
Jaime Gil de Biedma
Jaime Gil de Biedma y Alba (n. Barcelona, 13
de noviembre de 1929 - † Barcelona, 8 de enero de 1990) fue un poeta español,
uno de los autores más importantes de
Biografía
Nacido
en 1929 el seno de una familia de la alta burguesía castellana, su padre se
trasladó a Barcelona para trabajar en
Gil de Biedma estudió Derecho en Barcelona y en Salamanca, donde obtuvo la licenciatura en dicha materia. Su poesía evoluciona desde los primeros poemas intimistas de Las afueras al compromiso social de Compañeros de viaje. Al mismo tiempo es una poesía que evita constantemente el surrealismo y busca la contemporaneidad y la racionalidad a toda costa a través de un lenguaje coloquial, si bien desnudo de toda referencia innecesaria. Verdadero exponente de lo que se suele denominar una doble vida, Biedma desarrolla actividades empresariales (su padre le introdujo en el negocio tabaquero familiar) y al mismo tiempo coquetea intelectualmente con el marxismo y su vida interior queda por completo marcada por su condición de homosexual, circunstancia que, en el seno de su profundo pesimismo, le va a llevar a vivir al límite toda una serie de experiencias íntimas autodestructivas.
Si
bien hasta entonces había sido un gran lector de poesía francesa, en particular
de Charles Baudelaire, en 1953 se trasladó a vivir a
Oxford, lo que le puso en contacto con la poesía anglosajona del momento, hecho
que ejercería la influencia más determinante en su obra posterior. A partir de
1955 trabaja en la empresa de tabacos de su familia. En 1959 publica Compañeros
de viaje, que juntamente con Moralidades (1966) integra la parte más social de
su poesía, con piezas llenas de denuncia política en las que evoca la
hipocresía burguesa, la miseria que presidía el sistema capitalista, la
opresión del pueblo por
En 1965 aparece A favor de Venus, una colección de poemas de amor impregnados de erotismo, y en 1968, por último, publica Poemas póstumos. A partir de entonces Biedma publicará diversos poemas en revistas literarias, así como unas memorias: Diario de un artista seriamente enfermo.
En 1974, Biedma padeció una crisis que le lleva a dejar la vida literaria y se recluye en un férreo Nihilismo. El determinismo de una sociedad incapaz de cambiar su historia y el conformismo y desencanto que impregna el mundo intelectual de izquierdas después de la transición a la democracia le abocaron a la desesperación. Fracasaron sus esfuerzos por sobrevivir a la apatía del conformismo burgués del que no aconsejaba escapar. Esta crisis es fácilmente visible en su evolución literaria. El desasosiego burgués que en un principio le lleva a abogar incluso, en alguno de sus poemas, por un cambio social, un relevo de clases que transforme las estructuras de poder y acabe con el sistema capitalista, acaba produciendo en él una actitud nihilista. La idea determinista de la incapacidad del pueblo español para cambiar su historia, del conformismo que tras la transición impregna a todos los sectores de la sociedad le hace perder sus esperanzas. De una actitud quizá más relacionada con el existencialismo de Sartre, en quien unos ven ociosidad burguesa y otros (como Kosik) ven las ideas de la revolución impregnadas de romanticismo, Gil de Biedma pasa a la desesperación más completa. Así, el paso del "nosotros" al "yo" en su obra le lleva a cuestionarse su propia vida, su capacidad de sobrevivir a la apatía del conformismo burgués del que tanto había huido y en el que acaba cayendo de bruces. Todo ello le lleva a abandonar prácticamente su producción literaria hasta su muerte por sida el 8 enero de 1990, al lado de su último compañero, el actor Josep Madern. Sus restos fueron incinerados.
Miembro
destacado de la llamada Escuela de Barcelona, se relacionó con sus componentes
Gabriel Ferrater, Carlos Barral, seguramente el más
sólido de ellos, y Juan Marsé, que no es
estrictamente de esta generación, y se carteó con uno de sus modelos, el poeta de

biografía en catalán
Jaime Gil de Biedma
(Barcelona, 1929-1990) és el poeta més venerat de la generació del 50. Jaime Gil de Biedma neix
a Barcelona en 1929 en el si d'una família acomodada. La seva poesia, de gran contingut social,
va desembocant en un pessimisme
que comença per ser
existencialista i acaba en el més profund
dels nihilismes. Alt càrrec de

Obras
Según sentencia del tiempo (1953).
Compañeros de viaje (Barcelona: Joaquín Horta, 1959).
Moralidades (1966)
Poemas póstumos (1968)
Diario del artista seriamente enfermo (1974), memorias.
El pie de la letra: Ensayos 1955-1979 (1980), Crítica, Barcelona
Las personas del verbo (1982), Seix Barral, Barcelona
D o c u m e n t a
c i ó n

Artículo publicado en “
La caja de Pandora
Los
poetas de
Artículo publicado en “El País” por Rosa Mora el 07/11/04
La vida atormentada de Gil de Biedma
Ejecutivo de día y explorador de los bajos fondos de noche, Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) vivió, como él decía, "una esquizofrenia controlada", que a menudo se descontroló en una carrera hacía el abismo. Fue, es, uno de los mejores poetas de la generación de los cincuenta. De producción escasa, pero de una intensidad y cuidado formal extraordinarios, abrió el camino de la actual poesía de la experiencia. Han tenido que pasar casi 15 años de su muerte para que aparezca la primera gran biografía: Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta, de Miguel Dalmau. El biógrafo desvela el secreto que marcó su vida y pone de manifiesto que su poesía fue, sobre todo, autobiográfica. Tenía una poderosa inteligencia, era seductor, elegante con un toque anglosajón, buen conversador, de enorme cultura, prodigiosa memoria, era brillante, tenía sensibilidad y ternura, dominaba idiomas, era cosmopolita y, además, sentía curiosidad por todo. Desarrolló una dialéctica mortífera que llegó a ser leyenda y que, en ocasiones, le convirtió en un enemigo temible. Fustigó hasta la crueldad a cuantos a él se acercaron, sobre todo a los jóvenes poetas que le pedían consejo. Nadie, excepto quizá Ana María Moix y Juan y Joaquina Marsé, escaparon al dardo de su palabra, ni siquiera su muy querido Carlos Barral. Gabriel Ferrater fue su sparring perfecto. Era de sexualidad potente y vigorosa, que, en combinación con el alcohol, le llevó a abismos sin límite y a una carrera hacia la destrucción. Fue, es, sobre todo, uno de los grandes poetas de la generación de los cincuenta, que abrió rutas literarias con apenas 80 o 90 poemas de enorme intensidad y rara perfección formal. Pero tenía un secreto que marcó su vida. Ahora, cuando se cumplen 75 años de su nacimiento -el próximo 13 de noviembre- y casi 15 de su muerte -el 8 de enero de 2005-, aparece Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta, la primera gran biografía del poeta. La publicará Circe y saldrá el 20 de este mes. Su autor es Miguel Dalmau, el mismo que fue finalista del Premio Anagrama de ensayo con Los Goytisolo. Dalmau ha reunido más de cien testimonios, de familiares, amantes y amigos, y más de cincuenta fotografías, en su mayoría inéditas.
Ha sido
una investigación ardua y no exenta de dificultades, pero el resultado es un
libro que nadie de quienes aman la poesía de Gil de Biedma querrá perderse. Dalmau desvela el misterio que rodeó su vida y pone de
manifiesto que su inventado personaje poético es falso. Su poesía es pura
autobiografía. Dalmau reconstruye la figura de Jaime
Gil de Biedma desde tres puntos de vista: su trabajo en
Pregunta. ¿Cómo era en realidad?
Respuesta. Tenía un conflicto brutal consigo mismo. Se odiaba tanto que el odio le desbordaba. El alcohol podía convertirle en un enemigo temible. Jugaba a ser diferentes personajes, el de señorito que se autofustigaba, el de ejecutivo, el de amante...
P. ¿Por qué se odiaba tanto?
R. Tenía su versión oficial: "Me odio a mí mismo porque tengo que envejecer, porque tengo que morir". Yo creo que ese odio parte de un trauma de su infancia que no es otro que el de su despertar al sexo. Sufrió abusos sexuales en la infancia y en la adolescencia por una persona de confianza de su círculo íntimo. Y si en aquel contexto histórico y social el sexo ya era un tabú, el contra natura, como se decía, era doblemente castigado. Su odio nace del sentimiento de culpa.
P. No es ésa la imagen que da en los poemas
en que recuerda su infancia.
R. Blindó sus poemas para que nadie
remotamente dudara de que su infancia había sido inmensamente feliz. Todo eso
del personaje poético que se inventó es mentira. "No soy yo", decía,
"el que habla en los poemas, es un personaje poético". Lo hacía para
tranquilizar a la familia, sobre todo a su madre. Como dice Francisco Rico, su
poesía es "directa y descarnadamente autobiográfica". Jaime Gil de
Biedma nació el 13 de noviembre de 1929 en Barcelona. Su padre era hijo de un
senador conservador, y su madre, de familia liberal -su padre había sido
ministro de diversos Gobiernos antes de la guerra-. Al poeta le pusieron de
nombre Jaime en recuerdo de un hermano que así se llamaba y que murió antes de
que naciera él. Eso no gustó demasiado a Tatón o Jaimito, como le llamaban en casa. Para sus compañeros de
colegio era Croqueta, porque era gordito. Su madre, Luisa Alba, puso todas sus
esperanzas en él, era el elegido que había de recoger la antorcha del abuelo
ministro. Su padre, Luis Gil de Biedma, se conformaba
con menos: quería que entrara en
Pregunta. Gil de Biedma, en castellano y
Gabriel Ferrater en catalán, señalaron el camino de
la poesía de la experiencia.
Respuesta. Gil de Biedma trascendía la anécdota. A diferencia de la actual poesía de la experiencia y sin quitarle valor, sus poemas no fueron circunstanciales, fueron experiencias reposadas como el buen vino con el tiempo. Hay algo muy claro: no le gustaba la poesía homosexual de reivindicación y anecdótica...
P. ¿Qué le interesaba?
R. El mundo de relaciones que se establecen entre dos personas que se aman, el ciclo completo de una relación amorosa.
P. ¿Cómo definiría su poesía?
R. Recoge cinco siglos de la mejor tradición poética española; incorpora la tradición inglesa de los años treinta, como Auden o Eliot; también el acervo popular, elementos de rock y de pop, la canción francesa, la zarzuela... Y a eso se añade un extraordinario conocimiento del idioma.
P. ¿Y la poesía social?
R. Escribió algunos, como Asturias, 1962, que
sobreviven bien. Hubo un cambio radical en los sesenta, con la llegada del
turismo. El paso de
P. "Mi infancia eran recuerdos de una
casa..." o "Yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el
tenis", del poema Infancia y confesiones, recuerdan a Machado y a Alberti.
R. Era un grandísimo lector. Él hubiera odiado la palabra intertextualidad, hubiera preferido "préstamos literarios". Lo asimiló todo, como ya he dicho. Se puede decir que lo que hizo Cortázar con la prosa en español, lo hizo él con la poesía.
P. ¿Por qué dejó de escribir tan pronto?
R. Se han dado muchas explicaciones. Según Juan Goytisolo, no pudo sobrevivir a la abolición de la censura, la suya era una literatura de máscaras. Otros afirman que su ciclo poético se había agotado. Él mismo se destruye en "Contra Jaime Gil de Biedma" y se ve muerto en "Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma". Yo creo que no dejó nada por decir.
P. ¿Cuál era su poema preferido?
R. No volveré a ser joven. "Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante-. Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer, morir, eran tan sólo / las dimensiones del teatro-. Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, / es el único argumento de la obra". La poesía de Gil de Biedma quedará, por encima de todo, para siempre.
Artículo publicado en “
Dialogando con Gil de Biedma
Conversaciones recupera las entrevistas y conversaciones con Jaime Gil de Biedma
(1929-1990) aparecidas en periódicos y revistas de
El prólogo de Pérez Escohotado resulta insuficiente. Habría sido más útil una introducción general sobre el poeta en la línea de la que escribió Carme Riera para la edición de Lumen a Las personas del verbo. Lo que echamos a faltar en la introducción es una visión general del mundo de Gil de Biedma, una “historia” de las entrevistas y de los entrevistadores y un panorama de lo que el libro ofrece en su conjunto, tanto de lo nuevo como de las ideas ya conocidas, es decir, situar los textos en un contexto. No todas las entrevistas tienen la misma calidad, ni en todas el entrevistado muestra el mismo interés.Con los más jóvenes (Leopoldo María Panero o Benjamín Prado) parece impacientarse. Hay narcisismo y complicidad, exhibición de esgrima intelectual y de sensualidad verbal en la conversación con Carlos Barral. Y en ocasiones (con Federico Campbell y, sobre todo, la entrevista con la redacción de la revista “Thesaurus”) una voluntad de ahondar en su obra poética y en sus ideas sobre la poesía.
Por supuesto el orden cronológico crea una especie de “pathos” (del hedonismo de los primeros años al cansancio y al abandono de la poesía en los últimos) y le da una calidad narrativa. El hecho de que se hayan incluido tantas entrevistas (¿todas?: no se nos dice) le da variedad pero al mismo tiempo invita a las repeticiones, que aquí llegan a fatigar. Y alguna responsabilidad tendrán los entrevistadores si muy pocas veces aparece el brillantísimo conversador que fue Gil de Biedma. Brillantísimo y demoledor. La cortesía domina a lo largo del libro. Y es tal vez por cortesía o mojigato pudor que los entrevistadores se limitan a hablar de la sensibilidad homosexual a un nivel literario, centrada en Lorca y Cernuda, o no hurgan en su participación en la polémica antología de Castellet Veinte años de poesía española y la escandalosa eliminación de uno de los poetas más interesantes y prometedores, Alfonso Costafreda, de la que con toda la ligereza del mundo Gil de Biedma se declara responsable directo.
Con todas sus digresiones, repeticiones, cautelas y falta de verdadera dialéctica, Conversaciones resulta un libro ameno y de especial interés para quienes no conozcan la obra de Gil de Biedma. Son importantes muchas puntualizaciones sobre su relación con la lengua castellana, frente a la catalana o la inglesa. “Si yo pudiera elegir, escribiría en catalán o en inglés. El castellano tiene una serie de inconvenientes alarmantes como lengua de poesía”, algo que inevitablemente preocupa a quien a lo largo de las conversaciones se muestra obsesionado por las exigencias de la modernidad y de encontrar una voz moderna a su propia poesía. Se entiende su identificación con Gabriel Ferrater y la celebración de la poesía medieval, de Foix y de la poesía inglesa, muy especialmente de Eliot (“un poeta por el cual siento la más absoluta veneración”) y de Auden (“es el poeta y escritor que más me ha influido”).
Reñido con la caridad
Esta exigencia de modernidad y la necesidad (que comparte, por otro lado, con sus mejores amigos, Barral y Ferrater) de buscar unas lecturas que alimenten el afán renovador explica los elogiosos y lúcidos comentarios a Antonio y Manuel Machado, a Cernuda, a Guillén y hasta a Leopoldo Panero, pero también los comentarios críticos y los comentarios negativos, categóricos, perversos y muy personales a poetas como Pound (“su edad mental es de 15 años”), Juan Ramón Jiménez (“a los poemas de J. R. J. les falta contrastación, están escritos por recetas”, “no le considero un gran poeta”) o Blas de Otero (“este hombre es el varón de dolores, no hace más que llorar por España todos los días”).
Sabemos que la caridad no era una de las cualidades más notorias de Gil de Biedma. También sabemos que de la caridad sale muy poca poesía.
Gil
de Biedma parece haber limitado el espacio de sus preocupaciones para ahondar
en ellas. No le interesa el cine y no hay referencias a la pintura o la música.
Muy pocas a la novela. Las personas del verbo coinciden con las personas
marcadas por el tiempo: el tiempo de la solidaridad, del hedonismo y de la
sensualidad de origen sentimental, y el de la pesimista visión de la naturaleza
humana y del miedo a la vejez y a la muerte que coincide con su pérdida de fe
en la poesía. A estos ramalazos de intensa presencia humana y a las
inteligentes y personalizadas opiniones y reflexiones sobre la poesía hay que
añadir, aquí no del todo visible, el placer por las piruetas de la inteligencia
hechas palabra, “jugando a esas cosas que nos gustan, que es hablar de lo que
nosotros no sabemos”. Para escribir luego de lo hondamente conocido y vivido.

Entrevista con :
Jaime Gil de Biedma
por Harold Alvarado Tenorio
- Usted
desciende de notables familias catalanas y castellanas…
- Bueno,
me parece un poco aburrido hablar de eso. Pero si a los colombianos interesara,
diré que si, que desciendo de una familia de esas llamadas de toda la vida,
gente decente, donde vivir y hablar era parte de una trama para hacer de ambas
una expresión de la cultura. Yo tengo un bisabuelo, que como muchos de sus
paisanos franceses que iban a otras partes y no sabían hacer nada, hacía
trenes; tengo un bisabuelo andaluz, pero nací en Barcelona. Lo cierto es que
más que a mis padres, los recuerdos de mi niñez se remontan a mi nana, que se
llamaba Modesta Madridano. A nosotros nos criaron las
domésticas, que llaman ustedes en América. Mi padre Luís Gil de Biedma y
Becerril era un empresario que trabajaba con grandes consorcios de la época. Le
gustaba la equitación, la velocidad, tenía motos y fabulosos automóviles de
moda. Se había recibido de abogado en Madrid, tocaba al piano y cantaba piezas
de jazz. Estuvo un tiempo durante la guerra colonial en Marruecos pero luego
regresó a Madrid y abrió una casa en Segovia, en
- Y su
madre….
- Mi
madre era de Valladolid, y estudió en Inglaterra. María Luisa Alba volvió a
España tras el fin de la guerra del catorce, era una mujer progresista, y mas
que española era inglesa. No creo que eso tenga mucho interés a la hora de
hablar de literatura… Pero quizás le guste enterarse que mi abuelo Santiago
Alba y Bonifaz fue periodista, diputado en Cortes y gobernador de Madrid,
además de ministro de Marina, de Hacienda, Gobernación, etc. Primo de Rivera lo
obligó al exilio, luego regresó cuando la república y Niceto Alcalá Zamora le
confió la formación de un nuevo gobierno, con el asesinato de Calvo Sotelo abandonó otra vez el país…
- Me
dice que la guerra civil la pasó en un pueblo cerca de Segovia…
- Si,
Durante
la guerra no hice otra cosa que leer y disfrutar de los paisajes. La guerra me
permitió aprender a leer, aprender a releer, a pensar sobre lo leído y a
recitar de memoria largos poemas, como ya casi no hacían muchos de los
intelectuales de ese tiempo. Las misses que nos
educaban nos llevaban de continuos paseos, así aprendí a amar la naturaleza, a
saber de la belleza de los árboles y las aves. Pero también recuerdo los
cientos de balas que recogíamos en los caminos o los cadáveres de los muertos
en los combates o en los cementerios.
- Sin embargo,
a la hora de estudiar, hizo derecho…
- Si,
los hijos de la clase vencedora hacían derecho; filología y filosofía eran
asunto de señoras o de monjas, derecho permitía saber de unas cosas como de
otras, o ir de unas a otras de manera cómoda. Además las gentes de mi clase
estudiaban derecho, en mi familia hubo siempre una tradición de abogados, de
políticos, de empresarios. No creo que mi padre hubiese visto con buenos ojos
el que yo estudiase Filosofía y Letras, pero aquello también fue un fracaso. Yo
venía de un colegio afrancesado, libertario por decir lo menos, y me encontré
con una universidad confesional, de meros trámites para titulares, controlada
por fascistas. De no haber hecho amistad con Alberto Oliart
o Carlos Barral o José Agustín Goytisolo quizás otra
habría sido mi historia en esa universidad…
- Fue
entonces, en esos años, cuando se hizo poeta…
- Yo
decidí hacerme poeta desde muy joven, cuando tenía diecinueve años, pero mis
poemas se publicaron diez años después; no se por qué, pero esa fue mi decisión
y un día de esos, luego de haber leído y bebido toda la poesía del mundo,
escribí mi primer poema. Primero me eduqué en la poesía del Siglo de Oro, en el
simbolismo francés, me leí todo Baudelaire y toda la
poesía española del 27. Hacer poesía fue para mí una manera de construirme un
muro contra el mundo exterior, una
suerte de andamio contra mis propias debilidades interiores. Luego, cuando a
partir de los años cincuenta me interesé por la poesía social, fundé mi propia
voz, una voz que luego no he querido dilapidar, repitiéndome. Usted sabe que yo
he escrito poco, pero lo cierto es que en algún momento, tras prolongadas
imitaciones de voces y formas, alcancé no el poema sino la poesía, una voz, un
tono que me hacía idéntico a la imagen que había querido crear de mí ante los
otros. Pude saber cuáles eran mis sentimientos, y que deseaba hacer en mi vida.
Eso sucedió cuando viví mis primeros treinta años, cuando escribí Moralidades.
En esos años yo guardaba como un secreto, en mi cuerpo, esos poemas, y me
negaba a ponerlos por escrito, iba con ellos como un tesoro oculto de un
pirata, como unas joyas que nunca iría a mostrar a otros, como aquel vendedor
de orfebrerías que hay en un poema de Kavafis, que
mira cada tarde antes de cerrar la tienda y no muestra a sus clientes, algo así
como cuando se hace el amor y se retarda el orgasmo…
- ¿Por
qué esos poemas llevan ese título de Moralidades, no es una contradicción con
su tiempo y su manera de ser y pensar?
- Las
moralidades, que gozaron de gran popularidad en la edad media, son dramas que
se representaban en los atrios de las iglesias y catedrales y respondían al
propósito de
- Hay
quienes dicen que siendo usted catalán su patria es el español y su alma es
inglesa, aparte de tenerlo como un aristócrata de izquierdas…
- Esas
deben ser deducciones suyas propias Alvarado. No he oído que nadie en España diga algo así.
Para
fomentar sus impertinencias voy a decirle que los Gil descienden de Alonso Gil,
un caballero del rey Ramiro del reino de León. Gil quiere decir El Elegido o El
Defendido, pero también hubo Gil en los reinos de Valencia, o en Andalucía. Mi
abuelo Gil y Becerril casó con una Biedma y Oñate y a él se le ocurrió
solicitar licencia para que sus vástagos usaran los dos apellidos fungidos en
uno y desde entonces nos llamamos Gil de Biedma.
Mi
lengua materna es el castellano, y en él he escrito todo. Pero mis apellidos
tampoco son catalanes, en mi familia no se hablaba catalán y como le he dicho
la guerra la pasé en Castilla y luego de la guerra, al volver a Cataluña, el
catalán estuvo prohibido por años. Cuando hablo el poco catalán que conozco me
avergüenzo de mi acento. Además yo aprendí inglés y francés antes de hablar
catalán. En Inglaterra viví algunos meses durante los primeros años cincuentas,
en una vieja casona de Eaton Place y como bien puede
darse cuenta en su ignorancia yo visto y bebo como un inglés. Estuve en Oxford
haciendo unos cursos de económicas, pero en verdad lo que descubrí en
Inglaterra fue a Auden primero y luego a Eliot y a William Epson y Mathiew Arnold. Cuando fui a
Inglaterra yo estaba intoxicado por la poesía de Aleixandre
y la de Guillén. En inglés leí entonces a Spender y
aun cuando había leído ya a Eliot en las versiones de
Gaos, fue en Londres cuando pude darme cuenta de la
magnitud de su obra, de la grandeza de su musicalidad, de su prosodia.
- Ángel
González me dijo que usted era de izquierdas pero ya no ejercía…
-
¿Cómo? Usted cree que con esta cabeza de romano, calvo, y con estos ojos
azules, soy una suerte de terrorista oculto, o ¿qué? Pero si habré sido,
digamos, marxista. De militancia nada, nunca he militado con nada ni con nadie.
Yo no creo en esa tesis de que los intelectuales deben meterse a políticos, una
cosa son los políticos y otra los intelectuales. Por eso un intelectual
trajeado de político es un elemento peligroso, casi siempre terminan siendo
tiránicos, sectarios, fanáticos del centralismo democrático y la tesis del
partido único. Yo habré sido en cierto momento marxista, me atraía mucho el
análisis marxista de la historia, ese arte de anunciar el pasado que decía
Valera a partir de la consideración de Marx sobre
aquello de que la anatomía del mono solo era compresible a través de la
anatomía del hombre. Pero el marxismo es una doctrina difunta, como la novela,
un asunto del ayer, de nuestro ayer. Queda sin embargo la ideología, las ideas
que gestó, esa manera de sustentar la rebeldía del hombre contra los opresores,
eso que uno entiende bien en países como el suyo, del Tercer Mundo, como
Filipinas o Cuba. Incluso creo que mis lecturas y aficiones marxistas han
quedado en algunos de mis poemas de esos años, pero si, creo que sigo siendo de
izquierdas, y a veces, incluso en las noches, ejerzo, ejerzo…
- Ese
poema El arquitrabe….
- Ese
poema lo hice para divertirme, para burlarme digamos de Franco, nada mas hay
allí, y lo entendieron muy pocos, o nadie…Además el paso del tiempo lo ha ido
desdibujando, ahora no debe entenderlo nadie, en aquellos años, era divertido
recordarle…
-
Pasemos entonces a un tema que le seduce: la poesía…
- No
creo que podamos definir la poesía, diría mejor que poesía es esa sensación de
bienestar, de placer, de gozo que siente alguien cuando se lee, en voz alta, un
poema. La poesía no es precisamente lo que sucede cuando se escribe el poema,
poesía es el acto de ejecutar el poema. Un poema se hace para ser leído. El
poema es poema mientras se lee porque es tiempo y tempo…
- Y ese
hecho indefinible, ¿qué produce en el ejecutante y en el oyente, acaso el mismo
efecto de la música, de la melodía?
-
Pareciera que a partir del siglo XVII, la rotura de lo meramente narrativo que
imperaba en el poema épico o el teatral, hubiese creado una separación entre el
signo y sus valores, afectando nuestras sensibilidades de manera tal que ahora el
poema nos conduce a una certeza de la fragilidad existente en la propuesta de
realidad que hace el comercio y las ideologías. La poesía, el acto de ejecutar
el poema, quiebra la verdad de las asociaciones que nos vende el mundo
contemporáneo. La poesía ofrece imágenes del mundo, ni contradictorias ni
univocas, que son la otra realidad, ni verdadera ni falsa, pero otras
realidades. Unos saberes y conciencias de que la
llamada realidad es apenas una creación del sujeto, de nosotros que deseamos el
mundo…La poesía entonces es uno de los instrumentos mas eficientes para abolir
aduanas, para derruir lugares de observación y vigilancia, para derribar las
costumbres y las modas y nos hace entrar en una verdadera comunión entre las
palabras y los hechos, las palabras y lo que ellas nombran…
- Pero
si la realidad es una falacia cómo es que usted es un poeta de la experiencia,
de la memoria de una realidad no conocida, ficticia...
-
Tampoco debe olvidar que nada hay más artificial que la escritura. Escribimos
porque somos entrenados en ese artilugio que pretende asir la realidad, como
recuerdos o como actos del presente. Pero para poder transmitirlos y hacerlos
poesía hay que crearlos, extraerlos de la manga del mago, del demiurgo, del
poeta. Cuando hablamos de poesía de la experiencia no hablamos de contar lo que
le ha pasado a uno, de una suerte de cotilleo de la vida nocturna de ayer, de
las posturas amorosas del año pasado, poesía de la experiencia es escribir un
poema donde la voz que se escucha cuando se ejecuta el poema sufre la vida,
padece la existencia, hace sentir el recuerdo del placer o el dolor de las
separaciones… Algo así como decía ese poeta inferior llamado Auden, la poesía de la experiencia es un anteproyecto
verbal de la vida pasada o por vivir…
- Ahora
hay en España muchos jóvenes poetas que le admiran, pero hay muchos más que le
imitan…
- Es
lamentable, eso no existía en mi juventud. Nosotros no aspirábamos al éxito
social con la poesía, era otra cosa. El mundo editorial ha cambiado la condición
de los poetas, hoy es posible ganar fama y fortuna y seguir siendo muy mal
poeta, hay cientos de premios, de concursos, de verdaderas canonjías, que
terminan por fomentar gildas poéticas, camarillas
mafiosas…Y ciertamente es una vergüenza que haya tanto admirador suelto por
allí. Al principio me halagaba oír que me citaban por la radio o alguien se
acordaba de un poema o una línea mía, pero una cosa es la gente o el lector
común y otra el gremio de los poetas y los escritores profesionales, aduladores
de oficio…
- Mil
gracias, querido y admirado poeta…
- De
nada don Haroldo, de nada…

Poemas
NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
"Poemas póstumos" 1968
PANDÉMICA Y CELESTE
quam magnus numerus Libyssae arenae
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos
hominum uident amores.
Catulo, VII
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh
noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée
à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
A UNA DAMA MUY JOVEN, SEPARADA
En un año que has estado
casada, pechos hermosos,
amargas encontraste
las flores del matrimonio.
Y una buena mañana
la dulce libertad
elegiste impaciente,
como un escolar.
Hoy vestida de corsario
en los bares se te ve
con seis amantes por banda
-Isabel, niña Isabel-,
sobre un taburete erguida,
radiante, despeinada
por un viento sólo tuyo,
presidiendo la farra.
De quién, al fin de una noche,
no te habrás enamorado
por quererte enamorar!
Y todo me lo han contado.
¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?
Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.
Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.
ALBADA
Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.
Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
Es el amanecer.
Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.
Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,
y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.
Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.
-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.
AMISTAD A LO LARGO
Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
Mirad:
somos nosotros.
Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.
Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

AMOR MÁS PODEROSO QUE
La misma calidad que el sol de tu país,
saliendo entre las nubes:
alegre y delicado matiz en unas hojas,
fulgor de un cristal, modulación
del apagado brillo de la lluvia.
La misma calidad que tu ciudad,
tu ciudad de cristal innumerable
idéntica y distinta, cambiada por el tiempo:
calles que desconozco y plaza antigua
de pájaros poblada,
la plaza en que una noche nos besamos.
La misma calidad que tu expresión,
al cabo de los años,
esta noche al mirarme:
la misma calidad que tu expresión
y la expresión herida de tus labios.
Amor que tiene calidad de vida,
amor sin exigencias de futuro,
presente del pasado,
amor más poderoso que la vida:
perdido y encontrado.
Encontrado, perdido...
«BARCELONA JA NO ES BONA»
o mi paseo solitario en primavera,
A Fabián Estapé
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo! representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago.
RODRIGO CARO
En los meses de aquella primavera
pasaron por aquí seguramente
más de una vez.
Entonces, los dos eran muy jóvenes
y tenían el Chrysler amarillo y negro.
Los imagino al mediodía, por la avenida de los tilos,
la capota del coche salpicada de sol,
o quizá en Miramar, llegando a los jardines,
mientras que sobre el fondo del puerto y la ciudad
se mecen las sombrillas del restaurante al aire libre,
y las conversaciones, y la música,
fundiéndose al rumor de los neumáticos
sobre la grava del paseo.
Sólo por un instante
se destacan los dos a pleno sol
con los trajes que he visto en las fotografías:
él examina un coche muchísimo más caro
-un Duesemberg sport con doble parabrisas,
bello como una máquina de guerra-
y ella se vuelve a mí, quizá esperándome,
y el vaivén de las rosas de la pérgola
parpadea en la sombra
de sus pacientes ojos de embarazada.
Era en el año de
Así yo estuve aquí
dentro del vientre de mi madre,
y es verdad que algo oscuro, que algo anterior me trae
por estos sitios destartalados.
Más aún que los árboles y la naturaleza
o que el susurro del agua corriente
furtiva, reflejándose en las hojas
-y eso que ya a mis años
se empieza a agradecer la primavera-,
yo busco en mis paseos los tristes edificios,
las estatuas manchadas con lápiz de labios,
los rincones del parque pasados de moda
en donde, por la noche, se hacen el amor...
Y a la nostalgia de una edad feliz
y de dinero fácil, tal como la contaban,
se mezcla un sentimiento bien distinto
que aprendí de mayor,
este resentimiento
contra la clase en que nací,
y que se complace también al ver mordida,
ensuciada la feria de sus vanidades
por el tiempo y las manos del resto de los hombres.
Oh
mundo de mi infancia, cuya mitología
se asocia -bien lo veo-
con el capitalismo de empresa familiar!
Era ya un poco tarde
incluso en Cataluña, pero la pax burguesa
reinaba en los hogares y en las fábricas,
sobre todo en las fábricas - Rusia estaba muy lejos
y muy lejos Detroit.
Algo de aquel momento queda en estos palacios
y en estas perspectivas desiertas bajo el sol,
cuyo destino ya nadie recuerda.
Todo fue una ilusión, envejecida
como la maquinaria de sus fábricas,
o como la casa en Sitges, o en Caldetas,
heredada también por el hijo mayor.
Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo,
de sus fosos quemados por los fusilamientos,
dan señales de vida los murcianos.
Y yo subo despacio por las escalinatas
sintiéndome observado, tropezando en las piedras
en donde las higueras agarran sus raíces,
mientras oigo a estos chavas nacidos en el
Sur
hablarse en catalán, y pienso, a un mismo tiempo,
en mi pasado y en su porvenir.
Sean ellos sin más preparación
que su instinto de vida
más fuertes al final que el patrón que les paga
y que el salta-taulells que les desprecia:
que la ciudad les pertenezca un día.
Como les pertenece esta montaña,
este despedazado anfiteatro
de las nostalgias de una burguesía.
CANCIÓN DE ANIVERSARIO
Porque son ya seis años desde entonces,
porque no hay en la tierra, todavía,
nada que sea tan dulce como una habitación
para dos, si es tuya y mía;
porque hasta el tiempo, ese pariente pobre
que conoció mejores días,
parece hoy partidario de la felicidad,
cantemos, alegría!
Y luego levantémonos más tarde,
como domingo. Que la mañana plena
se nos vaya en hacer otra vez el amor,
pero mejor: de otra manera
que la noche no puede imaginarse,
mientras el cuarto se nos puebla
de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,
y de historia serena.
El eco de los días de placer,
el deseo, la música acordada
dentro del corazón, y que yo he puesto apenas
en mis poemas, por romántica;
todo el perfume, todo el pasado infiel,
lo que fue dulce y da nostalgia,
¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces
soñabas y soñaba?
La realidad -no demasiado hermosa-
con sus inconvenientes de ser dos,
sus vergonzosas noches de amor sin deseo
y de deseo sin amor,
que ni en seis siglos de dormir a solas
las pagaríamos. Y con
sus transiciones vagas, de la traición al tedio,
del tedio a la traición.
La vida no es un sueño, tú ya sabes
que tenemos tendencia a olvidarlo.
Pero un poco de sueño, no más, un si es no es
por esta vez, callándonos
el resto de la historia, y un instante
-mientras que tú y yo nos deseamos
feliz y larga vida en común-, estoy seguro
que no puede hacer daño.
CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación -y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.
Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.
Si no fueses tan puta!
Y si yo supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.
A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh
innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!
CONVERSACIÓN
Los muertos pocas veces libertad
alcanzáis a tener, pero la noche
que regresáis es vuestra,
vuestra completamente.
Amada mía, remordimiento mío,
la nuit c’est toi cuando estoy solo
y vuelves tú, comienzas
en tus retratos a reconocerme.
¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?
¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?
¿Me tranquilizas porque estuve cerca
de ti en algún momento?
La parte de tu muerte que me doy,
la parte de tu muerte que yo puse
de mi cosecha, cómo poder pagártela...
Ni la parte de vida que tuvimos juntos.
Cómo poder saber que has perdonado,
conmigo sola en el lugar del crimen?
Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas
en el rincón más triste de mi cuarto?
DE AQUÍ A
Ya soy dichoso, ya soy feliz
porque triunfante llegué a Madrid,
llegué a Madrid.
La viejecita, Coro
Lo primero, sin duda, es este ensanchamiento
de la respiración, casi angustioso.
y la especial sonoridad del aire,
como una gran campana en el vacío,
acercándome olores
de jara de la sierra,
más perfumados por la lejanía,
y de tantos veranos juntos
de mi niñez.
Luego está la glorieta
preliminar, con su pequeño intento de jardín,
mundo abreviado, renovado y puro
sin demasiada convicción, y al fondo
la previsible estatua y el pórtico de acceso
a la magnífica avenida,
a la famosa capital.
Y la vida, que adquiere
carácter panorámico,
inmensidad de instante también casi angustioso
-como de amanecer en campamento
o portal de belén-, la vida va espaciándose
otra vez bajo el cielo enrarecido
mientras que aceleramos.
Porque hay siempre algo más, algo espectral
como invisiblemente sustraído,
y sin embargo verdadero.
Yo pienso en zonas lívidas, en calles
o en caminos perdidos hacia pueblos
a lo lejos, igual que en un belén,
y vuelvo a ver esquinas de ladrillo injuriado
y pasos a nivel solitarios, y miradas
asomándose a vernos, figuras diminutas
que se quedan atrás para siempre, en la memoria
como peones camineros.
Y esto es todo, quizás. Alrededor
se ciernen las fachadas, y hay gentes en la acera
frente al primer semáforo.
ELEGÍA Y RECUERDO DE
C' est une chanson
qui nous ressemble.
Kosma
y Prévert: Les feuilles mortes
Os acordáis: Europa estaba en ruinas.
Todo un mundo de imágenes me queda de aquel tiempo
descoloridas, hiriéndome los ojos
con los escombros de los bombardeos.
En España la gente se apretaba en los cines
y no existía la calefacción.
Era la paz -después de tanta sangre--
que llegaba harapienta, como la conocimos
durante cinco años.
Y todo un continente empobrecido,
carcomido de historia y de mercado negro,
de repente nos fue más familiar.
¡Estampas de
que parecen mojadas en lluvia silenciosa,
ciudades grises adonde llega un tren
sucio de refugiados: cuántas cosas
de nuestra historia próxima trajisteis, despertando
la esperanza en España, y el temor!
Hasta el aire de entonces parecía
que estuviera suspenso, como si preguntara,
y en las viejas tabernas de barrio
los vencidos hablaban en voz baja...
Nosotros, los más jóvenes, como siempre esperábamos
algo definitivo y general.
Y fue en aquel momento, justamente
en aquellos momentos de miedo y esperanzas
-tan irreales, ay- que apareciste,
oh
rosa de lo sórdido, manchada
creación de los hombres, arisca, vil y bella
canción francesa de mi juventud!
Eras lo no esperado que se impone
a la imaginación, porque es así la vida,
tú que cantabas la heroicidad canalla,
el estallido de las rebeldías
igual que llamaradas, y el miedo a dormir solo,
la intensidad que aflige al corazón.
Cuánto enseguida te quisimos todos!
En tu mundo de noches, con el chico y la chica
entrelazados, de pie en un quicio oscuro,
en la sordina de tus melodías,
un eco de nosotros resonaba exaltándonos
con la nostalgia de la rebelión.
Y todavía, en la alta noche, solo,
con el vaso en la mano, cuando pienso en mi vida,
otra vez más sans faire du
bruit tus músicas
suenan en la memoria, como una despedida:
parece que fue ayer y algo ha cambiado.
Hoy no esperamos la revolución.
Desvencijada Europa de post-guerra
con la luna asomando tras las ventanas rotas,
Europa anterior al milagro alemán,
imagen de mi vida, melancólica!
Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos,
aunque a veces nos guste una canción.
¿FUE POSIBLE QUE YO NO TE SUPIERA...
¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?
Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.
Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!
Pero pasaste
como un Dios destruido.
Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.
HAPPY ENDING
Aunque la noche, conmigo,
no la duermas ya,
sólo el azar nos dirá
si es definitivo.
Que aunque el gusto nunca más
vuelve a ser el mismo,
en la vida los olvidos
no suelen durar.
HIMNO A
Heu!
quantum per se candida forma valet!
Propercio,
II, 29, 30
A qué vienes ahora, juventud,
encanto descarado de la vida?
¿Qué te trae a la playa?
Estábamos tranquilos los mayores
y tú vienes a herirnos, reviviendo
los más temibles sueños imposibles,
tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.
De las ondas surgida,
toda brillos, fulgor, sensación pura
y ondulaciones de animal latente,
hacia la orilla avanzas
con sonrosados pechos diminutos,
con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,
oh
diosa esbelta de tobillos gruesos,
y con la insinuación
(tan propiamente tuya)
del vientre dando paso al nacimiento
de los muslos: belleza delicada,
precisa e indecisa,
donde posar la frente derramando lágrimas.
Y te vemos llegar: figuración
de un fabuloso espacio ribereño
con toros, caracolas y delfines,
sobre la arena blanda, entre la mar y el cielo,
aún trémula de gotas,
deslumbrada de sol y sonriendo.
Nos anuncias el reino de la vida,
el sueño de otra vida, más intensa y más libre,
sin deseo enconado como un remordimiento
-sin deseo de ti, sofisticada
bestezuela infantil, en quien coinciden
la directa belleza de la starlet
y la graciosa timidez del príncipe.
Aunque de pronto frunzas
la frente que atormenta un pensamiento
conmovedor y obtuso,
y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla
entre mojadas mechas rubias
la expresión melancólica de Antínoos,
oh
bella indiferente,
por la playa camines como si no supieses
que te siguen los hombres y los perros,
los dioses y los ángeles
y los arcángeles,
los tronos, las abominaciones...
IDILIO EN EL CAFÉ
Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos -qué latido
de la sangre en los párpados- y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.
No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,
rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.
Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio
arriba, más arriba, mucho más que las luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
y este beso igual que un largo túnel.
LAS AFUERAS
I
La noche se afianza
sin respiro, lo mismo que un esfuerzo.
Más despacio, sin brisa
benévola que en un instante aviva
el dudoso cansancio, precipita
la solución del sueño.
Desde luces iguales
un alto muro de ventanas vela.
Carne a solas insomne, cuerpos
como la mano cercenada yacen,
se asoman, buscan el amor del aire
-y la brasa que apuran ilumina
ojos donde no duerme
la ansiedad, la infinita esperanza con que aflige
la noche cuando vuelve.
II
¿Quién? Quién es el dormido?
Si me callo, respira?
Alguien está presente
que duerme en las afueras.
Las afueras son grandes,
abrigadas, profundas.
Lo sé pero, no hay quién
me sepa decir más?
Están casi a la mano
y anochece el camino
sin decimos en dónde
querríamos dormir.
Pasa el viento. Le
llamo?
Si subiera al salón
familiar del octubre
el templado silencio
se aterraría.
Y quizá me asustara
yo también si él me dice
irreparablemente
quién duerme en las afueras.
III
Ciudad ya tan lejana!
Lejana junto al mar: tardes de puerto
y desamparo errante de los muelles.
Se obstinarán crecientes las mareas
por las horas de allá.
Y serán un rumor,
un pálpito que puja endormeciéndose:
cuando asoman las luces de la noche
sobre el mar.
Más, cada vez más honda
conmigo vas, ciudad,
como un amor hundido,
irreparable.
A veces ola y otra vez silencio.
LOCA
La noche, que es siempre ambigua,
te enfurece -color
de ginebra mala, son
tus ojos unas bichas.
Yo sé que vas a romper
en insultos y en lágrimas
histéricas. En la cama,
luego, te calmaré
con besos que me da pena
dártelos. Y al dormir
te apretarás contra mí
como una perra enferma.
MAÑANA DE AYER, DE HOY
Es la lluvia sobre el mar.
En la abierta ventana,
contemplándola, descansas
la sien en el cristal.
Imagen de unos segundos,
quieto en el contraluz
tu cuerpo distinto, aún
de la noche desnudo.
Y te vuelves hacia mí,
sonriéndome. Yo pienso
en cómo ha pasado el tiempo,
y te recuerdo así.
NOCHES DEL MES DE JUNIO
A Luis Cernuda
Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.
Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.
NOS RECIBEN LAS CALLES CONOCIDAS...
Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.
NOSTALGIE DE
Nuevas disposiciones de la noche,
sórdidos ejercicios al dictado, lecciones del deseo
que yo aprendí, pirata,
oh
joven pirata de los ojos azules.
En calles resonantes la oscuridad tenía
todavía la misma espesura total
que recuerdo en mi infancia.
Y dramáticas sombras, revestidas
con el prestigio de la prostitución,
a mi lado venían de un infierno
grasiento y sofocante como un cuarto de máquinas.
¡Largas últimas horas,
en mundos amueblados
con deslustrada loza sanitaria
y coronas manchadas de permanganato!
Como un operario que pule una pieza,
como un afilador,
fornicar poco a poco mordiéndose los labios.
Y sentirse morir por cada pelo
de gusto, y hacer daño.
La luz amarillenta, la escalera
estremecida toda de susurros, mis pasos,
eran aún una prolongación
que me exaltaba,
lo mismo que el olor en las manos
-o que al salir el frío de la madrugada, intenso
como el recuerdo de una sensación.
PEEPING TOM
Ojos de solitario, muchachito atónito
que sorprendí mirándonos
en aquel pinarcillo, junto a
hace más de once años,
al ir a separarme,
todavía atontado de saliva y de arena,
después de revolcarnos los dos medio vestidos,
felices como bestias.
Te recuerdo, es curioso
con qué reconcentrada intensidad de símbolo,
va unido a aquella historia,
mi primera experiencia de amor correspondido.
A veces me pregunto qué habrá sido de ti.
Y si ahora en tus noches junto a un cuerpo
vuelve la vieja escena
y todavía espías nuestros besos.
Así me vuelve a mí desde el pasado,
como un grito inconexo,
la imagen de tus ojos. Expresión
de mi propio deseo.
PÍOS DESEOS PARA EMPEZAR EL AÑO
Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
-o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul...
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.
"Poemas póstumos" 1968
RUINAS DEL TERCER REICH
Todo pasó como él imaginara,
allá en el frente de Smolensk.
Y tú has envejecido -aunque sonrías
wie einst, Lili Marlen.
Nimbado por la niebla, igual que entonces,
surge ante mí tu rostro encantador
contra un fondo de carros de combate
y de cruces gamadas en
En la barra del bar -ante una copa-
plantada como cimbel,
obscenamente tú sonríes.
A quién, Lili Marlen?
Por los rusos vencido y por los años,
aún el irritado corazón
te pide guerra. Y en las horas últimas
de soledad y alcohol,
enfurecida y flaca, con las uñas
destrozas el pespunte de tu guante negro,
tu viejo guante de manopla negro
con que al partir dijiste adiós.
VALS DE ANIVERSARIO
Nada hay tan dulce como una habitación
para dos, cuando ya no nos queremos demasiado,
fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo,
y parejas dudosas y algún niño con ganglios,
si no es esta ligera sensación
de irrealidad. Algo como el verano
en casa de mis padres, hace tiempo,
como viajes en tren por la noche. Te llamo
para decir que no te digo nada
que tú ya no conozcas, o si acaso
para besarte vagamente
los mismos labios.
Has dejado el balcón.
Ha oscurecido el cuarto
mientras que nos miramos tiernamente,
incómodos de no sentir el peso de tres años.
Todo es igual, parece
que no fue ayer. Y este sabor nostálgico,
que los silencios ponen en la boca,
posiblemente induce a equivocarnos
en nuestros sentimientos. Pero no
sin alguna reserva, porque por debajo
algo tira más fuerte y es (para decirlo
quizá de un modo menos inexacto)
difícil recordar que nos queremos,
si no es con cierta imprecisión, y el sábado,
que es hoy, queda tan cerca
de ayer a última hora y de pasado
mañana
por la mañana...
VOLVER
Mi recuerdo eran imágenes,
en el instante, de ti:
esa expresión y un matiz
de los ojos, algo suave
en la inflexión de la voz,
y tus bostezos furtivos
de lebrel que ha maldormido
la noche en mi habitación.
Volver, pasados los años,
hacia la felicidad
-para verse y recordar
que yo también he cambiado.

Muy pobre hombre ha de ser uno si no deja
en su obra -casi sin darse cuenta- algo de la unidad e interior necesidad de su
propio vivir. Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que
la historia de un hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de
significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por
lo menos, atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia
individual- de unos cuantos entre ellos.

La fundamental experiencia del vivir - escribió en El pie de la letra - está en la ambivalencia de la identidad, en esa doble conciencia que hace que me reconozca -simultánea o alternativamente- uno, unigénito, hijo de dios, y uno entre otros tantos, un hijo de vecino. El juego de esas contrapuestas dimensiones de la identidad, que sólo en momentos excepcionales logran reposar una en otra, que incesantemente se espían y se tienden mutuas trampas, cuando no se hallan en guerra abierta, configura decisivamente nuestra relación con nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Era ésa la experiencia, creía yo, que debe servir como supuesto básico de todo poema contemporáneo .
Jaime Gil de Biedma.