolará hasta que tú llegues. Entonces volaré a tu
encuentro, te cogeré en mis brazos y nos uniremos en presencia del Eterno; nos
uniremos con un abrazo que nunca tendrá fin. No sueño ni deliro. Al borde del
sepulcro brilla para mí la verdadera luz. ¡Volveremos a vernos! ¡Veremos a tu
madre y le contaré todas las cuitas de mi corazón! ¡Tu madre! ¡Tu perfecta
imagen!
segunda parte de la
carta de despedida.
Acaba de recibir las pistolas que le pidió
prestadas al esposo de Carlota
Han pasado
por tus manos; tú misma les has quitado el polvo, tú las has tocado..., y yo
las beso ahora una y mil veces. ¡Angel del cielo, tú
favoreces mi resolución! Tú, Carlota, eres quien me presentas este arma destructora, así recibiré la muerte de quien yo
quería recibirla. ¡Qué bien me he enterado por el criado de los menores
detalles! Temblabas al entregarle estas armas...; pero ni un adiós me envías.
¡Ay de mí!, ni un adiós. ¿Acaso el odio me ha cerrado tu corazón por aquel
instante de embriaguez que me ha unido a ti para siempre? ¡Ah, Carlota!, el
transcurso de los siglos no borrará aquella impresión; y tú, estoy seguro de
ello, no podrás aborrecer nunca a quien tanto te idolatra.
Guillermo: por última vez he visto los
campos, el cielo y los bosques. También a ti te doy el último adiós. Tú, madre
mía, perdóname. Consuélala, Guillermo. Dios os colme de bendiciones. Todos mis
asuntos quedan arreglados. Adiós, volveremos a vernos..., y entonces seremos
más felices.
Todo duerme en torno mío, y mi alma está
tranquila. Te doy gracias, ¡oh Dios!, por haberme
concedido en momento tan supremo resignación tan grande. Me asomo a la ventana,
amada mía, y distingo a través de las tempestuosas nubes algunos luceros
esparcidos en la inmensidad del cielo. ¡Vosotros no desapareceréis, astros
inmortales! El Eterno os lleva, lo mismo que a mí. Veo las estrellas de la Osa,
que es mi constelación favorita, porque, de noche, cuando salía de su casa, la
tenía siempre delante. ¡Con qué delicia la he contemplado muchas veces! ¡Cuántas
he levantado mis manos hacia ella para tomarla por testigo de la felicidad de
que entonces disfrutaba! ¡Oh Carlota!, ¿qué hay en el
mundo que no traiga a mi memoria tu recuerdo? ¿No estás en cuanto me rodea? ¿No
te he robado codicioso como un niño, mil objetos insignificantes que habías
santificado con sólo tocarlos?
Tu retrato, este retrato querido, te lo
doy suplicándote que lo conserves. He estampado en él mil millones de besos, y
lo he saludado mil veces al entrar en mi habitación y al salir de ella. Dejo
una carta escrita para tu padre, rogándole que proteja mi cadáver. Al final del
cementerio, en la parte que da al campo, hay dos tilos, a cuya sombra deseo
reposar. Esto puede hacer tu padre por su amigo, y tengo la seguridad de que lo
hará. Pídeselo tú también. Carlota. No pretendo que los piadosos cristianos
dejen depositar el cuerpo de un desgraciado cerca de sus cuerpos. Deseo que mi
sepultura esté a orillas de un camino o en un valle solitario, para que, cuando
el sacerdote o el levita pasen junto a ella, eleven sus brazos al cielo,
bendiciéndome, y para que el samaritano la riegue con sus lágrimas. Carlota, no
tiemblo al tomar el cáliz terrible y frío que me dará la embriaguez de la
muerte. Tú me lo has presentado, y no vacilo. Así van a cumplirse todas las
esperanzas y todos los deseos de mi vida, todos, sí, todos. Sereno y tranquilo
voy a llamar a la puerta de bronce del sepulcro. ¡Ah, si me hubiese cabido en
suerte morir sacrificándome por ti! Con alegría con entusiasmo hubiera abandonado
este mundo, seguro de que mi muerte afianzaba tu reposo y la felicidad de toda
tu vida. Pero, ¡ay!, sólo algunos seres privilegiados logran dar su sangre por
los que aman y ofrecerse en holocausto Para centuplicar los goces de sus
preciosas existencias. Carlota, deseo que me entierren con el traje que tengo
puesto, porque tú lo has bendecido al tocarlo. La misma petición hago a tu
padre. Prohibo que me registren los bolsillos. Llevo
en uno aquel lazo de cinta color de rosa que tenías en el pecho el primer da
que te vi rodeada de tus niños... ¡Oh! Abrázalos mil veces y cuéntales el infortunio de su
desdichado amigo. ¡Cuánto los quiero! Aún los veo agruparse en torno mío. ¡Ay,
cuánto te he amado desde el momento en que te vi!
Desde ese momento comprendí que llenarías toda mi vida... Haz que entierren el
lazo conmigo... Me lo diste el día de mi cumpleaños, y lo he conservado como
sagrada reliquia. ¡Ah!, nunca sospeché que aquel principio tan agradable me
condujese a este fin. Ten calma, te lo ruego; no te desesperes... Están
cargadas... Oigo las doce... ¡Sea lo que ha de ser! Carlota..., Carlota...
¡Adiós, adiós!

Euabonne,
abril de 1928
Lunes a las cuatro
Mi amor querido, mi dulce amor, sigo en cama. Acabo de tener un sueño maravilloso,
uno de esos sueños diurnos donde las emociones físicas te dejan al despertarte
toda la parte correspondiente al deseo... y el deseo que arrastras después, ya
despierto, se parece tanto al placer del sueño. Estaba tumbado en una cama al
lado de un hombre que no puedo identificar con seguridad, pero un hombre
sumiso, soñador desde siempre y para siempre y silencioso. Le doy la espalda. Y
tú vienes a tumbarte cuan larga eres pegada a mí, me besas los labios
dulcemente, muy dulcemente y yo te acaricio bajo el vestido los senos, fluidos,
tan vivos. Y tu mano pasa, muy despacio, por encima mío,
busca al otro personaje y se aposenta en su sexo. Lo veo en tus ojos, que se
turban lentamente, cada vez más. Y tu beso se hace más cálido, más húmedo, y
tus ojos se abren más y más. La vida del otro pasa a ti y al poco rato es como
si masturbaras a un muerto. Me despierto, ligeramente ebrio, incapaz de
renunciar al placer. Confieso que el regreso a Arosa
no me parece triste, que de hecho no es un regreso a Arosa
sino un regreso a ti, por consiguiente a mi amor. Por consiguiente, sólo una
cosa deseo: verte, tocarte, besarte, hablarte, admirarte, acariciarte,
adorarte, mirarte, te amo, te amo sólo a ti, la más bella y en todas las
mujeres sólo a ti te encuentro: toda la Mujer, todo mi amor tan grande, tan
simple.
Estoy mejor. Esta mañana ha venido Philippon, dice
que hay que ser prudente, pero que no tengo nada en el pecho. Me ha dado para
la nariz, que me molestaba mucho, una pomada de cocaína que me ha calmado inmediatamente.
He pensado muchas veces en mandarte libros, pero no los he encontrado hasta
hace tres días. Y los leo antes de llevármelos, por prudencia. Tendrás al menos
tres, de los que dos te gustarán, seguro que te encantarán. En todas las cartas
te digo que los vestidos están bien y estarás esperando el oro y el moro. No te
hagas demasiadas ilusiones. Tengo, por el contrario, la impresión de que será
apenas lo justo. En fin, con tal de que mi bienamada haga el amor bien
desnuda... ¡y también bien vestida!
Recibí vuestro telegrama antes del sueño descrito al dorso. «Besos», decía. Eso
fue lo que me inquietó tanto. Y también unos recuerdos reavivados, ya te
contaré en Arosa. Pero sufro terriblemente de tu
ausencia. Tengo una voluntad cada vez más fuerte de mejorar. Me sentí muy
halagado por las alabanzas de una pequeña berlinesa muy bonita que me encontré
en casa de Crevel (la conocimos en Berlín; quería
vender dos pequeños Rousseau. Su marido era un joven
pederasta [bastante] guapo, a ti te pareció hasta «muy apuesto»): que soy
«grande y apuesto, con la cintura estrecha y los hombros anchos». ¡Que conserve
sus ilusiones! ¡Quitárselas me parecería un sacrilegio!! ¡Ji!
, ji! Te mando más fotos de
tu Jouk que «también» se comporta muy «amablemente»
conmigo, se sube a la cama. Le hablo de ti. Mueve el rabo, me apoya el morro en
la mano.
Saldré sin falta el viernes por la noche. Deberíais salir de Magadino el sábado por la mañana, temprano, para llegar a Arosa por la noche, a menos que prefiráis quedaros el domingo
en Magadino por razones [sic]. Os aseguro que no haré
ningún reproche. En ese caso lo arreglaré todo en Arosa
para recibiros dignamente. Mi deseo de veros no disminuirá por ello. En
cualquier caso, lo cierto es que vuestra imagen no se separa de mí un instante,
que os amo en todo: en todo, también en toda carne, en todo amor. Soy vuestro
marido para siempre,
Paul
Os mando un dibujito que me gusta mucho. Para enmarcar. Y mis fotos. También me
van a reembolsar un exceso de impuestos que pagó mi
padre: 4 ó 5 000 frs. Voy a dormirme otra vez. Soñar
con GALA. Os llevaré un poema para vos.
_________________________
Niza, 7 de febrero de 1934
Mi hermosa pequeña dorogaia, Miércoles
No estoy al corriente de lo que sucedió el lunes por la noche. Pero he sido
informado de las decisiones que querían tomar, de las propuestas de exclusión
de Dalí. ¿Cómo puede éste, sabiendo que ninguno de nosotros puede tolerar en
absoluto su punto de vista, insistir en defender esa causa perdida? Sea cual
fuere el punto de vista que adopte Dalí, el hitlerismo representa para mí todo
lo que hay de odioso en el mundo. No puedo soportar un sólo instante que se
sostenga que el internacionalismo es cristiano. Esa paradoja es propia de
asnos. Piense lo que piense Dalí el fascismo, todos los fascismos defienden la
patria, la familia y la religión. Las teorías racistas sólo están ahí para
idealizar una causa tan baja. El único filósofo en que se basan es el
lamentable Gobinau (te aconsejo la lectura del último
número de la N.R.F., consagrado a él. ¡Qué miseria,
qué inmundicia!).
En fin, como Dalí insiste y yo estimo que:
l.° Será demasiado agradable para los fascistas tener
un defensor como Dalí.
2.° Que esta obstinación es una verdadera traición
(objetivamente dará, por ejemplo, la razón a Aragon),
ayer envié mi voto a Breton para que en el futuro
disponga de él como mejor parezca.
No puedo oír sin encolerizarme semejante reto a todo lo que siempre he creído.
Mi pequeña Gala hermosa, tampoco se te oculta que no puedo pensar en esta separación,
quizá ya consumada, sin una inmensa tristeza, pues temo que complique nuestras
relaciones, ya tan raras. Ayer me levanté, me paseé durante horas con tu
fantasma. Tú has hecho mi juventud, has hecho mi vida.
Te amo. Tuyo para siempre.
Paul
Y no voy a cambiar en vísperas del fascismo en Francia.
Paul Eluard fue
un poeta vanguardista francés, conoció a Gala en el sanatorio de Davos, donde se recuperaba de tuberculosis. Se casaron en
1917. Pero en 1929, luego de unas vacaciones en casa del pintor Salvador Dalí,
Gala se transforma en la musa y amada de éste y no del otro por el resto de su
vida. Así y todo, Paul Eluard
y Gala se siguieron escribiendo cartas.
Carta
de Robert Burns a Agnes M'Lehose

Soy un espectro descontento,
un espíritu perturbado. Clorinda, si alguna vez olvidas a Sylvander
puede que seas feliz, pero él será desdichado.
¡oh, qué tonto soy en el amor! ¡Qué
extraordinariamente despilfarrador en el cariño!
¿Por qué tu género es conocido como el sexo sensible, cuando jamás he
encontrado una que pueda devolverme la pasión que doy? No hay ni una tan rica
en amor como yo, o son mezquinas cuando soy pródigo.
¡Oh Tú, que eres yo, y de quien son todos mis senderos! Tú
me ves aquí, el desventurado naufragio de mareas y tempesatades
en mi propio interior: ¿puedes dirigir hacia Tí misma
este amor ardiente por el cual tantas veces busco volver, en vano, desde mis
criaturas-amigas?
Si
Tu bondad tiene todavía un regalo guardado para mí, como afecto que vuelva,
similar al que, Tú lo sabes, es más querido para mi que la vida, bendecirías y
santificarías nuestra unión de amor y amistad velando por nosotros en todas
nuestras idas y vueltas, para bien; y podrían los lazos que unen nuestros
corazones ser tan fuertes e indisolubles como las hebras de hilo de la vida de
un hombre inmortal!
Estoy
yendo a tomar tu mirlo, el más dulce, y estoy seguro que siempre cantó y acortó
sus alas un poquito.
Sylvander
Carta de Woodrow

La Casa Blanca
Septiembre 19 de 1915
Mi noble, incomparable
Edith,
No sé expresar o analizar las conflictivas emociones que han
surgido como una tormenta a través de mi corazón toda la noche. Sé solamente
que el primero y más importante de todos mis pensamientos ha sido la
confirmación gloriosa que me diste ayer por la noche - sin esfuerzo,
inconscientemente, como por sentada - de todo lo que he pensado siempre de tu
mente y corazón. Tienes el alma más grande, la naturaleza más noble, la más
dulce, el más amable corazón que haya jamás conocido, y mi amor, mi reverencia,
mi admiración para tí, la has aumentado en una tarde
como debo haber pensado solamente que sucedería en el curso de una vida de
intimidad, de cariñosa asociación.
Eres más maravillosa y encantadora ante mis ojos que nunca
antes; y mi orgullo y alegría y gratitud de que me ames con un amor tan
perfecto están más allá de toda la expresión, excepto en algún gran poema que
no puedo escribir.
Tu
Woodrow
Carta
de Emilie Bardach a Henrik Ibsen (Fragmento)

Febrero 7 de 1890
Por
favor perdona que te escriba de nuevo tan pronto. Todos estos días estuve
proponiéndome escribirte, porque es parte de mi naturaleza sentirme ansiosa con
respecto a las personas a quienes estoy profundamente unida, si no sé de ellas
por un lapso demasiado largo.
Probablemente
es una característica insignificante, pero es imposible controlar los
sentimientos propios.
Sin
embargo, yo quiero controlar los míos, y desde que supe cuán sensible eres al
respecto vengo a tu encuentro a mitad de camino. Sí, yo sé muy bien que tú eres
poco dispuesto a leer cartas, y de tiempo en tiempo aún sentí que tú podrías
encontrar mis cartas una molestia.
Igualmente,
tu última carta me sacudió malamente, y tuve que autocontrolarme
para esconder mis sentimientos [...]
Carta de Don Quijote a Dulcinea

Soberana y alta señora:
El herido de punta de ausencia, y el llagado de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no
tiene. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no
es en mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer
que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita, que además de
ser fuerte es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del modo que por tu
causa quedo. Si gustares de socorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te
viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi
deseo.
Tuyo hasta la muerte,
El caballero de la triste figura