Juan Crisóstomo de ARRIAGA
Juan Crisóstomo Jacobo Antonio de Arriaga y Balzola
Nacido en Bilbao el 27
de enero de 1806. Alli su padre, Juan Simon de Arriaga, organista en Berriatua, le enseñó los fundamentos de la música. Su
talento le lleva a convertirse en alumno de Faustino Sanz, renombrado violinista.
A los 11 años ya compone
y representa obras en las sociedades musicales de Bilbao, hasta el punto de que
con posterioridad recibió el calificativo de "Mozart
Español".
A los 15 años su padre
decide que continúe su formación en el Conservatorio de París, donde estudia
violín con Pierre Baillot, armonía
con François-Joseph Fétis y contrapunto con Luigi Cherubini. En dicho convervatorio fue nombrado profesor auxiliar de Fetís en 1824. Murió en París con 19 años, al parecer de
una enfermedad pulmonar.
Su obra, de la cual sólo
se habían editado los cuartetos, cayó en el olvido hasta que a finales del siglo XIX,
dentro del movimiento del nacionalismo musical español, se convirtió en un mito
más por su inmenso potencial que por sus obras terminadas. En su nativa Bilbao se construyó
un teatro con su nombre y se levantó un monumento en su honor. Su música no
está muy caracterizada como española y más bien se la puede relacionar con Haydn
y con el primer Beethoven. Tras su muerte, con
algunos informes de Fétis como único material
biográfico confiable, la historia de la vida de Arriaga
fue mitificada y se le quisieron encontrar semejanzas con Mozart,
tales como que nació exactamente 50 años después y llevó el mismo nombre (Juan
Crisóstomo, como Johannes Chrysostomus
Wolfgangus), aunque la coincidencia no es extraña, ya
que por esa época se solía bautizar a los niños con el nombre del santo del día
de su nacimiento y la festividad de San Juan Crisóstomo se celebraba el 27 de
enero. También se le encontró una pareja precocidad, pues tocaba el violín a
los 3 años y compuso su primera ópera a los 13.
Falleció
sin llegar a cumplir los veinte años el 17 de enero de 1826).
Obra
Pocas son las obras musicales
de Arriaga que han sobrevivido hasta hoy, pero a
pesar de su prematura muerte entre ellas se incluye la obertura de su ópera en
dos actos Los esclavos felices, cuyo libreto escribió el célebre
dramaturgo Luciano Francisco Comella.
Aunque se compuso entera, es todo lo que ha quedado de ella. Compuso además una
Sinfonía en Re en la cual las tonalidades de Re mayor y de re menor se
alternan tan equilibradamente, que no se la puede considerar ni en una ni en
otra y, como únicas obras publicadas en vida, tres cuartetos de cuerda.
Obra religiosa
Obra instrumental
(por Joaquim Zueras Navarro)
ISBN 84-88196-58-2

Debemos agradecer a algunos
biógrafos el hecho de haber mantenido en sus investigaciones una tenacidad a
toda prueba. Reunir datos sobre una vida tan corta como la de Juan Crisóstomo Arriaga (1806-1826) requiere una paciencia digna de
encomio, pues todo parece haberse confabulado para que de este compositor nos
llegaran los mínimos datos posibles: Un padre que, quizás abatido por la muerte
de su hijo, no mostró interés por ordenar los papeles, cartas y partituras,
baúles que acabaron sirviendo de alimento para las ratas, panegíricos como el
del musicólogo belga François Joseph Fétis, profesor de Arriaga en el
conservatorio de París, que tienen más de elogiosos que de rigurosos, etc. Así
pues, tal como confiesa Rodamiláns en su Introducción, bajo el título En busca
de Arriaga, no sólo pretende ofrecernos un boceto
biográfico del compositor, sino también relatar los problemas e interrogantes
con los que ha tropezado, lo cual convierte el libro en doblemente interesante.
La primera parte trata de la vida de Arriaga
en Bilbao (1806-1821) y se abre con el árbol genealógico, en el que destacan
algunos clérigos y escritores de cierta relevancia. El padre, Juan Simón de Arriaga, demostró aptitudes musicales según se desprende de
su trabajo como órganista de la iglesia de Barriatúa cuando sólo contaba diecisite
años, más tarde se dedicó a los negocios e incluso fue escribano, por lo que se
trasladó de Rigoitia (Vizcaya) a Bilbao. Su
boda en
En 1805, perdieron
al hijo menor cuando Rosa estaba ocho meses en cinta de Juan Crisóstomo. Los
primeros años de Arriaga hijo trancurrieron
en medio de la guerra con Francia, que tanto empobreció a los españoles. Por
eso sorprende que Juan Simón prosperara en sus negocios, llegando a ser el propietario
de dos embarcaciones de pequeño porte. ¿Cuándo empezó Arriaga
su educación musical? ¿Fue autodidacta como insinúa Fétis?
¿Recibió alguna formación de su padre? ¿Le impartió clases de violín un tenor bilbaino llamado Fausto Sanz?.
Pese a que la vida musical en Bilbao era muy limitada, es probable que
asistiera a conciertos dados en algunos salones y que él mismo tocara el violín
con habilidad. En el libro hay un dibujo a pluma de Arriaga
de uno de esos salones, que hizo a los once años y que tanto gustaba a Manuel
de Falla. En 1817 compuso un octeto al que quizás alguien tituló Nada y mucho,
que fue bien recibido por el talento precoz del músico y por su capacidad para
crear y desarrollar ingeniosas ideas musicales. Al año siguiente compuso un “Nonetto” al que dio el número 1 de opus,
por lo que tal vez menospreció sus pequeñas creaciones anteriores.
En el capítulo cuarto el autor se
adentra en la ópera Los esclavos felices y apunta nuevas incógnitas, como la de
si llegó a representarse en Bilbao. Olvidada la partitura en un desván, muy
deteriorada por la humedad y las ratas, sólo se conservó la obertura y algunos
pequeños fragmentos que Juan de Erase intentó
reconstruir. Siendo una obertura espontánea y atractiva, que de nuevo refleja
la capacidad creadora y el asombroso sentido contrapuntístico
de un adolescente de trece años, ¿cómo sería el resto? Queda siempre la
esperanza de que un día aparezca alguna copia del original.
¿Y qué sabemos de
su carácter, gustos, ideas, costumbres y vida cotidiana? Su padre ya estaba
resuelto a enviarlo al conservatorio de París, aunque consultó a otros músicos
en los que confiaba. Así, Juan Crisóstomo Arriaga
compuso y envió un Tema Variado que fue enviado a Francesco
Vaccai, músico de
La segunda parte es la de su estancia en París (1821-1826), por
entonces ciudad de contrastes, cosmopolítica y
sofisticada, pero con un alto índice de criminalidad. No nos han llegado
noticias de su viaje ni de su acomodo. Parece que fue presentado al
Conservatorio por el compositor y tenor sevillano Manuel García y por el cónsul
de España, solicitando cursar las clases de armonía y contrapunto a cargo del
prestigioso Fétis. El libro relata muy bien las
tendencias conservadoras del Conservatorio durante aquellos años. ¿Además de la
austera asignación bimensual paterna, recibió alguna ayuda económica? ¿Obtuvo
algún trabajo remunerado? ¿Trabó amistad con el catalán Fernando Sor? ¿Acudió a
alguna de las célebres veladas de Rossini?
En 1823 es nombrado
“repetiteur” del Conservatorio. Un puesto más
importante que el de auxiliar de cátedra de las universidades españolas,
responsable de la clase durante todo el curso, pero sin sueldo; algo que hoy se
me antoja una rareza. Sobre los tres excelentes Cuartetos publicados en París
en 1824, cuando Arriaga había cumplido dieciocho
años, el libro cita los interrogantes de José Antonio Gómez y su
conclusión al respecto: “Puesto que ni Ph. Petit ni ninguna otra editorial de entonces se
caracterizaban precisamente por divulgar o apostar sin más por la obra de
jóvenes promesas –que en París las hubo siempre por docenas- es obvio que
alguien debió pagar toda o parte de la edición de los Cuartetos de Arriaga”. En cuanto a su Sinfonía en Re, Enrique
Franco ha escrito: “desde el punto de vista histórico,
Son también importantes sus obras vocales compuestas en París. Ha desaparecido un Salve Regina, una misa a cuatro voces y una imponente fuga a ocho voces sobre las palabras del Credo “Et vitam venturi”, obra que impactó a Cherubini, director del Conservatorio. Arriaga debió de prestar esas obras a algunas parroquias y ya no sabemos más. Otras obras basan su temática en la mitología, en episodios del Antiguo Testamento o en argumentos relacionados con el Oriente Medio, siguiendo los gustos de la época. ¿Cuántas pueden haberse perdido?. Medea señala la apertura de Arriaga en el romanticismo, tanto por la elección del poema como por el amplio uso de la tonalidad.
La leyenda romántica describe los
últimos meses del joven Arriaga como los de un ser atormentado
por el trabajo en el Conservatorio y un deseo irrefrenable por componer,
actividades que le conducirían a una muerte por extenuación. Sin embargo,
parece que una tuberculosis fulminante, a la que tal vez ningún medicó
atendió, fue el motivo de su fallecimiento.
El libro, encuadernado con mimo y
con interesantes ilustraciones, añade un índice de composiciones muy útil y una
extensa bibliografía.

Juan Crisóstomo Arriaga y su época
por Federico
Calabuig Alcalá del Olmo
En este París de ambiente
musicalmente efervescente aterriza en septiembre de 1821 Juan Crisóstomo Jacobo
Antonio de Arriaga y Balzola,
un jovencísimo y prometedor músico de apenas quince años que procede de una
pequeña y provinciana ciudad de un país musical y económicamente atrasado.
Nacido en Bilbao el 27 de enero de 1806, el mismo día pero 50 años después que
el genio de Salzburgo, recibió por ello como éste el patronímico del día. Fue
el octavo hijo de Juan Simón y de María Rosa Catalina, oriundos de Guernica. Juan Crisóstomo mostró desde pequeño su pasión y
precocidad para la música, recibiendo las primeras instrucciones musicales de
su padre, comerciante de Bilbao que había sido organista de la iglesia
parroquial de Berriatúa.
Se tiene constancia de que Arriaga fue, desde muy joven, un excelente intérprete
amateur de violín, recibiendo lecciones de Fausto Sanz, violinista de la
basílica de Santiago en la capital bilbaína y participando en las actividades
de
Seguramente porque gran parte de las
composiciones de infancia y adolescencia de Juan Crisóstomo no nos han llegado
por no haber sido publicadas –nota prácticamente común a casi todas sus
creaciones-, su catálogo no es excesivamente extenso, apenas poco más de veinte
piezas en total. Pero desde la primera obra de cierta importancia de este
periodo –un ensayo de Octeto6 denominado Nada y mucho, para cuarteto de cuerda,
contrabajo, trompa, piano y guitarra- denota una enorme precocidad y una
ambición musical fuera de lo común. Quizá sus obras más notables de esta época
bilbaína sean un Nonetto7 denominado Obertura -su opus
1, dedicado a
Así, con apenas quince años, Arriaga se traslada a París para ingresar en la École Royale de Musique et de Déclamation, donde será alumno de armonía y contrapunto de Fétis y luego de violín de Guerin,
répétiteur del profesor Baillot.
Para facilitar su ingreso portó consigo unos motetes religiosos de su última
etapa bilbaína –a los que luego nos referiremos más extensamente- que
respondían perfectamente al gusto parisino formado en el Concert
Spirituel. Recién incorporado al Conservatorio
compondrá la hoy perdida Fuga a ocho voces Et vitam venturi, que mereció el segundo premio del grand prix anual del
Conservatorio y que el director Cherubini10 consideró un chef-d’oeuvre.
El progreso del joven músico debió
de ser espectacular, porque Fétis, en la semblanza de
Arriaga que figura en su Biographie
universelle des musiciens,
afirma que “menos de tres meses le bastaron para adquirir conocimiento perfecto
de la armonía”, de forma que en el año escolar 1823-1824 Arriaga
ya pasó a ser répétiteur del propio Fétis en la disciplina de armonía. Fétis
añade que “al cabo de dos años no había dificultad en el contrapunto y en la
fuga que no venciese como por vía de juego”. Cherubini
debió ver en las obras del joven alumno un refuerzo de sus tesis clasicistas,
estilísticamente enfrentadas a las del romanticismo que encabezaba el bohemio Antonin Rejcha8, también profesor del Conservatorio en la
disciplina de composición, lo que pudo justificar el aparente apadrinamiento
que el director le brindó. Sólo así se explica que habiéndose decretado por la
policía, con ocasión de la invasión de España por los “Cien mil hijos de San Luis”, la expulsión de todos los ciudadanos españoles
residentes en París para forzar el regreso forzoso de los liberales españoles
exiliados, el joven Arriaga, que apenas llevaba año y
medio en la ciudad, resultase excluído de la
repatriación.
En París, Arriaga
compagina la composición de piezas religiosas con su ya habitual dedicación a
las piezas instrumentales. Las de esta clase compuestas en esta época serán las
que, a la postre, constituyan el motivo de su fama hasta la fecha. Se trata de
su Sinfonía en Re menor para gran orquesta –su obra más conocida-, de la
reelaboración de la obertura para la ópera Los esclavos felices con la nueva
denominación de Ouverture Pastourelle
–versión actualmente difundida- y, sobre todo, de los Tres cuartetos para
cuerda publicados en 1823, de los que Fétis afirmó
que “es imposible imaginar nada más original, más elegante, ni escrito con más
pureza”, añadiendo que “cada vez que eran ejecutados por su joven autor
excitaban la admiración de los que le oían”. Por estas fechas, Arriaga estaba, según Fétis, poseído
por “un desir effréné de composer”, y a la vista del tiempo que tenía que dedicar al
estudio y a la enseñanza, y a la abundante producción conocida de la etapa, no
podemos por menos que darle la razón.
Notas
1. François Antoine Habeneck (Mézières, 1781-París,
1849), violinista y director de orquesta, discípulo de Baillot,
fue el primer director francés que abandonó el bâton
de mesure y la utilización del mismo para marcar el ritmo dando golpes en la
tarima, de espaldas a la orquesta, sustituyéndolo por la dirección desde el
podio, de cara a la orquesta, acompañándola como concertino y dirigiéndola con
el arco del violín. Fue el principal difusor de la obra de Beethoven
en Francia, llegando a dirigir las ocho primeras sinfonías del de Bonn, primero en el Concert Spirituel y luego en
2. Jacques Pierre
Joseph Rode (Burdeos,1774-Castillo
de Bourbon,1830), precoz violinista francés de gran
fama, discípulo de Giovanni Battista Viotti -el más grande violinista de finales del XVIII [Ver MundoClásico 09/06/06]-, solista de la Ópera de París y
profesor del Conservatorio desde 1799, solista de violín de
3. Pierre Marie François de Sales Baillot (Passy, 1771-París, 1842), violinista francés, discípulo
predilecto de Giovanni Battista Viotti,
miembro del Téâtre de Monsieur (l’Opéra-Comique) desde 1791, primer violín de l’Opéra
de Paris y profesor de violín en el Conservatorio en las dos primeras décadas
del XIX. Además de ser coautor del “Méthode de violon du Conservatoire”
con Rode y Kreutzer, se le
conoce por su notable “L’art du
violon” publicado en 1834.
4. Se afirma que el
carácter marcadamente religioso de los Concerts Spirituels supuso dar preponderancia en los ensayos a la
preparación de las obras sacras, generalmente vocales y corales, frente a las
profanas, puramente instrumentales, lo que habitualmente obligó a echar mano,
en cuanto a estas últimas, de obras ya conocidas que no requerían dedicación
especial, anquilosándose así su repertorio.
5. François-Joseph Fétis (Mons, Bélgica 1784-Bruselas, 1871), compositor, pedagogo,
musicólogo y crítico musical belga. Su precocidad musical motivó que fuera
nombrado organista de la iglesia de Sainte Waudru en Mons a la edad de nueve años. En 1800 marchó a París para
completar sus estudios musicales, especializándose a partir de 1806 en estudios
histórico-musicológicos. En 1821 es nombrado profesor
de armonía del Conservatorio, puesto que desempeñará hasta 1833 en que, tras la
creación del Reino en Bélgica, es llamado por el Rey Leopoldo I para ser su
Maestro de Capilla y dirigir el nuevo Conservatorio de Bruselas, cargo que
mantendrá hasta su muerte. Es más conocido por sus estudios musicológicos
(“Biographie universelle
des musiciens” editada en 1834, “Histoire
universelle de musiquw”
editada en, o su “Méthode des méthodes
de piano”, escrito con Moscheles y editado en 1837)
que por sus composiciones. Pero ha pasado a la historia, sobre todo, por haber
sido quizá el crítico musical más influyente de la primera mitad del siglo XIX,
como editor y prácticamente único cronista de
6. "Nada y
Mucho" nunca fue escrita como octeto por Arriaga.
Se arregló para esa formación tan extraña para hacerla coincidir con el
conjunto de instrumentistas que aparecen en el dibujo apócrifo de Arriaga que acompañó a la primera edición de la partitura.
De hecho, incluso el dibujo está manipulado, pues el título de "Nada y
Mucho" que aparece sobre la partitura de uno de los músicos del dibujo
está añadido con una tinta distinta. En realidad, "Nada y mucho" es
un trío de violines dedicado a Luisa de Torres y Urquijo,
la intérprete del instrumento de tecla que aparece en el centro del dibujo.
7.
8. El estreno
bilbaíno de "Los Esclavos Felices" es un mito que se ha perpetuado a
raíz de una noticia publicada por El Liberal Guipuzcoano poco después de la
muerte de Arriaga. En realidad, no existe ninguna
prueba de dicha representación.
9. Manuel Rodríguez
Aguilar, llamado Manuel del Pópulo García (Sevilla, 1775-París, 1832), tenor y
compositor español de enorme fama. Su carrera triunfal se inició en el Madrid
de la primera década del siglo XIX, hasta que en 1809 decide instalarse primero
en París y luego en sucesivas ciudades italianas. En estos años Rossini lo designa para estrenar sus óperas “Otello” y “El barbero de Sevilla”. A partir de1817 vuelve a
París como primer tenor del Théâtre Italien, de donde es expulsado en 1823, pasando a Londres.
Viajará a Estados Unidos y México, dando a conocer la obra rossiniana,
y volviendo finalmente a París para dedicarse a la docencia musical. Creador de
la más famosa saga de interpretes de belcanto del
siglo XIX integrada, entre otros, por sus hijas las sopranos María de
10. Maria Luigi Carlo Zenobio
Salvatore Cherubini
(Florencia, 1760-París, 1842), compositor italiano de inmensa fama en su época,
recibió las primeras lecciones de su padre, también músico, estudiando luego en
Bolonia y Milán. Desde sus primeras composiciones se decantó por el arte dramático,
adscribiéndose a las convenciones de la ópera seria bajo el modelo de Gluck, que nunca llegó a abandonar. En 1787 viajó a Londres
y al año siguiente a París, donde se estableció y obtuvo grandes éxitos como “Eliza”, “Lodoïska”, “Médée” o “Les deux journées”. En 1785 fue nombrado Inspecteur
del Conservatorio. A partir de 1800 mantuvo una rivalidad musical con Boïeldieu que finalmente se decantó hacia éste en el favor
del público, lo que motivó que aceptase una invitación para componer y dirigir
una ópera en Viena, que fue estrenada después de que la ciudad fuese ocupada
por los franceses. La ópera compuesta para la ocasión, “Faniska”,
se recibió con entusiasmo, tanto por el público vienés en general como por Haydn y Beethoven en particular.
Es conocida la elogiosa consideración de este último acerca de Cherubini como el más grande compositor de la época. La más
famosa anécdota del compositor tuvo lugar precisamente en Schönbrunn
durante su estancia en Viena, cuando Napoleón, en el punto álgido de su gloria,
le invitó a hacerse cargo de los conciertos de la corte imperial, atreviéndose
el compositor a rechazar la invitación con el simple argumento de tener trabajo
pendiente. De regreso a París, el fracaso de su “Pygmalion”
y, sobre todo, el de “Les Abencérages”, motivó su
abandono temporal de la composición. En 1815, con
11. (8) Antonin Rejcha (Praga, 1770 -
París, 1836), también conocido como Anton o Antoine Reicha, compositor y
profesor de música checo, recibió sus primeras lecciones de flauta y violín de
su tío, el también compositor Josef Rejcha, que le apadrinó. Acompañó a su tío cuando éste fue
nombrado Kapellmeister del Príncipe elector de
Colonia en Bonn, donde ingresa en la orquesta de la
corte, trabando amistad con Beethoven, de su misma
edad y también miembro de la orquesta. A la muerte de su tío viaja a Viena
donde recibe lecciones de Salieri y Albrechtberger. Emigró en

Los tres Cuartetos de Juan Crisóstomo Arriaga componen prácticamente la mitad de la obra difundida en discos del músico bilbaíno prematuramente fallecido en 1826, poco antes de cumplir los 20 años de edad; lo único que se graba aparte de ellos es su sinfonía y otras obras orquestales, que darían para otro CD, permaneciendo en el olvido el resto de su producción.
Todo lo contrario ocurre con estos Cuartetos, publicados dos años antes de la muerte del autor, y que para muchos son su obra maestra, pues han sido grabados a menudo y en la actualidad pueden encontrarse, al menos por tiendas de internet, en torno a la media docena de interpretaciones, aunque la disponibilidad real en el mercado español seguramente es mucho menor.
Por ello, siempre es de celebrar el contar con una nueva grabación de esta música, y más cuando sus intérpretes son también españoles, pues todas las grabaciones que circulan de estas obras maestras de la música española están tocadas por extranjeros (una antigua versión del "Cuarteto Clásico de Radio Nacional" no ha pasado a CD, al menos completa).
Dentro
de la situación de la música en España, que a menudo se ha descrito como
"subdesarrollada", los instrumentos de cuerda han ocupado
tradicionalmente los últimos lugares: España había dado grandes cantantes,
pianistas, incluso directores... pero nunca, en toda su historia, un solo
cuarteto de cuerda de renombre internacional. El primero que puede aspirar a
ese título es el Cuarteto Casals, fundado hace 6 años
por cuatro jóvenes instrumentistas que estudiaron en
Lo primero que nos llama la atención del Cuarteto Casals, al escucharle en este disco, es la pureza del sonido que extraen a sus instrumentos: la afinación es absolutamente perfecta, parece imposible conseguir mayor exquisitez, mayor claridad en las distintas voces (apoyados además por una grabación excepcional, hecha en mayo de 2003), ofreciéndonos un sonido que podríamos llamar "afilado", y cuya nitidez se consigue gracias a la escasez de uso del "vibrato", una opción elegida, seguramente, siguiendo criterios historicistas de interpretación, aunque sus instrumentos no sean originales de la época. Los cuartetos tradicionales suelen hacer un mayor uso del "vibrato" (recurso típicamente romántico) con lo cual se puede dar mayor expresividad a lo que se toca, pero también el trazo dibujado es más grueso.
Pero la belleza del sonido no lo es todo, debe ser un medio y no un fin en sí mismo, y no hay que perder de vista que lo más importante es expresar unas ideas, darle a las obras coherencia como un conjunto. Y es aquí donde, si nos ponemos exigentes, sí se le podría poner un pequeño reparo al joven cuarteto. En algunos movimientos, la belleza sonora se une a un concepto muy acertado: así, lo mejor son los segundos movimientos de cada cuarteto, los más lentos, donde la exquisitez sonora del Casals, que nos recuerda a ese refinamiento tan típicamente "vienés", les queda como anillo al dedo: podría destacarse el Andante del Cuarteto nº 2, con sus Variaciones sobre la canción de cuna "Ah vous dirai-je, maman". Sin embargo, en otros movimientos (sobre todo los finales de cada cuarteto) la velocidad a la que está tocado todo parece excesiva, se corre el riesgo de trivializar la música; así, el movimiento final del Cuarteto nº 1 acaba pareciendo "demasiado saltarín", pese a su belleza sonora fuera de toda duda. Recordemos que, precisamente, una de las consecuencias de utilizar criterios historicistas (e instrumentos de época, cuando corresponda) es que el tempo suele ser más veloz porque cuesta mantener el sonido tanto tiempo como en unas interpretaciones de línea digamos "romántica".
Puede ser interesante, a este respecto, el comparar esta grabación con la que quizá sea la que más haya circulado en España, ya que está realizada por un sello español (Ensayo); aunque no por intérpretes españoles, sino por el Cuarteto Rasumowsky, compuesto por cuatro músicos británicos cuyo primer violín era Simon Standage, luego tan famoso como violinista "barroco" con instrumento de época, pero que aquí (1976) aún tocaba un violín moderno, y con "vibrato" harto mayor que el de la grabación comentada del Casals. El Rasumowsky, en comparación, tiene un sonido mucho más "de trazo grueso", sin el refinamiento del Casals, y en los movimientos lentos puede ser preferible este último; sin embargo, en los rápidos, el Rasumowsky consigue versiones más robustas, donde se logra mejor el equilibrio entre la belleza melódica y el carácter "lúdico" que suele ser propio de toda composición instrumental del Clasicismo, sin que asome nunca la intrascendencia ni una trivialidad digamos "rossiniana".
Sirvan estas observaciones como un reparo puesto a muy alto nivel, suponiendo que las carreras de estos jóvenes artistas aún deben seguir evolucionando y mejorando con el tiempo (habrá que seguirles la pista), y sin que impidan la recomendación de un disco enormemente disfrutable. Como una rareza a destacar positivamente, los comentarios del disco vienen también en español.
REFERENCIA:
ARRIAGA: Cuartetos.
Cuarteto Casals (Vera Martínez Mehner, violín ; Abel Tomas Realp, violín; Jonathan Brown, viola; Arnau Tomas Realp, violonchelo).
Harmonia Mundi HMI 987038