
Jaime Gil de Biedma
Jaime Gil de Biedma y Alba (n. Barcelona, 13
de noviembre de 1929 - † Barcelona, 8 de enero de 1990) fue un poeta español,
uno de los autores más importantes de
Biografía
Nacido
en 1929 el seno de una familia de la alta burguesía castellana, su padre se
trasladó a Barcelona para trabajar en
Gil de Biedma estudió Derecho en Barcelona y en Salamanca, donde obtuvo la licenciatura en dicha materia. Su poesía evoluciona desde los primeros poemas intimistas de Las afueras al compromiso social de Compañeros de viaje. Al mismo tiempo es una poesía que evita constantemente el surrealismo y busca la contemporaneidad y la racionalidad a toda costa a través de un lenguaje coloquial, si bien desnudo de toda referencia innecesaria. Verdadero exponente de lo que se suele denominar una doble vida, Biedma desarrolla actividades empresariales (su padre le introdujo en el negocio tabaquero familiar) y al mismo tiempo coquetea intelectualmente con el marxismo y su vida interior queda por completo marcada por su condición de homosexual, circunstancia que, en el seno de su profundo pesimismo, le va a llevar a vivir al límite toda una serie de experiencias íntimas autodestructivas.
Si
bien hasta entonces había sido un gran lector de poesía francesa, en particular
de Charles Baudelaire, en 1953 se trasladó a vivir a
Oxford, lo que le puso en contacto con la poesía anglosajona del momento, hecho
que ejercería la influencia más determinante en su obra posterior. A partir de
1955 trabaja en la empresa de tabacos de su familia. En 1959 publica Compañeros
de viaje, que juntamente con Moralidades (1966) integra la parte más social de
su poesía, con piezas llenas de denuncia política en las que evoca la
hipocresía burguesa, la miseria que presidía el sistema capitalista, la
opresión del pueblo por
En 1965 aparece A favor de Venus, una colección de poemas de amor impregnados de erotismo, y en 1968, por último, publica Poemas póstumos. A partir de entonces Biedma publicará diversos poemas en revistas literarias, así como unas memorias: Diario de un artista seriamente enfermo.
En 1974, Biedma padeció una crisis que le lleva a dejar la vida literaria y se recluye en un férreo Nihilismo. El determinismo de una sociedad incapaz de cambiar su historia y el conformismo y desencanto que impregna el mundo intelectual de izquierdas después de la transición a la democracia le abocaron a la desesperación. Fracasaron sus esfuerzos por sobrevivir a la apatía del conformismo burgués del que no aconsejaba escapar. Esta crisis es fácilmente visible en su evolución literaria. El desasosiego burgués que en un principio le lleva a abogar incluso, en alguno de sus poemas, por un cambio social, un relevo de clases que transforme las estructuras de poder y acabe con el sistema capitalista, acaba produciendo en él una actitud nihilista. La idea determinista de la incapacidad del pueblo español para cambiar su historia, del conformismo que tras la transición impregna a todos los sectores de la sociedad le hace perder sus esperanzas. De una actitud quizá más relacionada con el existencialismo de Sartre, en quien unos ven ociosidad burguesa y otros (como Kosik) ven las ideas de la revolución impregnadas de romanticismo, Gil de Biedma pasa a la desesperación más completa. Así, el paso del "nosotros" al "yo" en su obra le lleva a cuestionarse su propia vida, su capacidad de sobrevivir a la apatía del conformismo burgués del que tanto había huido y en el que acaba cayendo de bruces. Todo ello le lleva a abandonar prácticamente su producción literaria hasta su muerte por sida el 8 enero de 1990, al lado de su último compañero, el actor Josep Madern. Sus restos fueron incinerados.
Miembro
destacado de la llamada Escuela de Barcelona, se relacionó con sus componentes
Gabriel Ferrater, Carlos Barral, seguramente el más
sólido de ellos, y Juan Marsé, que no es
estrictamente de esta generación, y se carteó con uno de sus modelos, el poeta de

biografía en catalán
Jaime Gil de Biedma
(Barcelona, 1929-1990) és el poeta més venerat de la generació del 50. Jaime Gil de Biedma neix
a Barcelona en 1929 en el si d'una família acomodada. La seva poesia, de gran contingut social,
va desembocant en un pessimisme
que comença per ser
existencialista i acaba en el més profund
dels nihilismes. Alt càrrec de

Obras
Según sentencia del tiempo (1953).
Compañeros de viaje (Barcelona: Joaquín Horta, 1959).
Moralidades (1966)
Poemas póstumos (1968)
Diario del artista seriamente enfermo (1974), memorias.
El pie de la letra: Ensayos 1955-1979 (1980), Crítica, Barcelona
Las personas del verbo (1982), Seix Barral, Barcelona
D o c u m e n t a
c i ó n

Artículo publicado en “
La caja de Pandora
Los
poetas de
Artículo publicado en “El País” por Rosa Mora el 07/11/04
La vida atormentada de Gil de Biedma
Ejecutivo de día y explorador de los bajos fondos de noche, Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) vivió, como él decía, "una esquizofrenia controlada", que a menudo se descontroló en una carrera hacía el abismo. Fue, es, uno de los mejores poetas de la generación de los cincuenta. De producción escasa, pero de una intensidad y cuidado formal extraordinarios, abrió el camino de la actual poesía de la experiencia. Han tenido que pasar casi 15 años de su muerte para que aparezca la primera gran biografía: Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta, de Miguel Dalmau. El biógrafo desvela el secreto que marcó su vida y pone de manifiesto que su poesía fue, sobre todo, autobiográfica. Tenía una poderosa inteligencia, era seductor, elegante con un toque anglosajón, buen conversador, de enorme cultura, prodigiosa memoria, era brillante, tenía sensibilidad y ternura, dominaba idiomas, era cosmopolita y, además, sentía curiosidad por todo. Desarrolló una dialéctica mortífera que llegó a ser leyenda y que, en ocasiones, le convirtió en un enemigo temible. Fustigó hasta la crueldad a cuantos a él se acercaron, sobre todo a los jóvenes poetas que le pedían consejo. Nadie, excepto quizá Ana María Moix y Juan y Joaquina Marsé, escaparon al dardo de su palabra, ni siquiera su muy querido Carlos Barral. Gabriel Ferrater fue su sparring perfecto. Era de sexualidad potente y vigorosa, que, en combinación con el alcohol, le llevó a abismos sin límite y a una carrera hacia la destrucción. Fue, es, sobre todo, uno de los grandes poetas de la generación de los cincuenta, que abrió rutas literarias con apenas 80 o 90 poemas de enorme intensidad y rara perfección formal. Pero tenía un secreto que marcó su vida. Ahora, cuando se cumplen 75 años de su nacimiento -el próximo 13 de noviembre- y casi 15 de su muerte -el 8 de enero de 2005-, aparece Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta, la primera gran biografía del poeta. La publicará Circe y saldrá el 20 de este mes. Su autor es Miguel Dalmau, el mismo que fue finalista del Premio Anagrama de ensayo con Los Goytisolo. Dalmau ha reunido más de cien testimonios, de familiares, amantes y amigos, y más de cincuenta fotografías, en su mayoría inéditas.
Ha sido
una investigación ardua y no exenta de dificultades, pero el resultado es un
libro que nadie de quienes aman la poesía de Gil de Biedma querrá perderse. Dalmau desvela el misterio que rodeó su vida y pone de
manifiesto que su inventado personaje poético es falso. Su poesía es pura
autobiografía. Dalmau reconstruye la figura de Jaime
Gil de Biedma desde tres puntos de vista: su trabajo en
Pregunta. ¿Cómo era en realidad?
Respuesta. Tenía un conflicto brutal consigo mismo. Se odiaba tanto que el odio le desbordaba. El alcohol podía convertirle en un enemigo temible. Jugaba a ser diferentes personajes, el de señorito que se autofustigaba, el de ejecutivo, el de amante...
P. ¿Por qué se odiaba tanto?
R. Tenía su versión oficial: "Me odio a mí mismo porque tengo que envejecer, porque tengo que morir". Yo creo que ese odio parte de un trauma de su infancia que no es otro que el de su despertar al sexo. Sufrió abusos sexuales en la infancia y en la adolescencia por una persona de confianza de su círculo íntimo. Y si en aquel contexto histórico y social el sexo ya era un tabú, el contra natura, como se decía, era doblemente castigado. Su odio nace del sentimiento de culpa.
P. No es ésa la imagen que da en los poemas
en que recuerda su infancia.
R. Blindó sus poemas para que nadie
remotamente dudara de que su infancia había sido inmensamente feliz. Todo eso
del personaje poético que se inventó es mentira. "No soy yo", decía,
"el que habla en los poemas, es un personaje poético". Lo hacía para
tranquilizar a la familia, sobre todo a su madre. Como dice Francisco Rico, su
poesía es "directa y descarnadamente autobiográfica". Jaime Gil de
Biedma nació el 13 de noviembre de 1929 en Barcelona. Su padre era hijo de un
senador conservador, y su madre, de familia liberal -su padre había sido
ministro de diversos Gobiernos antes de la guerra-. Al poeta le pusieron de
nombre Jaime en recuerdo de un hermano que así se llamaba y que murió antes de
que naciera él. Eso no gustó demasiado a Tatón o Jaimito, como le llamaban en casa. Para sus compañeros de
colegio era Croqueta, porque era gordito. Su madre, Luisa Alba, puso todas sus
esperanzas en él, era el elegido que había de recoger la antorcha del abuelo
ministro. Su padre, Luis Gil de Biedma, se conformaba
con menos: quería que entrara en
Pregunta. Gil de Biedma, en castellano y
Gabriel Ferrater en catalán, señalaron el camino de
la poesía de la experiencia.
Respuesta. Gil de Biedma trascendía la anécdota. A diferencia de la actual poesía de la experiencia y sin quitarle valor, sus poemas no fueron circunstanciales, fueron experiencias reposadas como el buen vino con el tiempo. Hay algo muy claro: no le gustaba la poesía homosexual de reivindicación y anecdótica...
P. ¿Qué le interesaba?
R. El mundo de relaciones que se establecen entre dos personas que se aman, el ciclo completo de una relación amorosa.
P. ¿Cómo definiría su poesía?
R. Recoge cinco siglos de la mejor tradición poética española; incorpora la tradición inglesa de los años treinta, como Auden o Eliot; también el acervo popular, elementos de rock y de pop, la canción francesa, la zarzuela... Y a eso se añade un extraordinario conocimiento del idioma.
P. ¿Y la poesía social?
R. Escribió algunos, como Asturias, 1962, que
sobreviven bien. Hubo un cambio radical en los sesenta, con la llegada del
turismo. El paso de
P. "Mi infancia eran recuerdos de una
casa..." o "Yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el
tenis", del poema Infancia y confesiones, recuerdan a Machado y a Alberti.
R. Era un grandísimo lector. Él hubiera odiado la palabra intertextualidad, hubiera preferido "préstamos literarios". Lo asimiló todo, como ya he dicho. Se puede decir que lo que hizo Cortázar con la prosa en español, lo hizo él con la poesía.
P. ¿Por qué dejó de escribir tan pronto?
R. Se han dado muchas explicaciones. Según Juan Goytisolo, no pudo sobrevivir a la abolición de la censura, la suya era una literatura de máscaras. Otros afirman que su ciclo poético se había agotado. Él mismo se destruye en "Contra Jaime Gil de Biedma" y se ve muerto en "Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma". Yo creo que no dejó nada por decir.
P. ¿Cuál era su poema preferido?
R. No volveré a ser joven. "Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante-. Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer, morir, eran tan sólo / las dimensiones del teatro-. Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, / es el único argumento de la obra". La poesía de Gil de Biedma quedará, por encima de todo, para siempre.
Artículo publicado en “
Dialogando con Gil de Biedma
Conversaciones recupera las entrevistas y conversaciones con Jaime Gil de Biedma
(1929-1990) aparecidas en periódicos y revistas de
El prólogo de Pérez Escohotado resulta insuficiente. Habría sido más útil una introducción general sobre el poeta en la línea de la que escribió Carme Riera para la edición de Lumen a Las personas del verbo. Lo que echamos a faltar en la introducción es una visión general del mundo de Gil de Biedma, una “historia” de las entrevistas y de los entrevistadores y un panorama de lo que el libro ofrece en su conjunto, tanto de lo nuevo como de las ideas ya conocidas, es decir, situar los textos en un contexto. No todas las entrevistas tienen la misma calidad, ni en todas el entrevistado muestra el mismo interés.Con los más jóvenes (Leopoldo María Panero o Benjamín Prado) parece impacientarse. Hay narcisismo y complicidad, exhibición de esgrima intelectual y de sensualidad verbal en la conversación con Carlos Barral. Y en ocasiones (con Federico Campbell y, sobre todo, la entrevista con la redacción de la revista “Thesaurus”) una voluntad de ahondar en su obra poética y en sus ideas sobre la poesía.
Por supuesto el orden cronológico crea una especie de “pathos” (del hedonismo de los primeros años al cansancio y al abandono de la poesía en los últimos) y le da una calidad narrativa. El hecho de que se hayan incluido tantas entrevistas (¿todas?: no se nos dice) le da variedad pero al mismo tiempo invita a las repeticiones, que aquí llegan a fatigar. Y alguna responsabilidad tendrán los entrevistadores si muy pocas veces aparece el brillantísimo conversador que fue Gil de Biedma. Brillantísimo y demoledor. La cortesía domina a lo largo del libro. Y es tal vez por cortesía o mojigato pudor que los entrevistadores se limitan a hablar de la sensibilidad homosexual a un nivel literario, centrada en Lorca y Cernuda, o no hurgan en su participación en la polémica antología de Castellet Veinte años de poesía española y la escandalosa eliminación de uno de los poetas más interesantes y prometedores, Alfonso Costafreda, de la que con toda la ligereza del mundo Gil de Biedma se declara responsable directo.
Con todas sus digresiones, repeticiones, cautelas y falta de verdadera dialéctica, Conversaciones resulta un libro ameno y de especial interés para quienes no conozcan la obra de Gil de Biedma. Son importantes muchas puntualizaciones sobre su relación con la lengua castellana, frente a la catalana o la inglesa. “Si yo pudiera elegir, escribiría en catalán o en inglés. El castellano tiene una serie de inconvenientes alarmantes como lengua de poesía”, algo que inevitablemente preocupa a quien a lo largo de las conversaciones se muestra obsesionado por las exigencias de la modernidad y de encontrar una voz moderna a su propia poesía. Se entiende su identificación con Gabriel Ferrater y la celebración de la poesía medieval, de Foix y de la poesía inglesa, muy especialmente de Eliot (“un poeta por el cual siento la más absoluta veneración”) y de Auden (“es el poeta y escritor que más me ha influido”).
Reñido con la caridad
Esta exigencia de modernidad y la necesidad (que comparte, por otro lado, con sus mejores amigos, Barral y Ferrater) de buscar unas lecturas que alimenten el afán renovador explica los elogiosos y lúcidos comentarios a Antonio y Manuel Machado, a Cernuda, a Guillén y hasta a Leopoldo Panero, pero también los comentarios críticos y los comentarios negativos, categóricos, perversos y muy personales a poetas como Pound (“su edad mental es de 15 años”), Juan Ramón Jiménez (“a los poemas de J. R. J. les falta contrastación, están escritos por recetas”, “no le considero un gran poeta”) o Blas de Otero (“este hombre es el varón de dolores, no hace más que llorar por España todos los días”).
Sabemos que la caridad no era una de las cualidades más notorias de Gil de Biedma. También sabemos que de la caridad sale muy poca poesía.
Gil
de Biedma parece haber limitado el espacio de sus preocupaciones para ahondar
en ellas. No le interesa el cine y no hay referencias a la pintura o la música.
Muy pocas a la novela. Las personas del verbo coinciden con las personas
marcadas por el tiempo: el tiempo de la solidaridad, del hedonismo y de la
sensualidad de origen sentimental, y el de la pesimista visión de la naturaleza
humana y del miedo a la vejez y a la muerte que coincide con su pérdida de fe
en la poesía. A estos ramalazos de intensa presencia humana y a las
inteligentes y personalizadas opiniones y reflexiones sobre la poesía hay que
añadir, aquí no del todo visible, el placer por las piruetas de la inteligencia
hechas palabra, “jugando a esas cosas que nos gustan, que es hablar de lo que
nosotros no sabemos”. Para escribir luego de lo hondamente conocido y vivido.

Entrevista con :
Jaime Gil de Biedma
por Harold Alvarado Tenorio
- Usted
desciende de notables familias catalanas y castellanas…
- Bueno,
me parece un poco aburrido hablar de eso. Pero si a los colombianos interesara,
diré que si, que desciendo de una familia de esas llamadas de toda la vida,
gente decente, donde vivir y hablar era parte de una trama para hacer de ambas
una expresión de la cultura. Yo tengo un bisabuelo, que como muchos de sus
paisanos franceses que iban a otras partes y no sabían hacer nada, hacía
trenes; tengo un bisabuelo andaluz, pero nací en Barcelona. Lo cierto es que
más que a mis padres, los recuerdos de mi niñez se remontan a mi nana, que se
llamaba Modesta Madridano. A nosotros nos criaron las
domésticas, que llaman ustedes en América. Mi padre Luís Gil de Biedma y
Becerril era un empresario que trabajaba con grandes consorcios de la época. Le
gustaba la equitación, la velocidad, tenía motos y fabulosos automóviles de
moda. Se había recibido de abogado en Madrid, tocaba al piano y cantaba piezas
de jazz. Estuvo un tiempo durante la guerra colonial en Marruecos pero luego
regresó a Madrid y abrió una casa en Segovia, en
- Y su
madre….
- Mi
madre era de Valladolid, y estudió en Inglaterra. María Luisa Alba volvió a
España tras el fin de la guerra del catorce, era una mujer progresista, y mas
que española era inglesa. No creo que eso tenga mucho interés a la hora de
hablar de literatura… Pero quizás le guste enterarse que mi abuelo Santiago
Alba y Bonifaz fue periodista, diputado en Cortes y gobernador de Madrid,
además de ministro de Marina, de Hacienda, Gobernación, etc. Primo de Rivera lo
obligó al exilio, luego regresó cuando la república y Niceto Alcalá Zamora le
confió la formación de un nuevo gobierno, con el asesinato de Calvo Sotelo abandonó otra vez el país…
- Me
dice que la guerra civil la pasó en un pueblo cerca de Segovia…
- Si,
Durante
la guerra no hice otra cosa que leer y disfrutar de los paisajes. La guerra me
permitió aprender a leer, aprender a releer, a pensar sobre lo leído y a
recitar de memoria largos poemas, como ya casi no hacían muchos de los
intelectuales de ese tiempo. Las misses que nos
educaban nos llevaban de continuos paseos, así aprendí a amar la naturaleza, a
saber de la belleza de los árboles y las aves. Pero también recuerdo los
cientos de balas que recogíamos en los caminos o los cadáveres de los muertos
en los combates o en los cementerios.
- Sin embargo,
a la hora de estudiar, hizo derecho…
- Si,
los hijos de la clase vencedora hacían derecho; filología y filosofía eran
asunto de señoras o de monjas, derecho permitía saber de unas cosas como de
otras, o ir de unas a otras de manera cómoda. Además las gentes de mi clase
estudiaban derecho, en mi familia hubo siempre una tradición de abogados, de
políticos, de empresarios. No creo que mi padre hubiese visto con buenos ojos
el que yo estudiase Filosofía y Letras, pero aquello también fue un fracaso. Yo
venía de un colegio afrancesado, libertario por decir lo menos, y me encontré
con una universidad confesional, de meros trámites para titulares, controlada
por fascistas. De no haber hecho amistad con Alberto Oliart
o Carlos Barral o José Agustín Goytisolo quizás otra
habría sido mi historia en esa universidad…
- Fue
entonces, en esos años, cuando se hizo poeta…
- Yo
decidí hacerme poeta desde muy joven, cuando tenía diecinueve años, pero mis
poemas se publicaron diez años después; no se por qué, pero esa fue mi decisión
y un día de esos, luego de haber leído y bebido toda la poesía del mundo,
escribí mi primer poema. Primero me eduqué en la poesía del Siglo de Oro, en el
simbolismo francés, me leí todo Baudelaire y toda la
poesía española del 27. Hacer poesía fue para mí una manera de construirme un
muro contra el mundo exterior, una
suerte de andamio contra mis propias debilidades interiores. Luego, cuando a
partir de los años cincuenta me interesé por la poesía social, fundé mi propia
voz, una voz que luego no he querido dilapidar, repitiéndome. Usted sabe que yo
he escrito poco, pero lo cierto es que en algún momento, tras prolongadas
imitaciones de voces y formas, alcancé no el poema sino la poesía, una voz, un
tono que me hacía idéntico a la imagen que había querido crear de mí ante los
otros. Pude saber cuáles eran mis sentimientos, y que deseaba hacer en mi vida.
Eso sucedió cuando viví mis primeros treinta años, cuando escribí Moralidades.
En esos años yo guardaba como un secreto, en mi cuerpo, esos poemas, y me
negaba a ponerlos por escrito, iba con ellos como un tesoro oculto de un
pirata, como unas joyas que nunca iría a mostrar a otros, como aquel vendedor
de orfebrerías que hay en un poema de Kavafis, que
mira cada tarde antes de cerrar la tienda y no muestra a sus clientes, algo así
como cuando se hace el amor y se retarda el orgasmo…
- ¿Por
qué esos poemas llevan ese título de Moralidades, no es una contradicción con
su tiempo y su manera de ser y pensar?
- Las
moralidades, que gozaron de gran popularidad en la edad media, son dramas que
se representaban en los atrios de las iglesias y catedrales y respondían al
propósito de
- Hay
quienes dicen que siendo usted catalán su patria es el español y su alma es
inglesa, aparte de tenerlo como un aristócrata de izquierdas…
- Esas
deben ser deducciones suyas propias Alvarado. No he oído que nadie en España diga algo así.
Para
fomentar sus impertinencias voy a decirle que los Gil descienden de Alonso Gil,
un caballero del rey Ramiro del reino de León. Gil quiere decir El Elegido o El
Defendido, pero también hubo Gil en los reinos de Valencia, o en Andalucía. Mi
abuelo Gil y Becerril casó con una Biedma y Oñate y a él se le ocurrió
solicitar licencia para que sus vástagos usaran los dos apellidos fungidos en
uno y desde entonces nos llamamos Gil de Biedma.
Mi
lengua materna es el castellano, y en él he escrito todo. Pero mis apellidos
tampoco son catalanes, en mi familia no se hablaba catalán y como le he dicho
la guerra la pasé en Castilla y luego de la guerra, al volver a Cataluña, el
catalán estuvo prohibido por años. Cuando hablo el poco catalán que conozco me
avergüenzo de mi acento. Además yo aprendí inglés y francés antes de hablar
catalán. En Inglaterra viví algunos meses durante los primeros años cincuentas,
en una vieja casona de Eaton Place y como bien puede
darse cuenta en su ignorancia yo visto y bebo como un inglés. Estuve en Oxford
haciendo unos cursos de económicas, pero en verdad lo que descubrí en
Inglaterra fue a Auden primero y luego a Eliot y a William Epson y Mathiew Arnold. Cuando fui a
Inglaterra yo estaba intoxicado por la poesía de Aleixandre
y la de Guillén. En inglés leí entonces a Spender y
aun cuando había leído ya a Eliot en las versiones de
Gaos, fue en Londres cuando pude darme cuenta de la
magnitud de su obra, de la grandeza de su musicalidad, de su prosodia.
- Ángel
González me dijo que usted era de izquierdas pero ya no ejercía…
-
¿Cómo? Usted cree que con esta cabeza de romano, calvo, y con estos ojos
azules, soy una suerte de terrorista oculto, o ¿qué? Pero si habré sido,
digamos, marxista. De militancia nada, nunca he militado con nada ni con nadie.
Yo no creo en esa tesis de que los intelectuales deben meterse a políticos, una
cosa son los políticos y otra los intelectuales. Por eso un intelectual
trajeado de político es un elemento peligroso, casi siempre terminan siendo
tiránicos, sectarios, fanáticos del centralismo democrático y la tesis del
partido único. Yo habré sido en cierto momento marxista, me atraía mucho el
análisis marxista de la historia, ese arte de anunciar el pasado que decía
Valera a partir de la consideración de Marx sobre
aquello de que la anatomía del mono solo era compresible a través de la
anatomía del hombre. Pero el marxismo es una doctrina difunta, como la novela,
un asunto del ayer, de nuestro ayer. Queda sin embargo la ideología, las ideas
que gestó, esa manera de sustentar la rebeldía del hombre contra los opresores,
eso que uno entiende bien en países como el suyo, del Tercer Mundo, como
Filipinas o Cuba. Incluso creo que mis lecturas y aficiones marxistas han
quedado en algunos de mis poemas de esos años, pero si, creo que sigo siendo de
izquierdas, y a veces, incluso en las noches, ejerzo, ejerzo…
- Ese
poema El arquitrabe….
- Ese
poema lo hice para divertirme, para burlarme digamos de Franco, nada mas hay
allí, y lo entendieron muy pocos, o nadie…Además el paso del tiempo lo ha ido
desdibujando, ahora no debe entenderlo nadie, en aquellos años, era divertido
recordarle…
-
Pasemos entonces a un tema que le seduce: la poesía…
- No
creo que podamos definir la poesía, diría mejor que poesía es esa sensación de
bienestar, de placer, de gozo que siente alguien cuando se lee, en voz alta, un
poema. La poesía no es precisamente lo que sucede cuando se escribe el poema,
poesía es el acto de ejecutar el poema. Un poema se hace para ser leído. El
poema es poema mientras se lee porque es tiempo y tempo…
- Y ese
hecho indefinible, ¿qué produce en el ejecutante y en el oyente, acaso el mismo
efecto de la música, de la melodía?
-
Pareciera que a partir del siglo XVII, la rotura de lo meramente narrativo que
imperaba en el poema épico o el teatral, hubiese creado una separación entre el
signo y sus valores, afectando nuestras sensibilidades de manera tal que ahora el
poema nos conduce a una certeza de la fragilidad existente en la propuesta de
realidad que hace el comercio y las ideologías. La poesía, el acto de ejecutar
el poema, quiebra la verdad de las asociaciones que nos vende el mundo
contemporáneo. La poesía ofrece imágenes del mundo, ni contradictorias ni
univocas, que son la otra realidad, ni verdadera ni falsa, pero otras
realidades. Unos saberes y conciencias de que la
llamada realidad es apenas una creación del sujeto, de nosotros que deseamos el
mundo…La poesía entonces es uno de los instrumentos mas eficientes para abolir
aduanas, para derruir lugares de observación y vigilancia, para derribar las
costumbres y las modas y nos hace entrar en una verdadera comunión entre las
palabras y los hechos, las palabras y lo que ellas nombran…
- Pero
si la realidad es una falacia cómo es que usted es un poeta de la experiencia,
de la memoria de una realidad no conocida, ficticia...
-
Tampoco debe olvidar que nada hay más artificial que la escritura. Escribimos
porque somos entrenados en ese artilugio que pretende asir la realidad, como
recuerdos o como actos del presente. Pero para poder transmitirlos y hacerlos
poesía hay que crearlos, extraerlos de la manga del mago, del demiurgo, del
poeta. Cuando hablamos de poesía de la experiencia no hablamos de contar lo que
le ha pasado a uno, de una suerte de cotilleo de la vida nocturna de ayer, de
las posturas amorosas del año pasado, poesía de la experiencia es escribir un
poema donde la voz que se escucha cuando se ejecuta el poema sufre la vida,
padece la existencia, hace sentir el recuerdo del placer o el dolor de las
separaciones… Algo así como decía ese poeta inferior llamado Auden, la poesía de la experiencia es un anteproyecto
verbal de la vida pasada o por vivir…
- Ahora
hay en España muchos jóvenes poetas que le admiran, pero hay muchos más que le
imitan…
- Es
lamentable, eso no existía en mi juventud. Nosotros no aspirábamos al éxito
social con la poesía, era otra cosa. El mundo editorial ha cambiado la condición
de los poetas, hoy es posible ganar fama y fortuna y seguir siendo muy mal
poeta, hay cientos de premios, de concursos, de verdaderas canonjías, que
terminan por fomentar gildas poéticas, camarillas
mafiosas…Y ciertamente es una vergüenza que haya tanto admirador suelto por
allí. Al principio me halagaba oír que me citaban por la radio o alguien se
acordaba de un poema o una línea mía, pero una cosa es la gente o el lector
común y otra el gremio de los poetas y los escritores profesionales, aduladores
de oficio…
- Mil
gracias, querido y admirado poeta…
- De
nada don Haroldo, de nada…

Poemas
NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
"Poemas póstumos" 1968
PANDÉMICA Y CELESTE
quam magnus numerus Libyssae arenae
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos
hominum uident amores.
Catulo, VII
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh
noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée
à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
A UNA DAMA MUY JOVEN, SEPARADA
En un año que has estado
casada, pechos hermosos,
amargas encontraste
las flores del matrimonio.
Y una buena mañana
la dulce libertad
elegiste impaciente,
como un escolar.
Hoy vestida de corsario
en los bares se te ve
con seis amantes por banda
-Isabel, niña Isabel-,
sobre un taburete erguida,
radiante, despeinada
por un viento sólo tuyo,
presidiendo la farra.
De quién, al fin de una noche,
no te habrás enamorado
por quererte enamorar!
Y todo me lo han contado.
¿No has aprendido, inocente,
que en tercera persona
los bellos sentimientos
son historias peligrosas?
Que la sinceridad
con que te has entregado
no la comprenden ellos,
niña Isabel. Ten cuidado.
Porque estamos en España.
Porque son uno y lo mismo
los memos de tus amantes,
el bestia de tu marido.
ALBADA
Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer,
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.
Despiértate pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
Es el amanecer.
Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos de las Ramblas,
y silbarán los pájaros -cabrones-
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.
Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba
en la noche de ayer,
y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.
Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.
-Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarte cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.
AMISTAD A LO LARGO
Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
Mirad:
somos nosotros.
Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
-ésas que ya no dicen cosas-,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.
Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

AMOR MÁS PODEROSO QUE
La misma calidad que el sol de tu país,
saliendo entre las nubes:
alegre y delicado matiz en unas hojas,
fulgor de un cristal, modulación
del apagado brillo de la lluvia.
La misma calidad que tu ciudad,
tu ciudad de cristal innumerable
idéntica y distinta, cambiada por el tiempo:
calles que desconozco y plaza antigua
de pájaros poblada,