Juan Crisóstomo de  ARRIAGA

 

Arriaga

 

 

Juan Crisóstomo Jacobo Antonio de Arriaga y Balzola

 

            Nacido en Bilbao el 27 de enero de 1806. Alli su padre, Juan Simon de Arriaga, organista en Berriatua, le enseñó los fundamentos de la música. Su talento le lleva a convertirse en alumno de Faustino Sanz, renombrado violinista.

 

            A los 11 años ya compone y representa obras en las sociedades musicales de Bilbao, hasta el punto de que con posterioridad recibió el calificativo de "Mozart Español".

 

            A los 15 años su padre decide que continúe su formación en el Conservatorio de París, donde estudia violín con Pierre Baillot, armonía con François-Joseph Fétis y contrapunto con Luigi Cherubini. En dicho convervatorio fue nombrado profesor auxiliar de Fetís en 1824. Murió en París con 19 años, al parecer de una enfermedad pulmonar.

 

            Su obra, de la cual sólo se habían editado los cuartetos, cayó en el olvido hasta que a finales del siglo XIX, dentro del movimiento del nacionalismo musical español, se convirtió en un mito más por su inmenso potencial que por sus obras terminadas. En su nativa Bilbao se construyó un teatro con su nombre y se levantó un monumento en su honor. Su música no está muy caracterizada como española y más bien se la puede relacionar con Haydn y con el primer Beethoven. Tras su muerte, con algunos informes de Fétis como único material biográfico confiable, la historia de la vida de Arriaga fue mitificada y se le quisieron encontrar semejanzas con Mozart, tales como que nació exactamente 50 años después y llevó el mismo nombre (Juan Crisóstomo, como Johannes Chrysostomus Wolfgangus), aunque la coincidencia no es extraña, ya que por esa época se solía bautizar a los niños con el nombre del santo del día de su nacimiento y la festividad de San Juan Crisóstomo se celebraba el 27 de enero. También se le encontró una pareja precocidad, pues tocaba el violín a los 3 años y compuso su primera ópera a los 13.

 

            Falleció sin llegar a cumplir los veinte años el 17 de enero de 1826).


Obra

 

            Pocas son las obras musicales de Arriaga que han sobrevivido hasta hoy, pero a pesar de su prematura muerte entre ellas se incluye la obertura de su ópera en dos actos Los esclavos felices, cuyo libreto escribió el célebre dramaturgo Luciano Francisco Comella. Aunque se compuso entera, es todo lo que ha quedado de ella. Compuso además una Sinfonía en Re en la cual las tonalidades de Re mayor y de re menor se alternan tan equilibradamente, que no se la puede considerar ni en una ni en otra y, como únicas obras publicadas en vida, tres cuartetos de cuerda.

 

Obra religiosa

 

  • Audi benigne
  • Misa a cuatro voces (perdida)
  • Salve Regina (perdida)
  • Et vitam ventura, fuga para ocho voces (perdida)
  • Stabat Mater, Motete para dos tenores, bajo y orquesta (1822)
  • O salutaris", Motete para dos tenores, bajo y orquesta de cuerda (1823)

 

Obra instrumental

 

  • Nada y mucho, Op. 1, (octeto) (1817)
  • Obertura nonetto, para pequeña orquesta, Op. 2 (1818)
  • Patria, Himno para coro y orquesta, Op. 3 (1819)
  • Cántabros nobles, Himno para coro y orquesta, Op. 4 (1819)
  • Marcha militar Para banda (1819)
  • Romanza para pianoforte (1819)
  • Tema variado en cuarteto, Op. 17 (1820)
  • Obertura para orquesta en Re Mayor, Op. 20 (1821)
  • Variaciones sobre el tema de "La húngara" para violín con acompañamiento de bajo ad libitum, Op. 22 (1821)
  • Variaciones sobre el tema de “La húngara” para cuarteto de cuerda, Op. 23 (1822)
  • Tres estudios o caprichos para piano (1822)
  • Tres cuartetos (1823)
  • -Cuarteto de cuerda nº 1 en Re menor
  • -Cuarteto de cuerda nº 2 en La Mayor
  • -Cuarteto de cuerda nº 3 en Mi bemol Mayor
  • Sinfonía en Re para gran orquesta (c.1824)
  •  

Obras vocales y dramáticas

 

  • Edipo, aria para tenor y orquesta. Escena lírico-dramática
  • Erminia. Cantata lírico-dramática para soprano y orquesta, basada en un episodio del poema "Jerusalén liberada", de Torquato Tasso.
  • Los esclavos felices, ópera en dos actos (1820)
  • Ma tante aurore, Dúo para tenor, bajo y orquesta. Escena lírico-jocosa
  • Medea, aria para soprano y orquesta. Escena lírico-dramática
  • Agar en el desierto, cantata lírico-dramática para soprano, tenor y orquesta (1825-1826)

En busca de Arriaga

 

(por Joaquim Zueras Navarro)

 

ISBN 84-88196-58-2

 

En busca de Arriaga

 

            Debemos agradecer a algunos biógrafos el hecho de haber mantenido en sus investigaciones una tenacidad a toda prueba. Reunir datos sobre una vida tan corta como la de Juan Crisóstomo Arriaga (1806-1826) requiere una paciencia digna de encomio, pues todo parece haberse confabulado para que de este compositor nos llegaran los mínimos datos posibles: Un padre que, quizás abatido por la muerte de su hijo, no mostró interés por ordenar los papeles, cartas y partituras, baúles que acabaron sirviendo de alimento para las ratas, panegíricos como el del musicólogo belga François Joseph Fétis, profesor de Arriaga en el conservatorio de París, que tienen más de elogiosos que de rigurosos, etc. Así pues, tal como confiesa Rodamiláns en su Introducción, bajo el título En busca de Arriaga, no sólo pretende ofrecernos un boceto biográfico del compositor, sino también relatar los problemas e interrogantes con los que ha tropezado, lo cual convierte el libro en doblemente interesante.

 

            La primera parte trata de la vida de Arriaga en Bilbao (1806-1821) y se abre con el árbol genealógico, en el que destacan algunos clérigos y escritores de cierta relevancia. El padre, Juan Simón de Arriaga, demostró aptitudes musicales según se desprende de su trabajo como órganista de la iglesia de Barriatúa cuando sólo contaba diecisite años, más tarde se dedicó a los negocios e incluso fue escribano, por lo que se trasladó de Rigoitia (Vizcaya) a Bilbao.  Su boda en 1787, a los veintiún años, es cuanto menos singular: Se celebró por poder y la ratificación de la misma solamente dos meses más tarde en la misma parroquia de Santa María de Guernica. ¿Qué asunto urgente o inesperado retuvo a Juan Simón lejos del lugar de la celebración?. En 1804 llegó a Bilbao acompañado por Rosa, su mujer, y sus siete hijos; el ambiente que encontraron es el retratado por Melchor Gaspar de Jovellanos en sus Diarios de viaje pocos años antes, tan distinto del actual.

 

En 1805, perdieron al hijo menor cuando Rosa estaba ocho meses en cinta de Juan Crisóstomo. Los primeros años de Arriaga hijo trancurrieron en medio de la guerra con Francia, que tanto empobreció a los españoles. Por eso sorprende que Juan Simón prosperara en sus negocios, llegando a ser el propietario de dos embarcaciones de pequeño porte. ¿Cuándo empezó Arriaga su educación musical? ¿Fue autodidacta como insinúa Fétis? ¿Recibió alguna formación de su padre? ¿Le impartió clases de violín un tenor bilbaino llamado Fausto Sanz?. Pese a que la vida musical en Bilbao era muy limitada, es probable que asistiera a conciertos dados en algunos salones y que él mismo tocara el violín con habilidad. En el libro hay un dibujo a pluma de Arriaga de uno de esos salones, que hizo a los once años y que tanto gustaba a Manuel de Falla. En 1817 compuso un octeto al que quizás alguien tituló Nada y mucho, que fue bien recibido por el talento precoz del músico y por su capacidad para crear y desarrollar ingeniosas ideas musicales. Al año siguiente compuso un “Nonetto” al que dio el número 1 de opus, por lo que tal vez menospreció sus pequeñas creaciones anteriores.

 

            En el capítulo cuarto el autor se adentra en la ópera Los esclavos felices y apunta nuevas incógnitas, como la de si llegó a representarse en Bilbao. Olvidada la partitura en un desván, muy deteriorada por la humedad y las ratas, sólo se conservó la obertura y algunos pequeños fragmentos que Juan de Erase intentó reconstruir. Siendo una obertura espontánea y atractiva, que de nuevo refleja la capacidad creadora y el asombroso sentido contrapuntístico de un adolescente de trece años, ¿cómo sería el resto? Queda siempre la esperanza de que un día aparezca alguna copia del original.

¿Y qué sabemos de su carácter, gustos, ideas, costumbres y vida cotidiana? Su padre ya estaba resuelto a enviarlo al conservatorio de París, aunque consultó a otros músicos en los que confiaba. Así, Juan Crisóstomo Arriaga compuso y envió un Tema Variado que fue enviado a Francesco Vaccai, músico de la Casa Real de Fernando VII, y un Stabat Mater para someterlo al juicio de José Sobejano, organista de la catedral de León. Ambos confirmaron la admirable disposición de Arriaga.

 

            La segunda parte es la de su estancia en París (1821-1826), por entonces ciudad de contrastes, cosmopolítica y sofisticada, pero con un alto índice de criminalidad. No nos han llegado noticias de su viaje ni de su acomodo. Parece  que fue presentado al Conservatorio por el compositor y tenor sevillano Manuel García y por el cónsul de España, solicitando cursar las clases de armonía y contrapunto a cargo del prestigioso Fétis. El libro relata muy bien las tendencias conservadoras del Conservatorio durante aquellos años. ¿Además de la austera asignación bimensual paterna, recibió alguna ayuda económica? ¿Obtuvo algún trabajo remunerado? ¿Trabó amistad con el catalán Fernando Sor? ¿Acudió a alguna de las célebres veladas de Rossini?

 

En 1823 es nombrado “repetiteur” del Conservatorio. Un puesto más importante que el de auxiliar de cátedra de las universidades españolas, responsable de la clase durante todo el curso, pero sin sueldo; algo que hoy se me antoja una rareza. Sobre los tres excelentes Cuartetos publicados en París en 1824, cuando Arriaga había cumplido dieciocho años, el libro cita los interrogantes de José Antonio Gómez  y su conclusión al respecto: “Puesto que ni Ph. Petit ni ninguna otra editorial de entonces se caracterizaban precisamente por divulgar o apostar sin más por la obra de jóvenes promesas –que en París las hubo siempre por docenas- es obvio que alguien debió pagar toda o parte de la edición de los Cuartetos de Arriaga”. En cuanto a  su Sinfonía en Re, Enrique Franco ha escrito: “desde el punto de vista histórico, la Sinfonía funciona como un repuesto que España ofrece al mundo para cubrir el vacío de su prerromanticismo musical, a la vez que nos advierte sobre lo que podía haber sido la creación de un músico extraordinariamente dotado, capaz de imaginar en su temprana juventud partituras de tan alta madurez”. Cuando se encontró la obra, faltaban 170 compases del primer movimiento y 30 del cuarto que José Antonio Gómez se encargó de revisar, estrenándose en París el 21 de enero de 1994 por Jordi Savall y su orquesta El Concierto de las Naciones. En este libro se comentan ambas obras con detalle.

 

            Son también importantes sus obras vocales compuestas en París. Ha desaparecido un Salve Regina, una misa a cuatro voces y una imponente fuga a ocho voces sobre las palabras del Credo “Et vitam venturi”, obra que impactó a Cherubini, director del Conservatorio. Arriaga debió de prestar esas obras a algunas parroquias y ya no sabemos más. Otras obras basan su temática en la mitología, en episodios del Antiguo Testamento o en argumentos relacionados con el Oriente Medio, siguiendo los gustos de la época. ¿Cuántas pueden haberse perdido?. Medea señala la apertura de Arriaga en el romanticismo, tanto por la elección del poema como por el amplio uso de la tonalidad.

 

            La leyenda romántica describe los últimos meses del joven Arriaga como los de un ser atormentado por el trabajo en el Conservatorio y un deseo irrefrenable por componer, actividades que le conducirían a una muerte por extenuación. Sin embargo, parece que una tuberculosis fulminante, a la que tal vez ningún medicó atendió,  fue el motivo de su fallecimiento.

 

            El libro, encuadernado con mimo y con interesantes ilustraciones, añade un índice de composiciones muy útil y una extensa bibliografía.


 

 

Juan Crisóstomo Arriaga y su época

 

por Federico Calabuig Alcalá del Olmo

 

            En este París de ambiente musicalmente efervescente aterriza en septiembre de 1821 Juan Crisóstomo Jacobo Antonio de Arriaga y Balzola, un jovencísimo y prometedor músico de apenas quince años que procede de una pequeña y provinciana ciudad de un país musical y económicamente atrasado. Nacido en Bilbao el 27 de enero de 1806, el mismo día pero 50 años después que el genio de Salzburgo, recibió por ello como éste el patronímico del día. Fue el octavo hijo de Juan Simón y de María Rosa Catalina, oriundos de Guernica. Juan Crisóstomo mostró desde pequeño su pasión y precocidad para la música, recibiendo las primeras instrucciones musicales de su padre, comerciante de Bilbao que había sido organista de la iglesia parroquial de Berriatúa.

 

            Se tiene constancia de que Arriaga fue, desde muy joven, un excelente intérprete amateur de violín, recibiendo lecciones de Fausto Sanz, violinista de la basílica de Santiago en la capital bilbaína y participando en las actividades de la Academia Filarmónica de Bilbao. También se sabe que compuso, al menos, desde la edad de once años. Su precocidad interpretativa y compositiva, el patronazgo musical paterno, su innegable talento y pasión musicales y su corta vida, asaeteada por la mala salud y culminada por su temprana muerte causada por la tuberculosis el 17 de enero de 1826, sin llegar por tanto a cumplir los 20 años, han llevado a muchos a considerarlo el “Mozart español”. Para mayores semblanzas, el pasado año -en el que celebramos el 250 aniversario del nacimiento del austriaco- también tuvo lugar, aunque con menor repercusión internacional, el aniversario de los 200 años del nacimiento del bilbaíno, y el disco que hoy se nos ofrece comentar constituye sin lugar a dudas el máximo exponente de la celebración, por su innegable novedad y por su extraordinaria y justificada acogida internacional.

 

            Seguramente porque gran parte de las composiciones de infancia y adolescencia de Juan Crisóstomo no nos han llegado por no haber sido publicadas –nota prácticamente común a casi todas sus creaciones-, su catálogo no es excesivamente extenso, apenas poco más de veinte piezas en total. Pero desde la primera obra de cierta importancia de este periodo –un ensayo de Octeto6 denominado Nada y mucho, para cuarteto de cuerda, contrabajo, trompa, piano y guitarra- denota una enorme precocidad y una ambición musical fuera de lo común. Quizá sus obras más notables de esta época bilbaína sean un Nonetto7 denominado Obertura -su opus 1, dedicado a la Asociación Filarmónica-, dos cuartetos en forma de variaciones para violín y, sobre todo, su ambiciosa ópera de tema morisco Los esclavos felices de la que desgraciadamente sólo se conserva la obertura. Según la leyenda, Los esclavos felices fue estrenada en 1820 en Bilbao con gran éxito8 y proporcionó tal fama al artista adolescente que fue solicitada por el famoso tenor sevillano Manuel García para ser estrenada en el Theâtre Italien de París. En dichas piezas de adolescencia ya se anticipa que su autor sobrepasaba las limitadas capacidades musicales de la sociedad bilbaína de la época: Juan Crisóstomo estaba predestinado a abandonar pronto su patria chica, y a ello coadyuvaron tanto las mayores disponibilidades económicas de la familia como el interés del propio Manuel García, quien movió los hilos en París para que el prometedor músico bilbaíno desarrollase en la ciudad de la luz los estudios musicales que Bilbao no le podía ofrecer.

 

            Así, con apenas quince años, Arriaga se traslada a París para ingresar en la École Royale de Musique et de Déclamation, donde será alumno de armonía y contrapunto de Fétis y luego de violín de Guerin, répétiteur del profesor Baillot. Para facilitar su ingreso portó consigo unos motetes religiosos de su última etapa bilbaína –a los que luego nos referiremos más extensamente- que respondían perfectamente al gusto parisino formado en el Concert Spirituel. Recién incorporado al Conservatorio compondrá la hoy perdida Fuga a ocho voces Et vitam venturi, que mereció el segundo premio del grand prix anual del Conservatorio y que el director Cherubini10 consideró un chef-d’oeuvre.

 

            El progreso del joven músico debió de ser espectacular, porque Fétis, en la semblanza de Arriaga que figura en su Biographie universelle des musiciens, afirma que “menos de tres meses le bastaron para adquirir conocimiento perfecto de la armonía”, de forma que en el año escolar 1823-1824 Arriaga ya pasó a ser répétiteur del propio Fétis en la disciplina de armonía. Fétis añade que “al cabo de dos años no había dificultad en el contrapunto y en la fuga que no venciese como por vía de juego”. Cherubini debió ver en las obras del joven alumno un refuerzo de sus tesis clasicistas, estilísticamente enfrentadas a las del romanticismo que encabezaba el bohemio Antonin Rejcha8, también profesor del Conservatorio en la disciplina de composición, lo que pudo justificar el aparente apadrinamiento que el director le brindó. Sólo así se explica que habiéndose decretado por la policía, con ocasión de la invasión de España por los “Cien mil hijos de San Luis”, la expulsión de todos los ciudadanos españoles residentes en París para forzar el regreso forzoso de los liberales españoles exiliados, el joven Arriaga, que apenas llevaba año y medio en la ciudad, resultase excluído de la repatriación.

 

            En París, Arriaga compagina la composición de piezas religiosas con su ya habitual dedicación a las piezas instrumentales. Las de esta clase compuestas en esta época serán las que, a la postre, constituyan el motivo de su fama hasta la fecha. Se trata de su Sinfonía en Re menor para gran orquesta –su obra más conocida-, de la reelaboración de la obertura para la ópera Los esclavos felices con la nueva denominación de Ouverture Pastourelle –versión actualmente difundida- y, sobre todo, de los Tres cuartetos para cuerda publicados en 1823, de los que Fétis afirmó que “es imposible imaginar nada más original, más elegante, ni escrito con más pureza”, añadiendo que “cada vez que eran ejecutados por su joven autor excitaban la admiración de los que le oían”. Por estas fechas, Arriaga estaba, según Fétis, poseído por “un desir effréné de composer”, y a la vista del tiempo que tenía que dedicar al estudio y a la enseñanza, y a la abundante producción conocida de la etapa, no podemos por menos que darle la razón.

 

Notas

 

1. François Antoine Habeneck (Mézières, 1781-París, 1849), violinista y director de orquesta, discípulo de Baillot, fue el primer director francés que abandonó el bâton de mesure y la utilización del mismo para marcar el ritmo dando golpes en la tarima, de espaldas a la orquesta, sustituyéndolo por la dirección desde el podio, de cara a la orquesta, acompañándola como concertino y dirigiéndola con el arco del violín. Fue el principal difusor de la obra de Beethoven en Francia, llegando a dirigir las ocho primeras sinfonías del de Bonn, primero en el Concert Spirituel y luego en la Société des Concerts del Conservatorio, de la que fue fundador. Fue director de la Ópera de París entre 1821 y 1824.

 

2. Jacques Pierre Joseph Rode (Burdeos,1774-Castillo de Bourbon,1830), precoz violinista francés de gran fama, discípulo de Giovanni Battista Viotti -el más grande violinista de finales del XVIII [Ver MundoClásico 09/06/06]-, solista de la Ópera de París y profesor del Conservatorio desde 1799, solista de violín de la Música del Primer Cónsul desde 1800 y del Zar de Rusia entre 1804 y 1809. Compositor de su instrumento, admirado y conocido especialmente por sus 24 “Caprices”, fue también el creador de 13 conciertos y de otras numerosas piezas para violín. Su obra musicológica más famosa es el “Méthode de violon du Conservatoire” escrito junto con Baillot y Rodolphe Kreutzer y publicado en 1803. Fue el dedicatario de la Sonata para violín y piano en Sol mayor nº 10 de Ludwig van Beethoven.

 

3. Pierre Marie François de Sales Baillot (Passy, 1771-París, 1842), violinista francés, discípulo predilecto de Giovanni Battista Viotti, miembro del Téâtre de Monsieur (l’Opéra-Comique) desde 1791, primer violín de l’Opéra de Paris y profesor de violín en el Conservatorio en las dos primeras décadas del XIX. Además de ser coautor del “Méthode de violon du Conservatoire” con Rode y Kreutzer, se le conoce por su notable “L’art du violon” publicado en 1834.

 

4. Se afirma que el carácter marcadamente religioso de los Concerts Spirituels supuso dar preponderancia en los ensayos a la preparación de las obras sacras, generalmente vocales y corales, frente a las profanas, puramente instrumentales, lo que habitualmente obligó a echar mano, en cuanto a estas últimas, de obras ya conocidas que no requerían dedicación especial, anquilosándose así su repertorio.

 

5. François-Joseph Fétis (Mons, Bélgica 1784-Bruselas, 1871), compositor, pedagogo, musicólogo y crítico musical belga. Su precocidad musical motivó que fuera nombrado organista de la iglesia de Sainte Waudru en Mons a la edad de nueve años. En 1800 marchó a París para completar sus estudios musicales, especializándose a partir de 1806 en estudios histórico-musicológicos. En 1821 es nombrado profesor de armonía del Conservatorio, puesto que desempeñará hasta 1833 en que, tras la creación del Reino en Bélgica, es llamado por el Rey Leopoldo I para ser su Maestro de Capilla y dirigir el nuevo Conservatorio de Bruselas, cargo que mantendrá hasta su muerte. Es más conocido por sus estudios musicológicos (“Biographie universelle des musiciens” editada en 1834, “Histoire universelle de musiquw” editada en, o su “Méthode des méthodes de piano”, escrito con Moscheles y editado en 1837) que por sus composiciones. Pero ha pasado a la historia, sobre todo, por haber sido quizá el crítico musical más influyente de la primera mitad del siglo XIX, como editor y prácticamente único cronista de la Revue Musicale, revista que comenzó su andadura en 1827 y que marcó gustos y tendencias. A pesar de esa innegable influencia, Klára Móricz ha apuntado acertadamente que Fétis fue “enormemente progresista como teórico musical pero casi reaccionario como crítico”, y de hecho muchos de los músicos a los que dio poco realce o criticó abiertamente, como Liszt o Berlioz, han acabado siendo reconocidos como pilares de la historia de la música.

 

6. "Nada y Mucho" nunca fue escrita como octeto por Arriaga. Se arregló para esa formación tan extraña para hacerla coincidir con el conjunto de instrumentistas que aparecen en el dibujo apócrifo de Arriaga que acompañó a la primera edición de la partitura. De hecho, incluso el dibujo está manipulado, pues el título de "Nada y Mucho" que aparece sobre la partitura de uno de los músicos del dibujo está añadido con una tinta distinta. En realidad, "Nada y mucho" es un trío de violines dedicado a Luisa de Torres y Urquijo, la intérprete del instrumento de tecla que aparece en el centro del dibujo.

 

7. La Obertura Opus 1 de 1818 fue publicada por la Comisión Arriaga II en 1928 en un arreglo de José de Arriaga e Ygartua, biznieto de Ramón Prudencio y por lo tanto sobrino biznieto de Juan Crisóstomo, para un conjunto de nueve instrumentos.

 

8. El estreno bilbaíno de "Los Esclavos Felices" es un mito que se ha perpetuado a raíz de una noticia publicada por El Liberal Guipuzcoano poco después de la muerte de Arriaga. En realidad, no existe ninguna prueba de dicha representación.

 

9. Manuel Rodríguez Aguilar, llamado Manuel del Pópulo García (Sevilla, 1775-París, 1832), tenor y compositor español de enorme fama. Su carrera triunfal se inició en el Madrid de la primera década del siglo XIX, hasta que en 1809 decide instalarse primero en París y luego en sucesivas ciudades italianas. En estos años Rossini lo designa para estrenar sus óperas “Otello” y “El barbero de Sevilla”. A partir de1817 vuelve a París como primer tenor del Théâtre Italien, de donde es expulsado en 1823, pasando a Londres. Viajará a Estados Unidos y México, dando a conocer la obra rossiniana, y volviendo finalmente a París para dedicarse a la docencia musical. Creador de la más famosa saga de interpretes de belcanto del siglo XIX integrada, entre otros, por sus hijas las sopranos María de la Felicidad -“La Malibrán”- y Paulina -“La Viardot”-, y por su hijo barítono Manuel Vicente García.

 

10. Maria Luigi Carlo Zenobio Salvatore Cherubini (Florencia, 1760-París, 1842), compositor italiano de inmensa fama en su época, recibió las primeras lecciones de su padre, también músico, estudiando luego en Bolonia y Milán. Desde sus primeras composiciones se decantó por el arte dramático, adscribiéndose a las convenciones de la ópera seria bajo el modelo de Gluck, que nunca llegó a abandonar. En 1787 viajó a Londres y al año siguiente a París, donde se estableció y obtuvo grandes éxitos como “Eliza”, “Lodoïska”, “Médée” o “Les deux journées”. En 1785 fue nombrado Inspecteur del Conservatorio. A partir de 1800 mantuvo una rivalidad musical con Boïeldieu que finalmente se decantó hacia éste en el favor del público, lo que motivó que aceptase una invitación para componer y dirigir una ópera en Viena, que fue estrenada después de que la ciudad fuese ocupada por los franceses. La ópera compuesta para la ocasión, “Faniska”, se recibió con entusiasmo, tanto por el público vienés en general como por Haydn y Beethoven en particular. Es conocida la elogiosa consideración de este último acerca de Cherubini como el más grande compositor de la época. La más famosa anécdota del compositor tuvo lugar precisamente en Schönbrunn durante su estancia en Viena, cuando Napoleón, en el punto álgido de su gloria, le invitó a hacerse cargo de los conciertos de la corte imperial, atreviéndose el compositor a rechazar la invitación con el simple argumento de tener trabajo pendiente. De regreso a París, el fracaso de su “Pygmalion” y, sobre todo, el de “Les Abencérages”, motivó su abandono temporal de la composición. En 1815, con la Restauración, aceptó el cargo de Surintendant de la musique du roi y centró su interés en la composición de música religiosa. Son los años de la creación de los dos “Réquiem” y de las Misas para orquesta y coro. En 1822 aceptó el puesto de director del Conservatorio, dedicándose a la pedagogía y a la redacción de su “Course de contrepoint et de fugue”. Su ópera “Ali Baba”, de 1833, será su canto del cisne.

11. (8) Antonin Rejcha (Praga, 1770 - París, 1836), también conocido como Anton o Antoine Reicha, compositor y profesor de música checo, recibió sus primeras lecciones de flauta y violín de su tío, el también compositor Josef Rejcha, que le apadrinó. Acompañó a su tío cuando éste fue nombrado Kapellmeister del Príncipe elector de Colonia en Bonn, donde ingresa en la orquesta de la corte, trabando amistad con Beethoven, de su misma edad y también miembro de la orquesta. A la muerte de su tío viaja a Viena donde recibe lecciones de Salieri y Albrechtberger. Emigró en 1808 a París donde ingresó como répétiteur en el Conservatorio, sucediendo en 1817, con Boïeldieu y Lesueur, a Méhul como profesor de composición. Como compositor creó música tanto sinfónica como camerística o instrumental, pero fue especialmente reconocido por sus composiciones para conjuntos de viento, destacando su “Musique pour célébrer la Mémoire des Grands Hommes et des Grands Evénements de la Republique Française” y sus quintetos. Fue decidido defensor de la nueva música romántica frente a los admiradores de los modelos clasicistas. Como tratadista profundizó en el estudio de la fuga para darle forma moderna. Su obra más famosa es el “Traité de Haute Composition”.

 


 

 

Los tres Cuartetos de Juan Crisóstomo Arriaga componen prácticamente la mitad de la obra difundida en discos del músico bilbaíno prematuramente fallecido en 1826, poco antes de cumplir los 20 años de edad; lo único que se graba aparte de ellos es su sinfonía y otras obras orquestales, que darían para otro CD, permaneciendo en el olvido el resto de su producción.

 

Todo lo contrario ocurre con estos Cuartetos, publicados dos años antes de la muerte del autor, y que para muchos son su obra maestra, pues han sido grabados a menudo y en la actualidad pueden encontrarse, al menos por tiendas de internet, en torno a la media docena de interpretaciones, aunque la disponibilidad real en el mercado español seguramente es mucho menor.

 

Por ello, siempre es de celebrar el contar con una nueva grabación de esta música, y más cuando sus intérpretes son también españoles, pues todas las grabaciones que circulan de estas obras maestras de la música española están tocadas por extranjeros (una antigua versión del "Cuarteto Clásico de Radio Nacional" no ha pasado a CD, al menos completa).

 

Dentro de la situación de la música en España, que a menudo se ha descrito como "subdesarrollada", los instrumentos de cuerda han ocupado tradicionalmente los últimos lugares: España había dado grandes cantantes, pianistas, incluso directores... pero nunca, en toda su historia, un solo cuarteto de cuerda de renombre internacional. El primero que puede aspirar a ese título es el Cuarteto Casals, fundado hace 6 años por cuatro jóvenes instrumentistas que estudiaron en la Escuela de Música Reina Sofía, y cuyo primer disco es el que aquí se comenta, dedicado precisamente a los cuartetos de Arriaga.

 

 

Lo primero que nos llama la atención del Cuarteto Casals, al escucharle en este disco, es la pureza del sonido que extraen a sus instrumentos: la afinación es absolutamente perfecta, parece imposible conseguir mayor exquisitez, mayor claridad en las distintas voces (apoyados además por una grabación excepcional, hecha en mayo de 2003), ofreciéndonos un sonido que podríamos llamar "afilado", y cuya nitidez se consigue gracias a la escasez de uso del "vibrato", una opción elegida, seguramente, siguiendo criterios historicistas de interpretación, aunque sus instrumentos no sean originales de la época. Los cuartetos tradicionales suelen hacer un mayor uso del "vibrato" (recurso típicamente romántico) con lo cual se puede dar mayor expresividad a lo que se toca, pero también el trazo dibujado es más grueso.

 

Pero la belleza del sonido no lo es todo, debe ser un medio y no un fin en sí mismo, y no hay que perder de vista que lo más importante es expresar unas ideas, darle a las obras coherencia como un conjunto. Y es aquí donde, si nos ponemos exigentes, sí se le podría poner un pequeño reparo al joven cuarteto. En algunos movimientos, la belleza sonora se une a un concepto muy acertado: así, lo mejor son los segundos movimientos de cada cuarteto, los más lentos, donde la exquisitez sonora del Casals, que nos recuerda a ese refinamiento tan típicamente "vienés", les queda como anillo al dedo: podría destacarse el Andante del Cuarteto nº 2, con sus Variaciones sobre la canción de cuna "Ah vous dirai-je, maman". Sin embargo, en otros movimientos (sobre todo los finales de cada cuarteto) la velocidad a la que está tocado todo parece excesiva, se corre el riesgo de trivializar la música; así, el movimiento final del Cuarteto nº 1 acaba pareciendo "demasiado saltarín", pese a su belleza sonora fuera de toda duda. Recordemos que, precisamente, una de las consecuencias de utilizar criterios historicistas (e instrumentos de época, cuando corresponda) es que el tempo suele ser más veloz porque cuesta mantener el sonido tanto tiempo como en unas interpretaciones de línea digamos "romántica".

 

Puede ser interesante, a este respecto, el comparar esta grabación con la que quizá sea la que más haya circulado en España, ya que está realizada por un sello español (Ensayo); aunque no por intérpretes españoles, sino por el Cuarteto Rasumowsky, compuesto por cuatro músicos británicos cuyo primer violín era Simon Standage, luego tan famoso como violinista "barroco" con instrumento de época, pero que aquí (1976) aún tocaba un violín moderno, y con "vibrato" harto mayor que el de la grabación comentada del Casals. El Rasumowsky, en comparación, tiene un sonido mucho más "de trazo grueso", sin el refinamiento del Casals, y en los movimientos lentos puede ser preferible este último; sin embargo, en los rápidos, el Rasumowsky consigue versiones más robustas, donde se logra mejor el equilibrio entre la belleza melódica y el carácter "lúdico" que suele ser propio de toda composición instrumental del Clasicismo, sin que asome nunca la intrascendencia ni una trivialidad digamos "rossiniana".

 

Sirvan estas observaciones como un reparo puesto a muy alto nivel, suponiendo que las carreras de estos jóvenes artistas aún deben seguir evolucionando y mejorando con el tiempo (habrá que seguirles la pista), y sin que impidan la recomendación de un disco enormemente disfrutable. Como una rareza a destacar positivamente, los comentarios del disco vienen también en español.

 

 

REFERENCIA:

 

ARRIAGA: Cuartetos.

Cuarteto Casals (Vera Martínez Mehner, violín ; Abel Tomas Realp, violín; Jonathan Brown, viola; Arnau Tomas Realp, violonchelo).

Harmonia Mundi HMI 987038