Jaime Gil de Biedma

 

Jaime Gil de Biedma y Alba (n. Barcelona, 13 de noviembre de 1929 - † Barcelona, 8 de enero de 1990) fue un poeta español, uno de los autores más importantes de la Generación del 50.

 

 

Biografía

 

            Nacido en 1929 el seno de una familia de la alta burguesía castellana, su padre se trasladó a Barcelona para trabajar en la Compañía de Tabacos de Filipinas.

 

            Gil de Biedma estudió Derecho en Barcelona y en Salamanca, donde obtuvo la licenciatura en dicha materia. Su poesía evoluciona desde los primeros poemas intimistas de Las afueras al compromiso social de Compañeros de viaje. Al mismo tiempo es una poesía que evita constantemente el surrealismo y busca la contemporaneidad y la racionalidad a toda costa a través de un lenguaje coloquial, si bien desnudo de toda referencia innecesaria. Verdadero exponente de lo que se suele denominar una doble vida, Biedma desarrolla actividades empresariales (su padre le introdujo en el negocio tabaquero familiar) y al mismo tiempo coquetea intelectualmente con el marxismo y su vida interior queda por completo marcada por su condición de homosexual, circunstancia que, en el seno de su profundo pesimismo, le va a llevar a vivir al límite toda una serie de experiencias íntimas autodestructivas.

 

            Si bien hasta entonces había sido un gran lector de poesía francesa, en particular de Charles Baudelaire, en 1953 se trasladó a vivir a Oxford, lo que le puso en contacto con la poesía anglosajona del momento, hecho que ejercería la influencia más determinante en su obra posterior. A partir de 1955 trabaja en la empresa de tabacos de su familia. En 1959 publica Compañeros de viaje, que juntamente con Moralidades (1966) integra la parte más social de su poesía, con piezas llenas de denuncia política en las que evoca la hipocresía burguesa, la miseria que presidía el sistema capitalista, la opresión del pueblo por la España franquista y la discriminación de la mujer.

 

            En 1965 aparece A favor de Venus, una colección de poemas de amor impregnados de erotismo, y en 1968, por último, publica Poemas póstumos. A partir de entonces Biedma publicará diversos poemas en revistas literarias, así como unas memorias: Diario de un artista seriamente enfermo.

 

            En 1974, Biedma padeció una crisis que le lleva a dejar la vida literaria y se recluye en un férreo Nihilismo. El determinismo de una sociedad incapaz de cambiar su historia y el conformismo y desencanto que impregna el mundo intelectual de izquierdas después de la transición a la democracia le abocaron a la desesperación. Fracasaron sus esfuerzos por sobrevivir a la apatía del conformismo burgués del que no aconsejaba escapar. Esta crisis es fácilmente visible en su evolución literaria. El desasosiego burgués que en un principio le lleva a abogar incluso, en alguno de sus poemas, por un cambio social, un relevo de clases que transforme las estructuras de poder y acabe con el sistema capitalista, acaba produciendo en él una actitud nihilista. La idea determinista de la incapacidad del pueblo español para cambiar su historia, del conformismo que tras la transición impregna a todos los sectores de la sociedad le hace perder sus esperanzas. De una actitud quizá más relacionada con el existencialismo de Sartre, en quien unos ven ociosidad burguesa y otros (como Kosik) ven las ideas de la revolución impregnadas de romanticismo, Gil de Biedma pasa a la desesperación más completa. Así, el paso del "nosotros" al "yo" en su obra le lleva a cuestionarse su propia vida, su capacidad de sobrevivir a la apatía del conformismo burgués del que tanto había huido y en el que acaba cayendo de bruces. Todo ello le lleva a abandonar prácticamente su producción literaria hasta su muerte por sida el 8 enero de 1990, al lado de su último compañero, el actor Josep Madern. Sus restos fueron incinerados.

 

            Miembro destacado de la llamada Escuela de Barcelona, se relacionó con sus componentes Gabriel Ferrater, Carlos Barral, seguramente el más sólido de ellos, y Juan Marsé, que no es estrictamente de esta generación, y se carteó con uno de sus modelos, el poeta de la Generación del 27 Luis Cernuda. En su obra poética recurrió al coloquialismo y a la ironía para destacar asuntos sociales y existenciales y, aún cuando no es muy extensa, se ha considerado como una de las más interesantes de su generación, la de los llamados poetas sociales de la España de los años cincuenta. También escribió algunos ensayos literarios.

 

 

biografía en catalán

 

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) és el poeta més venerat de la generació del 50. Jaime Gil de Biedma neix a Barcelona en 1929 en el si d'una família acomodada. La seva poesia, de gran contingut social, va desembocant en un pessimisme que comença per ser existencialista i acaba en el més profund dels nihilismes. Alt càrrec de la Companyia de Tabacs de Filipines, el fet de portar una vida burgesa xocava, ja no només amb la simpatia que mostrava davant el marxisme i els autors marxistes als que solia llegir, sinó amb el fet de ser homosexual en una societat assentada sobre el concepte hipòcrita de família burgesa. La seva carrera literària comença cursant els seus estudis de Dret a la Universitat de Barcelona i la seva obra es veu influenciada per la poesia anglosaxona, els simbolistes francesos (concretament Baudelaire), la literatura medieval i per un autor cap al que sent una gran afinitat poètica: Cernuda. Un dels aspectes que ressalten en la seva obra, i en la obra de la majoria dels seus contemporanis, és la fugida del surrealisme i la defensa de la racionalitat. Això comporta a que la seva poesia sigui sovint bastant crua i directa, desfent-se de tot tipus d'imatges innecessàries, encara que sense perdre el sentit poètic. D'aquí fonamentalment la seva denominació de "poesia de l'experiència". En 1959 publica Compañeros de viaje, que juntament a Moralidades (1966) conformen la part més social de la seva poesia, amb poemes plens de denúncia política on la hipocresia, la misèria del sistema capitalista, l'Espanya oprimida i la discriminació de la dona són temes principals. En 1965 publica A favor de Venus, poesia amorosa impregnada d'erotisme, i en 1968, per últim, apareix la seva obra Poemas póstumos. A partir d'aquí l'autor publica diversos poemes en revistes literàries, així com les seves memòries (Diario de un artista seriamente enfermo, 1974), però pateix una crisi que el porta a prendre la decisió de deixar a un costat la seva vida artística. Aquesta crisi és fàcilment visible en la seva evolució literària. El desassossec burgès que en un principi el porta a advocar fins i tot, en algun dels seus poemes, per un canvi social, un relleu de classes que transformi les estructures de poder i acabi amb el sistema capitalista, acaba produint en ell una actitud nihilista. La idea determinista de l'incapacitat del poble espanyol per canviar la seva història, del conformisme que després de la transició impregna a tots els sectors de la societat li fa perdre les seves esperances. D'una actitud potser més relacionada amb l'existencialisme de Sartre, en qui uns veuen ociositat burgesa i altres (com Kosik) veuen les idees de la revolució impregnades de romanticisme, Gil de Biedma passa a la desesperació més completa. Així, el pas del "nosaltres" al "jo" en la seva obra el porta a qüestionar-se la seva pròpia vida, la seva capacitat de sobreviure a l'apatia del conformisme burgès del que tant havia fugit. Tot això el porta a deixar pràcticament d'escriure fins ara de la seva mort. Així, en 1990, mor de SIDA un dels millors poetes de la nostra història més recent. Entre les seves traduccions destaquen les d'obres de T.S. Eliot i Christopher Isherwood.


 

 

 

 

Obras

 

Según sentencia del tiempo (1953).

 

Compañeros de viaje (Barcelona: Joaquín Horta, 1959).

 

Moralidades (1966)

 

Poemas póstumos (1968)

 

Diario del artista seriamente enfermo (1974), memorias.

 

El pie de la letra: Ensayos 1955-1979 (1980), Crítica, Barcelona

 

Las personas del verbo (1982), Seix Barral, Barcelona


 

 

 

D o c u m e n t a c i ó n

 

 

 

Artículo publicado en  La Vanguardia” el 01/12/04 por J.A. Masoliver Ródenas

 

La caja de Pandora

 

            Los poetas de la Escuela de Barcelona, como la ha llamado su máxima especialista y divulgadora Carme Riera, están unidos por un afán inicial común, por una estrecha amistad y por una clarísima conciencia de grupo. El tiempo les ha ido dando una más trágica cohesión: la voluntad de autodestrucción en casi todos ellos, con excesos que les conducen a una muerte prematura y al suicidio. Figuras que han entrado en el territorio de lo mítico y que invitan no sólo al estudio de su obra sino también de su persona. Si Carme Riera ha escrito un libro, La Escuela de Barcelona, que es un imprescindible punto de partida (y en muchos aspectos de llegada), algo parecido ocurre en el terreno de lo biográfico, con Los Goytisolo y, ahora, Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta de Miguel Dalmau (Barcelona, 1957). Un libro con un enfoque muy poco convencional en muchos sentidos, de modo que la agitada vida de Gil de Biedma se percibe, palpitante, en la estructura y en el lenguaje del narrador, no para identificarse mansamente con el poeta sino para aumentar la fuerza del retrato. Y si digo que no trata de identificarse es porque el autor es fiel a sus fuentes, y sus fuentes son la gente a la que ha entrevistado: “Este libro es fruto de numerosas conversaciones sobre Jaime Gil de Biedma”, nos dice explícitamente en el capítulo de agradecimientos. Y precisamente porque el autor no interviene, podemos percibir la contradictoria y conflictiva vida del poeta a través de las contradictorias versiones de quienes le conocieron como familiares, amigos o amantes. No hay aquí, pues, ni protagonismo ni mitificación. Por la edad, difícilmente podía Dalmau caer en el protagonismo, ya que no se basa en experiencias personales sino en testimonios ajenos. Podría haber caído en la mitificación (al fin y al cabo el grupo de Barcelona invitaba a que así fuera) y en cambio ha elegido el camino más eficaz y original: el de crear una figura dramática y, por lo tanto, sin caer en la investigación literaria (la bibliografía no engaña), revelar la calidad dramática de la poesía de Gil de Biedma. Por supuesto, no haber sido testigo directo crea algunos problemas: hay algunas inexactitudes (el Boliche no estaba en el Paseo de Gràcia, ni se popularizó el apelativo de los Biedma para sus admiradores: eso me lo inventé yo en mi Beatriz Miami incluida por Dalmau en su bibliografía) y los que vivieron aquella época tal vez echen a faltar la inmediatez de los recuerdos. Y el hecho de que no acuda a fuentes literarias lleva también a inexactitudes (por ejemplo, decir que Castellet no incluyó a Leopoldo Panero y a Rosales en su antología). Pero ninguna de estas imperfecciones afecta al conjunto del libro. Dalmau ha aprovechado su experiencia como biógrafo y crítico literario, pero asimismo su experiencia como novelista. La estructura, concebida como un tríptico inspirado en un tríptico de Francis Bacon que, para Gil de Biedma, parecía resumir la historia de su propia vida, “como si Bacon hubiera sabido expresar las obsesiones secretas de su tormentosa vida privada”. El primer panel se centra esencialmente en la biografía del escritor, el segundo en su obra poética y el tercero en su vida amorosa. En cada panel hay un orden cronológico, pero que se superpone con el de los otros paneles. Hay por supuesto un peligro, el de la reiteración. Es el peligro de quien ha querido correr todos los riegos para salirse de las biografías convencionales. Pero los aspectos positivos son incuestionables: a modo de una pintura cubista, vemos simultáneamente las distintas perspectivas que nos permiten captar la complejidad toda del personaje en lugar de una superficie plana. Pues de eso se trata, de revelarnos la vida del poeta. Y el tono narrativo propio de la novela permite establecer un lazo comunicativo con el lector y estimular la imaginación o percepción de lo narrado. Esta capacidad narrativa y dramática en ocasiones se le escapa de las manos y cae en el efectismo. Al hablar del signo astral del poeta, por ejemplo. Pero el resultado del conjunto es espectacular por lo que tiene de vivo, conmovedor y estremecedor. Gil de Biedma nace en el lujo, lo necesita y lo detesta, tiene el talento y el tesón de un alto ejecutivo y lleva una vida nocturna desenfrenada en una espiral autodestructiva, vive una relación conflictiva con un padre atormentado, vive descaradamente la homosexualidad y la oculta a su familia y en su trabajo. El tema del secreto es aquí un motivo recurrente. El secreto y la culpa, el hedonismo y la destrucción. Tal vez echemos a faltar en el primer panel la presencia de las hermanas (tan presentes en las entrevistas), pero la lejanía de la madre es de gran eficacia dramática, por el empeño del poeta en que no descubra su homosexualidad y sobre todo el sida que le llevaría a la muerte. El panel más poderoso es, sin duda, el último. Pero los anteriores son imprescindibles para llegar a la intensidad de la vida más íntima, desenfrenada y desesperada de Gil de Biedma. Nos interesan los comentarios sobre sus lecturas y cómo descubrió a sus poetas más admirados, los comentarios sobre sus poemas, con pistas muy valiosas. Las relaciones de amistad y, sobre todo, las amorosas, muy especialmente, paradoja entre tantas paradojas, con las mujeres (Mené Rocha o Isabel Gil, la mítica Bel de la gauche divine) y el contacto muchas veces ambiguo con los jóvenes poetas, que repiten la lejana figura de los ambiguos admiradores de Aleixandre. Gil de Biedma a veces nos indigna con su señoritismo y su exceso de inteligencia corrosiva, pero Dalmau ha sabido llegar a lo más hondo de un personaje cuyo fondo es un pozo de misterio, y ha sabido rescatar lo más valioso de la persona y del poeta. Serán muchos los lectores que habrían preferido mantener este secreto como se empeñó en mantenerlo Gil de Biedma. Sobre todo la gente que estuvo más cerca de él. Y también algunos que no lo estuvimos tanto. Pero lo que Dalmau desmiente, siempre a favor del poeta, es fruto de su investigación. Y lo que revela, es siempre fruto de personas que estuvieron muy cerca de Gil de Biedma, empezando por sus hermanas. Y, en todo caso, hay aquí una grandeza baudelairiana que el lector de su poesía, y no sólo el morboso lector de una biografía, necesitaba.

 

 

Artículo publicado en  “El País” por Rosa Mora el 07/11/04

 

La vida atormentada de Gil de Biedma

 

Ejecutivo de día y explorador de los bajos fondos de noche, Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) vivió, como él decía, "una esquizofrenia controlada", que a menudo se descontroló en una carrera hacía el abismo. Fue, es, uno de los mejores poetas de la generación de los cincuenta. De producción escasa, pero de una intensidad y cuidado formal extraordinarios, abrió el camino de la actual poesía de la experiencia. Han tenido que pasar casi 15 años de su muerte para que aparezca la primera gran biografía: Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta, de Miguel Dalmau. El biógrafo desvela el secreto que marcó su vida y pone de manifiesto que su poesía fue, sobre todo, autobiográfica. Tenía una poderosa inteligencia, era seductor, elegante con un toque anglosajón, buen conversador, de enorme cultura, prodigiosa memoria, era brillante, tenía sensibilidad y ternura, dominaba idiomas, era cosmopolita y, además, sentía curiosidad por todo. Desarrolló una dialéctica mortífera que llegó a ser leyenda y que, en ocasiones, le convirtió en un enemigo temible. Fustigó hasta la crueldad a cuantos a él se acercaron, sobre todo a los jóvenes poetas que le pedían consejo. Nadie, excepto quizá Ana María Moix y Juan y Joaquina Marsé, escaparon al dardo de su palabra, ni siquiera su muy querido Carlos Barral. Gabriel Ferrater fue su sparring perfecto. Era de sexualidad potente y vigorosa, que, en combinación con el alcohol, le llevó a abismos sin límite y a una carrera hacia la destrucción. Fue, es, sobre todo, uno de los grandes poetas de la generación de los cincuenta, que abrió rutas literarias con apenas 80 o 90 poemas de enorme intensidad y rara perfección formal. Pero tenía un secreto que marcó su vida. Ahora, cuando se cumplen 75 años de su nacimiento -el próximo 13 de noviembre- y casi 15 de su muerte -el 8 de enero de 2005-, aparece Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta, la primera gran biografía del poeta. La publicará Circe y saldrá el 20 de este mes. Su autor es Miguel Dalmau, el mismo que fue finalista del Premio Anagrama de ensayo con Los Goytisolo. Dalmau ha reunido más de cien testimonios, de familiares, amantes y amigos, y más de cincuenta fotografías, en su mayoría inéditas.

 Ha sido una investigación ardua y no exenta de dificultades, pero el resultado es un libro que nadie de quienes aman la poesía de Gil de Biedma querrá perderse. Dalmau desvela el misterio que rodeó su vida y pone de manifiesto que su inventado personaje poético es falso. Su poesía es pura autobiografía. Dalmau reconstruye la figura de Jaime Gil de Biedma desde tres puntos de vista: su trabajo en la Compañía de Tabacos de Filipinas, la poesía y el amor.

 

Pregunta. ¿Cómo era en realidad?

Respuesta. Tenía un conflicto brutal consigo mismo. Se odiaba tanto que el odio le desbordaba. El alcohol podía convertirle en un enemigo temible. Jugaba a ser diferentes personajes, el de señorito que se autofustigaba, el de ejecutivo, el de amante...

 

P. ¿Por qué se odiaba tanto?

R. Tenía su versión oficial: "Me odio a mí mismo porque tengo que envejecer, porque tengo que morir". Yo creo que ese odio parte de un trauma de su infancia que no es otro que el de su despertar al sexo. Sufrió abusos sexuales en la infancia y en la adolescencia por una persona de confianza de su círculo íntimo. Y si en aquel contexto histórico y social el sexo ya era un tabú, el contra natura, como se decía, era doblemente castigado. Su odio nace del sentimiento de culpa.

 

P. No es ésa la imagen que da en los poemas en que recuerda su infancia.

R. Blindó sus poemas para que nadie remotamente dudara de que su infancia había sido inmensamente feliz. Todo eso del personaje poético que se inventó es mentira. "No soy yo", decía, "el que habla en los poemas, es un personaje poético". Lo hacía para tranquilizar a la familia, sobre todo a su madre. Como dice Francisco Rico, su poesía es "directa y descarnadamente autobiográfica". Jaime Gil de Biedma nació el 13 de noviembre de 1929 en Barcelona. Su padre era hijo de un senador conservador, y su madre, de familia liberal -su padre había sido ministro de diversos Gobiernos antes de la guerra-. Al poeta le pusieron de nombre Jaime en recuerdo de un hermano que así se llamaba y que murió antes de que naciera él. Eso no gustó demasiado a Tatón o Jaimito, como le llamaban en casa. Para sus compañeros de colegio era Croqueta, porque era gordito. Su madre, Luisa Alba, puso todas sus esperanzas en él, era el elegido que había de recoger la antorcha del abuelo ministro. Su padre, Luis Gil de Biedma, se conformaba con menos: quería que entrara en la Compañía de Tabacos de Filipinas, en la que él ocupaba un alto cargo. Estudió Derecho. ¿Cómo era Jaime Gil en aquel otoño de 1946, cuando llegó a la facultad? Un estudiante de muy buen aspecto, bien trajeado, con un pañuelo en el bolsillo de la americana y un prendedor de oro en la corbata. "Pocos iban así a la facultad: sólo los hijos de la high society de Barcelona", cuenta en el libro Alberto Oliart. Dio a las tertulias de la universidad "un irritante tono aristocrático", según Barral. No acabó la carrera en Barcelona, sino en Salamanca; según decía él, porque era una universidad más importante; según su biográfo, porque huía de un amor que no prosperó. En Barcelona le "descubrió" Fabián Estapé, entonces un joven profesor auxiliar y un auténtico cazador de talentos. Le introdujo en la economía política y también en la literatura y la filosofía. Gil de Biedma dilató cuanto pudo su incorporación a Tabacos de Filipinas. Acabados los estudios quiso ser diplomático, pero no funcionó. "Perpetró una boutade digna de Dalí cuando le pidieron que glosara por escrito los encantos de aquella ciudad que como aspirante a diplomático encarnaba sus ideales", escribe Dalmau. Mientras los otros opositores cantaban las excelencias de los bulevares de París o de los parques de Londres, "él redactó una impecable composición dedicada al pueblo de Arévalo". Finalmente, tras una larga estancia en el Reino Unido y París, entró, con enchufe, en Tabacos de Filipinas, pero pronto fue muy valorado por sus jefes. Tuvo una iniciación tardía a la poesía y siempre fue muy honesto al evocar las circunstancias de su nacimiento poético: "Tenía unas copas encima y me di cuenta de que podía ser poeta porque tenía en la cabeza un poema". "Rompió a la poesía", como dice Estapé, en 1949. Ese año en que escribió su primer poema fue muy especial para él. Quiso compartir un secreto que le atormentaba, su homosexualidad. Se lo contó a Barral y a Estapé. El primero le respetó aún más por la valentía de admitirlo. El segundo le aconsejó que escribiera poesía, sobre todo sonetos. También se lo confesó a Oliart: "Jaime me contó que era homosexual; exactamente me dijo que podía hacer el amor con las mujeres, pero que sólo se enamoraba de los hombres; que su iniciación en las prácticas homosexuales había empezado a los tres años, edad en que una persona mayor lo utilizaba para sus prácticas sexuales". ¿Quién fue esa persona? Dalmau opina que es mejor no escarbar en esa terrible historia. El biógrafo aporta abundantes testimonios de que el poeta era bisexual. Por su vida pasaron interesantes mujeres: Mené Rocha, culta, inquientante, independiente, de la que fue inseparable durante uno de sus viajes a Filipinas. Isabel Gil Moreno de Mora, a quien dedicó el poema A una dama muy joven, separada, y con la que incluso pensó en casarse. Natacha Seseña, con quien tuvo una sintonía inmediata. "Tenía una sexualidad desesperada, transgresora, urgente", explica Dalmau. "En esto era muy parecido a Pasolini". El exceso de alcohol y una vida sin límites llevaron al poeta a situaciones muy complicadas. Le hicieron chantaje e incluso se lo hicieron a su padre. Sufrió depresiones y crisis, intentó suicidarse en dos ocasiones. Contrajo tres veces la sífilis, se contagió de sida, vivió escenas de enorme violencia con chaperos... Y tuvo grandes amores, como Jorge Vicuña (nombre supuesto) o Pep Madern, al que nombró heredero universal. "Nunca cerraba capítulos de su vida. Creó una especie de familia paralela integrada por sus ex amantes a los que llamaba siempre que necesitaba", dice Dalmau. "En el libro los amantes fallecidos aparecen con su nombre real, y los que aún siguen vivos, con nombre supuesto". Asumir y practicar su homosexualidad no le fue fácil. Manuel Sacristán, por ejemplo, le negó el ingreso en el Partido Comunista, algo que el poeta deseaba muchísimo. "Sólo la torpeza de algunos responsables de política cultural del PC que rechazaron la solicitud de Jaime para ingresar en sus filas le salvó de cometer lo que hubiese sido una torpeza aún mayor", dice Ángel González en el libro. Pero el poeta acusó este nuevo revés. La complicada vida amorosa de Gil de Biedma es sólo una parte del libro. Dalmau documenta exhaustivamente todos sus poemas: cómo, cuándo y en qué circuntancias fueron escritos. La obra del poeta se resume prácticamente en tres libros: Las personas del verbo, Al pie de la letra y Retrato del artista en 1956 , ampliación y versión definitiva de Diario del artista seriamente enfermo (1974), que por voluntad expresa de Gil de Biedma fue publicado un año después de su muerte.

 

Pregunta. Gil de Biedma, en castellano y Gabriel Ferrater en catalán, señalaron el camino de la poesía de la experiencia.

Respuesta. Gil de Biedma trascendía la anécdota. A diferencia de la actual poesía de la experiencia y sin quitarle valor, sus poemas no fueron circunstanciales, fueron experiencias reposadas como el buen vino con el tiempo. Hay algo muy claro: no le gustaba la poesía homosexual de reivindicación y anecdótica...

 

P. ¿Qué le interesaba?

R. El mundo de relaciones que se establecen entre dos personas que se aman, el ciclo completo de una relación amorosa.

 

P. ¿Cómo definiría su poesía?

R. Recoge cinco siglos de la mejor tradición poética española; incorpora la tradición inglesa de los años treinta, como Auden o Eliot; también el acervo popular, elementos de rock y de pop, la canción francesa, la zarzuela... Y a eso se añade un extraordinario conocimiento del idioma.

 

P. ¿Y la poesía social?

R. Escribió algunos, como Asturias, 1962, que sobreviven bien. Hubo un cambio radical en los sesenta, con la llegada del turismo. El paso de la España rural a la urbana es el certificado de defunción de su poesía social.

 

P. "Mi infancia eran recuerdos de una casa..." o "Yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el tenis", del poema Infancia y confesiones, recuerdan a Machado y a Alberti.

R. Era un grandísimo lector. Él hubiera odiado la palabra intertextualidad, hubiera preferido "préstamos literarios". Lo asimiló todo, como ya he dicho. Se puede decir que lo que hizo Cortázar con la prosa en español, lo hizo él con la poesía.

 

P. ¿Por qué dejó de escribir tan pronto?

R. Se han dado muchas explicaciones. Según Juan Goytisolo, no pudo sobrevivir a la abolición de la censura, la suya era una literatura de máscaras. Otros afirman que su ciclo poético se había agotado. Él mismo se destruye en "Contra Jaime Gil de Biedma" y se ve muerto en "Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma". Yo creo que no dejó nada por decir.

 

P. ¿Cuál era su poema preferido?

R. No volveré a ser joven. "Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante-. Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer, morir, eran tan sólo / las dimensiones del teatro-. Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, / es el único argumento de la obra". La poesía de Gil de Biedma quedará, por encima de todo, para siempre.

 

 

Artículo publicado en “La Vanguadia” el 19/06/02 por Juan Antonio Masoliver Ródenas

 

Dialogando con Gil de Biedma

 

            Conversaciones recupera las entrevistas y conversaciones con Jaime Gil de Biedma (1929-1990) aparecidas en periódicos y revistas de 1950 a 1990, para ampliar de este modo el perfil biográfico y estético condensado en tres expresiones de su breve obra: los poemas de Las personas del verbo, las páginas autobiográficas del “Diario de un artista seriamente enfermo” y los ensayos de El pie de la letra. Esta amplia gama de diálogos es interesante porque no sólo refleja la evolución de las ideas del poeta sobre aspectos centrales de su personalidad y de su persona o sus personas poéticas, sino que permite asimismo ver reflejado el testimonio de distintas generaciones: amigos cercanos como Juan Marsé o Jaime Camino, colaboradores como Àlex Susanna, expertos en su obra como Carme Riera, periodistas como Maruja Torres o escritores jóvenes como Benjamín Prado.

 

            El prólogo de Pérez Escohotado resulta insuficiente. Habría sido más útil una introducción general sobre el poeta en la línea de la que escribió Carme Riera para la edición de Lumen a Las personas del verbo. Lo que echamos a faltar en la introducción es una visión general del mundo de Gil de Biedma, una “historia” de las entrevistas y de los entrevistadores y un panorama de lo que el libro ofrece en su conjunto, tanto de lo nuevo como de las ideas ya conocidas, es decir, situar los textos en un contexto. No todas las entrevistas tienen la misma calidad, ni en todas el entrevistado muestra el mismo interés.Con los más jóvenes (Leopoldo María Panero o Benjamín Prado) parece impacientarse. Hay narcisismo y complicidad, exhibición de esgrima intelectual y de sensualidad verbal en la conversación con Carlos Barral. Y en ocasiones (con Federico Campbell y, sobre todo, la entrevista con la redacción de la revista “Thesaurus”) una voluntad de ahondar en su obra poética y en sus ideas sobre la poesía.

 

            Por supuesto el orden cronológico crea una especie de “pathos” (del hedonismo de los primeros años al cansancio y al abandono de la poesía en los últimos) y le da una calidad narrativa. El hecho de que se hayan incluido tantas entrevistas (¿todas?: no se nos dice) le da variedad pero al mismo tiempo invita a las repeticiones, que aquí llegan a fatigar. Y alguna responsabilidad tendrán los entrevistadores si muy pocas veces aparece el brillantísimo conversador que fue Gil de Biedma. Brillantísimo y demoledor. La cortesía domina a lo largo del libro. Y es tal vez por cortesía o mojigato pudor que los entrevistadores se limitan a hablar de la sensibilidad homosexual a un nivel literario, centrada en Lorca y Cernuda, o no hurgan en su participación en la polémica antología de Castellet Veinte años de poesía española y la escandalosa eliminación de uno de los poetas más interesantes y prometedores, Alfonso Costafreda, de la que con toda la ligereza del mundo Gil de Biedma se declara responsable directo.

 

            Con todas sus digresiones, repeticiones, cautelas y falta de verdadera dialéctica, Conversaciones resulta un libro ameno y de especial interés para quienes no conozcan la obra de Gil de Biedma. Son importantes muchas puntualizaciones sobre su relación con la lengua castellana, frente a la catalana o la inglesa. “Si yo pudiera elegir, escribiría en catalán o en inglés. El castellano tiene una serie de inconvenientes alarmantes como lengua de poesía”, algo que inevitablemente preocupa a quien a lo largo de las conversaciones se muestra obsesionado por las exigencias de la modernidad y de encontrar una voz moderna a su propia poesía. Se entiende su identificación con Gabriel Ferrater y la celebración de la poesía medieval, de Foix y de la poesía inglesa, muy especialmente de Eliot (“un poeta por el cual siento la más absoluta veneración”) y de Auden (“es el poeta y escritor que más me ha influido”).

 

Reñido con la caridad

 

            Esta exigencia de modernidad y la necesidad (que comparte, por otro lado, con sus mejores amigos, Barral y Ferrater) de buscar unas lecturas que alimenten el afán renovador explica los elogiosos y lúcidos comentarios a Antonio y Manuel Machado, a Cernuda, a Guillén y hasta a Leopoldo Panero, pero también los comentarios críticos y los comentarios negativos, categóricos, perversos y muy personales a poetas como Pound (“su edad mental es de 15 años”), Juan Ramón Jiménez (“a los poemas de J. R. J. les falta contrastación, están escritos por recetas”, “no le considero un gran poeta”) o Blas de Otero (“este hombre es el varón de dolores, no hace más que llorar por España todos los días”).

 

Sabemos que la caridad no era una de las cualidades más notorias de Gil de Biedma. También sabemos que de la caridad sale muy poca poesía.

 

            Gil de Biedma parece haber limitado el espacio de sus preocupaciones para ahondar en ellas. No le interesa el cine y no hay referencias a la pintura o la música. Muy pocas a la novela. Las personas del verbo coinciden con las personas marcadas por el tiempo: el tiempo de la solidaridad, del hedonismo y de la sensualidad de origen sentimental, y el de la pesimista visión de la naturaleza humana y del miedo a la vejez y a la muerte que coincide con su pérdida de fe en la poesía. A estos ramalazos de intensa presencia humana y a las inteligentes y personalizadas opiniones y reflexiones sobre la poesía hay que añadir, aquí no del todo visible, el placer por las piruetas de la inteligencia hechas palabra, “jugando a esas cosas que nos gustan, que es hablar de lo que nosotros no sabemos”. Para escribir luego de lo hondamente conocido y vivido.

 

 

 

Entrevista con :

 

Jaime Gil de Biedma

 

por   Harold Alvarado Tenorio

 

- Usted desciende de notables familias catalanas y castellanas…

 

- Bueno, me parece un poco aburrido hablar de eso. Pero si a los colombianos interesara, diré que si, que desciendo de una familia de esas llamadas de toda la vida, gente decente, donde vivir y hablar era parte de una trama para hacer de ambas una expresión de la cultura. Yo tengo un bisabuelo, que como muchos de sus paisanos franceses que iban a otras partes y no sabían hacer nada, hacía trenes; tengo un bisabuelo andaluz, pero nací en Barcelona. Lo cierto es que más que a mis padres, los recuerdos de mi niñez se remontan a mi nana, que se llamaba Modesta Madridano. A nosotros nos criaron las domésticas, que llaman ustedes en América. Mi padre Luís Gil de Biedma y Becerril era un empresario que trabajaba con grandes consorcios de la época. Le gustaba la equitación, la velocidad, tenía motos y fabulosos automóviles de moda. Se había recibido de abogado en Madrid, tocaba al piano y cantaba piezas de jazz. Estuvo un tiempo durante la guerra colonial en Marruecos pero luego regresó a Madrid y abrió una casa en Segovia, en La Nava de la Asunción, donde yo pasé unos años durante la guerra civil…

 

- Y su madre….

 

- Mi madre era de Valladolid, y estudió en Inglaterra. María Luisa Alba volvió a España tras el fin de la guerra del catorce, era una mujer progresista, y mas que española era inglesa. No creo que eso tenga mucho interés a la hora de hablar de literatura… Pero quizás le guste enterarse que mi abuelo Santiago Alba y Bonifaz fue periodista, diputado en Cortes y gobernador de Madrid, además de ministro de Marina, de Hacienda, Gobernación, etc. Primo de Rivera lo obligó al exilio, luego regresó cuando la república y Niceto Alcalá Zamora le confió la formación de un nuevo gobierno, con el asesinato de Calvo Sotelo abandonó otra vez el país…

 

- Me dice que la guerra civil la pasó en un pueblo cerca de Segovia…

 

- Si, La Nava de la Asunción, un pueblo que remonta su historia al segundo milenio antes de Cristo, un pueblo de castellanos, creado por Carlos III en honor de la virgen, donde todavía hay una línea de ferrocarril que regalaron prácticamente los vecinos, tanto el terreno, como las traviesas para los puentes, los postes del telégrafo, los pasos a nivel…Allí supimos del inicio de la guerra, en Alto de los Leones, donde se dieron las primeras batallas del centro de España. Durante días la gente mayor escuchaba la radio, esperando las peores noticias, o quizás las mejores, y a los chicos nos hacían ir a otros lugares, como los parques o las plazas. Fue una época relativamente feliz, a los niños no parece importarles las guerras, o hacen de la guerra un divertimiento, un juego que los mayores no entienden en medio del terror de la vida diaria. Mi hermana, por ejemplo, jugaba al hospital de los heridos con nuestra prima y mi hermano Luís. En cambio nuestros padres y parientes, éramos siete los hijos, cinco los primos, las institutrices, tía Isabel y las criadas,  oraban el rosario o entonaban una salmodia de ruegos al Sagrado Corazón o a la Virgen María para salvar a España.

 

Durante la guerra no hice otra cosa que leer y disfrutar de los paisajes. La guerra me permitió aprender a leer, aprender a releer, a pensar sobre lo leído y a recitar de memoria largos poemas, como ya casi no hacían muchos de los intelectuales de ese tiempo. Las misses que nos educaban nos llevaban de continuos paseos, así aprendí a amar la naturaleza, a saber de la belleza de los árboles y las aves. Pero también recuerdo los cientos de balas que recogíamos en los caminos o los cadáveres de los muertos en los combates o en los cementerios.

 

- Sin embargo, a la hora de estudiar, hizo derecho…

 

- Si, los hijos de la clase vencedora hacían derecho; filología y filosofía eran asunto de señoras o de monjas, derecho permitía saber de unas cosas como de otras, o ir de unas a otras de manera cómoda. Además las gentes de mi clase estudiaban derecho, en mi familia hubo siempre una tradición de abogados, de políticos, de empresarios. No creo que mi padre hubiese visto con buenos ojos el que yo estudiase Filosofía y Letras, pero aquello también fue un fracaso. Yo venía de un colegio afrancesado, libertario por decir lo menos, y me encontré con una universidad confesional, de meros trámites para titulares, controlada por fascistas. De no haber hecho amistad con Alberto Oliart o Carlos Barral o José Agustín Goytisolo quizás otra habría sido mi historia en esa universidad…

 

- Fue entonces, en esos años, cuando se hizo poeta…

 

- Yo decidí hacerme poeta desde muy joven, cuando tenía diecinueve años, pero mis poemas se publicaron diez años después; no se por qué, pero esa fue mi decisión y un día de esos, luego de haber leído y bebido toda la poesía del mundo, escribí mi primer poema. Primero me eduqué en la poesía del Siglo de Oro, en el simbolismo francés, me leí todo Baudelaire y toda la poesía española del 27. Hacer poesía fue para mí una manera de construirme un muro contra el mundo exterior,  una suerte de andamio contra mis propias debilidades interiores. Luego, cuando a partir de los años cincuenta me interesé por la poesía social, fundé mi propia voz, una voz que luego no he querido dilapidar, repitiéndome. Usted sabe que yo he escrito poco, pero lo cierto es que en algún momento, tras prolongadas imitaciones de voces y formas, alcancé no el poema sino la poesía, una voz, un tono que me hacía idéntico a la imagen que había querido crear de mí ante los otros. Pude saber cuáles eran mis sentimientos, y que deseaba hacer en mi vida. Eso sucedió cuando viví mis primeros treinta años, cuando escribí Moralidades. En esos años yo guardaba como un secreto, en mi cuerpo, esos poemas, y me negaba a ponerlos por escrito, iba con ellos como un tesoro oculto de un pirata, como unas joyas que nunca iría a mostrar a otros, como aquel vendedor de orfebrerías que hay en un poema de Kavafis, que mira cada tarde antes de cerrar la tienda y no muestra a sus clientes, algo así como cuando se hace el amor y se retarda el orgasmo…

 

- ¿Por qué esos poemas llevan ese título de Moralidades, no es una contradicción con su tiempo y su manera de ser y pensar?

 

- Las moralidades, que gozaron de gran popularidad en la edad media, son dramas que se representaban en los atrios de las iglesias y catedrales y respondían al propósito de la Iglesia de ilustrar la actitud cristiana ante la muerte. El motivo central era la confrontación entre el Bien y el Mal en el alma de los hombres, aunque la obra siempre concluye con la redención de sus protagonistas. Los personajes de las moralidades no son santos o personajes bíblicos, sino alegorías. Mis poemas de ese libro continúan en la tónica de Compañeros de viaje, son moralejas sobre la hipocresía y la opresión, la amistad y las conversaciones de esos años de torvo franquismo…

 

- Hay quienes dicen que siendo usted catalán su patria es el español y su alma es inglesa, aparte de tenerlo como un aristócrata de izquierdas…

 

- Esas deben ser deducciones suyas propias Alvarado. No he oído que nadie en  España diga algo así.

Para fomentar sus impertinencias voy a decirle que los Gil descienden de Alonso Gil, un caballero del rey Ramiro del reino de León. Gil quiere decir El Elegido o El Defendido, pero también hubo Gil en los reinos de Valencia, o en Andalucía. Mi abuelo Gil y Becerril casó con una Biedma y Oñate y a él se le ocurrió solicitar licencia para que sus vástagos usaran los dos apellidos fungidos en uno y desde entonces nos llamamos Gil de Biedma.

Mi lengua materna es el castellano, y en él he escrito todo. Pero mis apellidos tampoco son catalanes, en mi familia no se hablaba catalán y como le he dicho la guerra la pasé en Castilla y luego de la guerra, al volver a Cataluña, el catalán estuvo prohibido por años. Cuando hablo el poco catalán que conozco me avergüenzo de mi acento. Además yo aprendí inglés y francés antes de hablar catalán. En Inglaterra viví algunos meses durante los primeros años cincuentas, en una vieja casona de Eaton Place y como bien puede darse cuenta en su ignorancia yo visto y bebo como un inglés. Estuve en Oxford haciendo unos cursos de económicas, pero en verdad lo que descubrí en Inglaterra fue a Auden primero y luego a Eliot y a William Epson y Mathiew Arnold. Cuando fui a Inglaterra yo estaba intoxicado por la poesía de Aleixandre y la de Guillén. En inglés leí entonces a Spender y aun cuando había leído ya a Eliot en las versiones de Gaos, fue en Londres cuando pude darme cuenta de la magnitud de su obra, de la grandeza de su musicalidad, de su prosodia.

 

- Ángel González me dijo que usted era de izquierdas pero ya no ejercía…

 

- ¿Cómo? Usted cree que con esta cabeza de romano, calvo, y con estos ojos azules, soy una suerte de terrorista oculto, o ¿qué? Pero si habré sido, digamos, marxista. De militancia nada, nunca he militado con nada ni con nadie. Yo no creo en esa tesis de que los intelectuales deben meterse a políticos, una cosa son los políticos y otra los intelectuales. Por eso un intelectual trajeado de político es un elemento peligroso, casi siempre terminan siendo tiránicos, sectarios, fanáticos del centralismo democrático y la tesis del partido único. Yo habré sido en cierto momento marxista, me atraía mucho el análisis marxista de la historia, ese arte de anunciar el pasado que decía Valera a partir de la consideración de Marx sobre aquello de que la anatomía del mono solo era compresible a través de la anatomía del hombre. Pero el marxismo es una doctrina difunta, como la novela, un asunto del ayer, de nuestro ayer. Queda sin embargo la ideología, las ideas que gestó, esa manera de sustentar la rebeldía del hombre contra los opresores, eso que uno entiende bien en países como el suyo, del Tercer Mundo, como Filipinas o Cuba. Incluso creo que mis lecturas y aficiones marxistas han quedado en algunos de mis poemas de esos años, pero si, creo que sigo siendo de izquierdas, y a veces, incluso en las noches, ejerzo, ejerzo…

 

- Ese poema El arquitrabe….

 

- Ese poema lo hice para divertirme, para burlarme digamos de Franco, nada mas hay allí, y lo entendieron muy pocos, o nadie…Además el paso del tiempo lo ha ido desdibujando, ahora no debe entenderlo nadie, en aquellos años, era divertido recordarle…

 

- Pasemos entonces a un tema que le seduce: la poesía…

 

- No creo que podamos definir la poesía, diría mejor que poesía es esa sensación de bienestar, de placer, de gozo que siente alguien cuando se lee, en voz alta, un poema. La poesía no es precisamente lo que sucede cuando se escribe el poema, poesía es el acto de ejecutar el poema. Un poema se hace para ser leído. El poema es poema mientras se lee porque es tiempo y tempo…

 

- Y ese hecho indefinible, ¿qué produce en el ejecutante y en el oyente, acaso el mismo efecto de la música, de la melodía?

 

- Pareciera que a partir del siglo XVII, la rotura de lo meramente narrativo que imperaba en el poema épico o el teatral, hubiese creado una separación entre el signo y sus valores, afectando nuestras sensibilidades de manera tal que ahora el poema nos conduce a una certeza de la fragilidad existente en la propuesta de realidad que hace el comercio y las ideologías. La poesía, el acto de ejecutar el poema, quiebra la verdad de las asociaciones que nos vende el mundo contemporáneo. La poesía ofrece imágenes del mundo, ni contradictorias ni univocas, que son la otra realidad, ni verdadera ni falsa, pero otras realidades. Unos saberes y conciencias de que la llamada realidad es apenas una creación del sujeto, de nosotros que deseamos el mundo…La poesía entonces es uno de los instrumentos mas eficientes para abolir aduanas, para derruir lugares de observación y vigilancia, para derribar las costumbres y las modas y nos hace entrar en una verdadera comunión entre las palabras y los hechos, las palabras y lo que ellas nombran…

 

- Pero si la realidad es una falacia cómo es que usted es un poeta de la experiencia, de la memoria de una realidad no conocida, ficticia...

 

- Tampoco debe olvidar que nada hay más artificial que la escritura. Escribimos porque somos entrenados en ese artilugio que pretende asir la realidad, como recuerdos o como actos del presente. Pero para poder transmitirlos y hacerlos poesía hay que crearlos, extraerlos de la manga del mago, del demiurgo, del poeta. Cuando hablamos de poesía de la experiencia no hablamos de contar lo que le ha pasado a uno, de una suerte de cotilleo de la vida nocturna de ayer, de las posturas amorosas del año pasado, poesía de la experiencia es escribir un poema donde la voz que se escucha cuando se ejecuta el poema sufre la vida, padece la existencia, hace sentir el recuerdo del placer o el dolor de las separaciones… Algo así como decía ese poeta inferior llamado Auden, la poesía de la experiencia es un anteproyecto verbal de la vida pasada o por vivir…

 

- Ahora hay en España muchos jóvenes poetas que le admiran, pero hay muchos más que le imitan…

 

- Es lamentable, eso no existía en mi juventud. Nosotros no aspirábamos al éxito social con la poesía, era otra cosa. El mundo editorial ha cambiado la condición de los poetas, hoy es posible ganar fama y fortuna y seguir siendo muy mal poeta, hay cientos de premios, de concursos, de verdaderas canonjías, que terminan por fomentar gildas poéticas, camarillas mafiosas…Y ciertamente es una vergüenza que haya tanto admirador suelto por allí. Al principio me halagaba oír que me citaban por la radio o alguien se acordaba de un poema o una línea mía, pero una cosa es la gente o el lector común y otra el gremio de los poetas y los escritores profesionales, aduladores de oficio…

 

- Mil gracias, querido y admirado poeta…

 

- De nada don Haroldo, de nada…


 

 

 

Poemas

 

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

-como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

 

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

-envejecer, morir, eran tan sólo

las dimensiones del teatro.

 

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

"Poemas póstumos" 1968

 

PANDÉMICA Y CELESTE

 

quam magnus numerus Libyssae arenae

aut quam sidera multa, cum tacet nox,

     furtiuos hominum uident amores.

                  Catulo, VII

 

Imagínate ahora que tú y yo

muy tarde ya en la noche

hablemos hombre a hombre, finalmente.

Imagínatelo,

en una de esas noches memorables

de rara comunión, con la botella

medio vacía, los ceniceros sucios,

y después de agotado el tema de la vida.

Que te voy a enseñar un corazón,

un corazón infiel,

desnudo de cintura para abajo,

hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

 

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo

quien me tira del cuerpo a otros cuerpos

a ser posiblemente jóvenes:

yo persigo también el dulce amor,

el tierno amor para dormir al lado

y que alegre mi cama al despertarse,

cercano como un pájaro.

¡Si yo no puedo desnudarme nunca,

si jamás he podido entrar en unos brazos

sin sentir -aunque sea nada más que un momento-

igual deslumbramiento que a los veinte años !

 

Para saber de amor, para aprenderle,

haber estado solo es necesario.

Y es necesario en cuatrocientas noches

-con cuatrocientos cuerpos diferentes-

haber hecho el amor. Que sus misterios,

como dijo el poeta, son del alma,

pero un cuerpo es el libro en que se leen.

 

Y por eso me alegro de haberme revolcado

sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,

mientras buscaba ese tendón del hombro.

Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...

Aquella carretera de montaña

y los bien empleados abrazos furtivos

y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,

pegados a la tapia, cegados por las luces.

O aquel atardecer cerca del río

desnudos y riéndonos, de yedra coronados.

O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.

Y recuerdos de caras y ciudades

apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,

de escaleras sin luz, de camarotes,

de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,

y de infinitas casetas de baños,

de fosos de un castillo.

Recuerdos de vosotras, sobre todo,

oh noches en hoteles de una noche,

definitivas noches en pensiones sórdidas,

en cuartos recién fríos,

noches que devolvéis a vuestros huéspedes

un olvidado sabor a sí mismos!

La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,

de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.

Sin despreciar

-alegres como fiesta entre semana-

las experiencias de promiscuidad.

 

Aunque sepa que nada me valdrían

trabajos de amor disperso

si no existiese el verdadero amor.

Mi amor,

íntegra imagen de mi vida,

sol de las noches mismas que le robo.

 

Su juventud, la mía,

-música de mi fondo-

sonríe aún en la imprecisa gracia

de cada cuerpo joven,

en cada encuentro anónimo,

iluminándolo. Dándole un alma.

Y no hay muslos hermosos

que no me hagan pensar en sus hermosos muslos

cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

 

Ni pasión de una noche de dormida

que pueda compararla

con la pasión que da el conocimiento,

los años de experiencia

de nuestro amor.

Porque en amor también

es importante el tiempo,

y dulce, de algún modo,

verificar con mano melancólica

su perceptible paso por un cuerpo

-mientras que basta un gesto familiar

en los labios,

o la ligera palpitación de un miembro,

para hacerme sentir la maravilla

de aquella gracia antigua,

fugaz como un reflejo.

 

Sobre su piel borrosa,

cuando pasen más años y al final estemos,

quiero aplastar los labios invocando

la imagen de su cuerpo

y de todos los cuerpos que una vez amé

aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.

Para pedir la fuerza de poder vivir

sin belleza, sin fuerza y sin deseo,

mientras seguimos juntos

hasta morir en paz, los dos,

como dicen que mueren los que han amado mucho.

 

A UNA DAMA MUY JOVEN, SEPARADA

En un año que has estado

casada, pechos hermosos,

amargas encontraste

las flores del matrimonio.

Y una buena mañana

la dulce libertad

elegiste impaciente,

como un escolar.

Hoy vestida de corsario

en los bares se te ve

con seis amantes por banda

-Isabel, niña Isabel-,

sobre un taburete erguida,

radiante, despeinada

por un viento sólo tuyo,

presidiendo la farra.

De quién, al fin de una noche,

no te habrás enamorado

por quererte enamorar!

Y todo me lo han contado.

¿No has aprendido, inocente,

que en tercera persona

los bellos sentimientos

son historias peligrosas?

Que la sinceridad

con que te has entregado

no la comprenden ellos,

niña Isabel. Ten cuidado.

Porque estamos en España.

Porque son uno y lo mismo

los memos de tus amantes,

el bestia de tu marido.

 

ALBADA

 

Despiértate. La cama está más fría

y las sábanas sucias en el suelo.

Por los montantes de la galería

llega el amanecer,

con su color de abrigo de entretiempo

y liga de mujer.

Despiértate pensando vagamente

que el portero de noche os ha llamado.

Y escucha en el silencio: sucediéndose

hacia lo lejos, se oyen enronquecer

los tranvías que llevan al trabajo.

Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores

cortadas, en los puestos de las Ramblas,

y silbarán los pájaros -cabrones-

desde los plátanos, mientras que ven volver

la negra humanidad que va a la cama

después de amanecer.

Acuérdate del cuarto en que has dormido.

Entierra la cabeza en las almohadas,

sintiendo aún la irritación y el frío

que da el amanecer

junto al cuerpo que tanto nos gustaba

en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.

Piensa en la casa todavía oscura

donde entrarás para cambiar de traje,

y en la oficina, con sueño que vencer,

y en muchas otras cosas que se anuncian

desde el amanecer.

 

Aunque a tu lado escuches el susurro

de otra respiración. Aunque tú busques

el poco de calor entre sus muslos

medio dormido, que empieza a estremecer.

Aunque el amor no deje de ser dulce

hecho al amanecer.

-Junto al cuerpo que anoche me gustaba

tanto desnudo, déjame que encienda

la luz para besarte cara a cara,

en el amanecer.

Porque conozco el día que me espera,

y no por el placer.

 

AMISTAD A LO LARGO

 

Pasan lentos los días

y muchas veces estuvimos solos.

Pero luego hay momentos felices

para dejarse ser en amistad.

Mirad:

somos nosotros.

Un destino condujo diestramente

las horas, y brotó la compañía.

Llegaban noches. Al amor de ellas

nosotros encendíamos palabras,

las palabras que luego abandonamos

para subir a más:

empezamos a ser los compañeros

que se conocen

por encima de la voz o de la seña.

Ahora sí. Pueden alzarse

las gentiles palabras

-ésas que ya no dicen cosas-,

flotar ligeramente sobre el aire;

porque estamos nosotros enzarzados

en mundo, sarmentosos

de historia acumulada,

y está la compañía que formamos plena,

frondosa de presencias.

Detrás de cada uno

vela su casa, el campo, la distancia.

 

Pero callad.

Quiero deciros algo.

Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.

A veces, al hablar, alguno olvida

su brazo sobre el mío,

y yo aunque esté callado doy las gracias,

porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.

Quiero deciros cómo trajimos

nuestras vidas aquí, para contarlas.

Largamente, los unos con los otros

en el rincón hablamos, tantos meses!

que nos sabemos bien, y en el recuerdo

el júbilo es igual a la tristeza.

Para nosotros el dolor es tierno.

Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

 

 

AMOR MÁS PODEROSO QUE LA VIDA

 

La misma calidad que el sol de tu país,

saliendo entre las nubes:

alegre y delicado matiz en unas hojas,

fulgor de un cristal, modulación

del apagado brillo de la lluvia.

 

La misma calidad que tu ciudad,

tu ciudad de cristal innumerable

idéntica y distinta, cambiada por el tiempo:

calles que desconozco y plaza antigua

de pájaros poblada,

la plaza en que una noche nos besamos.

 

La misma calidad que tu expresión,

al cabo de los años,

esta noche al mirarme:

la misma calidad que tu expresión

y la expresión herida de tus labios.

 

Amor que tiene calidad de vida,

amor sin exigencias de futuro,

presente del pasado,

amor más poderoso que la vida:

perdido y encontrado.

Encontrado, perdido...

 

«BARCELONA JA NO ES BONA»

o mi paseo solitario en primavera,    A Fabián Estapé

 

Este despedazado anfiteatro,

impío honor de los dioses, cuya afrenta

publica el amarillo jaramago,

ya reducido a trágico teatro,

¡oh fábula del tiempo! representa

cuánta fue su grandeza y es su estrago.

RODRIGO CARO

 

En los meses de aquella primavera

pasaron por aquí seguramente

más de una vez.

Entonces, los dos eran muy jóvenes

y tenían el Chrysler amarillo y negro.

Los imagino al mediodía, por la avenida de los tilos,

la capota del coche salpicada de sol,

o quizá en Miramar, llegando a los jardines,

mientras que sobre el fondo del puerto y la ciudad

se mecen las sombrillas del restaurante al aire libre,

y las conversaciones, y la música,

fundiéndose al rumor de los neumáticos

sobre la grava del paseo.

Sólo por un instante

se destacan los dos a pleno sol

con los trajes que he visto en las fotografías:

él examina un coche muchísimo más caro

-un Duesemberg  sport con doble parabrisas,

bello como una máquina de guerra-

y ella se vuelve a mí, quizá esperándome,

y el vaivén de las rosas de la pérgola

parpadea en la sombra

de sus pacientes ojos de embarazada.

Era en el año de la Exposición.

 

Así yo estuve aquí

dentro del vientre de mi madre,

y es verdad que algo oscuro, que algo anterior me trae

por estos sitios destartalados.

Más aún que los árboles y la naturaleza

o que el susurro del agua corriente

furtiva, reflejándose en las hojas

-y eso que ya a mis años

se empieza a agradecer la primavera-,

yo busco en mis paseos los tristes edificios,

las estatuas manchadas con lápiz de labios,

los rincones del parque pasados de moda

en donde, por la noche, se hacen el amor...

Y a la nostalgia de una edad feliz

y de dinero fácil, tal como la contaban,

se mezcla un sentimiento bien distinto

que aprendí de mayor,

este resentimiento

contra la clase en que nací,

y que se complace también al ver mordida,

ensuciada la feria de sus vanidades

por el tiempo y las manos del resto de los hombres.

 

Oh mundo de mi infancia, cuya mitología

se asocia -bien lo veo-

con el capitalismo de empresa familiar!

Era ya un poco tarde

incluso en Cataluña, pero la pax burguesa

reinaba en los hogares y en las fábricas,

sobre todo en las fábricas - Rusia estaba muy lejos

y muy lejos Detroit.

Algo de aquel momento queda en estos palacios

y en estas perspectivas desiertas bajo el sol,

cuyo destino ya nadie recuerda.

Todo fue una ilusión, envejecida

como la maquinaria de sus fábricas,

o como la casa en Sitges, o en Caldetas,

heredada también por el hijo mayor.

 

Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo,

de sus fosos quemados por los fusilamientos,

dan señales de vida los murcianos.

Y yo subo despacio por las escalinatas

sintiéndome observado, tropezando en las piedras

en donde las higueras agarran sus raíces,

mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur

hablarse en catalán, y pienso, a un mismo tiempo,

en mi pasado y en su porvenir.

 

Sean ellos sin más preparación

que su instinto de vida

más fuertes al final que el patrón que les paga

y que el salta-taulells que les desprecia:

que la ciudad les pertenezca un día.

Como les pertenece esta montaña,

este despedazado anfiteatro

de las nostalgias de una burguesía.

 

CANCIÓN DE ANIVERSARIO

 

Porque son ya seis años desde entonces,

porque no hay en la tierra, todavía,

nada que sea tan dulce como una habitación

para dos, si es tuya y mía;

porque hasta el tiempo, ese pariente pobre

que conoció mejores días,

parece hoy partidario de la felicidad,

cantemos, alegría!

 

Y luego levantémonos más tarde,

como domingo. Que la mañana plena

se nos vaya en hacer otra vez el amor,

pero mejor: de otra manera

que la noche no puede imaginarse,

mientras el cuarto se nos puebla

de sol y vecindad tranquila, igual que el tiempo,

y de historia serena.

 

El eco de los días de placer,

el deseo, la música acordada

dentro del corazón, y que yo he puesto apenas

en mis poemas, por romántica;

todo el perfume, todo el pasado infiel,

lo que fue dulce y da nostalgia,

¿no ves cómo se sume en la realidad que entonces

soñabas y soñaba?

 

La realidad -no demasiado hermosa-

con sus inconvenientes de ser dos,

sus vergonzosas noches de amor sin deseo

y de deseo sin amor,

que ni en seis siglos de dormir a solas

las pagaríamos. Y con

sus transiciones vagas, de la traición al tedio,

del tedio a la traición.

 

La vida no es un sueño, tú ya sabes

que tenemos tendencia a olvidarlo.

Pero un poco de sueño, no más, un si es no es

por esta vez, callándonos

el resto de la historia, y un instante

-mientras que tú y yo nos deseamos

feliz y larga vida en común-, estoy seguro

que no puede hacer daño.

 

 

CONTRA JAIME GIL DE BIEDMA

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,

dejar atrás un sótano más negro

que mi reputación -y ya es decir-,

poner visillos blancos

y tomar criada,

renunciar a la vida de bohemio,

si vienes luego tú, pelmazo,

embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,

zángano de colmena, inútil, cacaseno,

con tus manos lavadas,

a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

 

Te acompañan las barras de los bares

últimos de la noche, los chulos, las floristas,

las calles muertas de la madrugada

y los ascensores de luz amarilla

cuando llegas, borracho,

y te paras a verte en el espejo

la cara destruida,

con ojos todavía violentos

que no quieres cerrar. Y si te increpo,

te ríes, me recuerdas el pasado

y dices que envejezco.

 

Podría recordarte que ya no tienes gracia.

Que tu estilo casual y que tu desenfado

resultan truculentos

cuando se tienen más de treinta años,

y que tu encantadora

sonrisa de muchacho soñoliento

-seguro de gustar- es un resto penoso,

un intento patético.

Mientras que tú me miras con tus ojos

de verdadero huérfano, y me lloras

y me prometes ya no hacerlo.

 

Si no fueses tan puta!

Y si yo supiese, hace ya tiempo,

que tú eres fuerte cuando yo soy débil

y que eres débil cuando me enfurezco...

De tus regresos guardo una impresión confusa

de pánico, de pena y descontento,

y la desesperanza

y la impaciencia y el resentimiento

de volver a sufrir, otra vez más,

la humillación imperdonable

de la excesiva intimidad.

 

A duras penas te llevaré a la cama,

como quien va al infierno

para dormir contigo.

Muriendo a cada paso de impotencia,

tropezando con muebles

a tientas, cruzaremos el piso

torpemente abrazados, vacilando

de alcohol y de sollozos reprimidos.

Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,

y la más innoble

que es amarse a sí mismo!

 

CONVERSACIÓN

Los muertos pocas veces libertad

alcanzáis a tener, pero la noche

que regresáis es vuestra,

vuestra completamente.

 

Amada mía, remordimiento mío,

la nuit c’est toi cuando estoy solo

y vuelves tú, comienzas

en tus retratos a reconocerme.

 

¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?

¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?

¿Me tranquilizas porque estuve cerca

de ti en algún momento?

 

La parte de tu muerte que me doy,

la parte de tu muerte que yo puse

de mi cosecha, cómo poder pagártela...

Ni la parte de vida que tuvimos juntos.

 

Cómo poder saber que has perdonado,

conmigo sola en el lugar del crimen?

Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas

en el rincón más triste de mi cuarto?

 

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

Ya soy dichoso, ya soy feliz

porque triunfante llegué a Madrid,

llegué a Madrid. 

La viejecita, Coro

Lo primero, sin duda, es este ensanchamiento

de la respiración, casi angustioso.

y la especial sonoridad del aire,

como una gran campana en el vacío,

acercándome olores

de jara de la sierra,

más perfumados por la lejanía,

y de tantos veranos juntos

de mi niñez.

 

Luego está la glorieta

preliminar, con su pequeño intento de jardín,

mundo abreviado, renovado y puro

sin demasiada convicción, y al fondo

la previsible estatua y el pórtico de acceso

a la magnífica avenida,

a la famosa capital.

 

Y la vida, que adquiere

carácter panorámico,

inmensidad de instante también casi angustioso

-como de amanecer en campamento

o portal de belén-, la vida va espaciándose

otra vez bajo el cielo enrarecido

mientras que aceleramos.

 

Porque hay siempre algo más, algo espectral

como invisiblemente sustraído,

y sin embargo verdadero.

Yo pienso en zonas lívidas, en calles

o en caminos perdidos hacia pueblos

a lo lejos, igual que en un belén,

y vuelvo a ver esquinas de ladrillo injuriado

y pasos a nivel solitarios, y miradas

asomándose a vernos, figuras diminutas

que se quedan atrás para siempre, en la memoria

como peones camineros.

Y esto es todo, quizás. Alrededor

se ciernen las fachadas, y hay gentes en la acera

frente al primer semáforo.

 

ELEGÍA Y RECUERDO DE LA CANCIÓN FRANCESA

C' est une chanson

qui nous ressemble.

Kosma y Prévert: Les feuilles mortes

 

Os acordáis: Europa estaba en ruinas.

Todo un mundo de imágenes me queda de aquel tiempo

descoloridas, hiriéndome los ojos

con los escombros de los bombardeos.

En España la gente se apretaba en los cines

y no existía la calefacción.

 

Era la paz -después de tanta sangre--

que llegaba harapienta, como la conocimos

durante cinco años.

Y todo un continente empobrecido,

carcomido de historia y de mercado negro,

de repente nos fue más familiar.

 

¡Estampas de la Europa de post-guerra

que parecen mojadas en lluvia silenciosa,

ciudades grises adonde llega un tren

sucio de refugiados: cuántas cosas

de nuestra historia próxima trajisteis, despertando

la esperanza en España, y el temor!

 

Hasta el aire de entonces parecía

que estuviera suspenso, como si preguntara,

y en las viejas tabernas de barrio

los vencidos hablaban en voz baja...

Nosotros, los más jóvenes, como siempre esperábamos

algo definitivo y general.

 

Y fue en aquel momento, justamente

en aquellos momentos de miedo y esperanzas

-tan irreales, ay- que apareciste,

oh rosa de lo sórdido, manchada

creación de los hombres, arisca, vil y bella

canción francesa de mi juventud!

 

Eras lo no esperado que se impone

a la imaginación, porque es así la vida,

tú que cantabas la heroicidad canalla,

el estallido de las rebeldías

igual que llamaradas, y el miedo a dormir solo,

la intensidad que aflige al corazón.

 

Cuánto enseguida te quisimos todos!

En tu mundo de noches, con el chico y la chica

entrelazados, de pie en un quicio oscuro,

en la sordina de tus melodías,

un eco de nosotros resonaba exaltándonos

con la nostalgia de la rebelión.

 

Y todavía, en la alta noche, solo,

con el vaso en la mano, cuando pienso en mi vida,

otra vez más sans faire du bruit tus músicas

suenan en la memoria, como una despedida:

parece que fue ayer y algo ha cambiado.

Hoy no esperamos la revolución.

 

Desvencijada Europa de post-guerra

con la luna asomando tras las ventanas rotas,

Europa anterior al milagro alemán,

imagen de mi vida, melancólica!

Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos,

aunque a veces nos guste una canción.

 

¿FUE POSIBLE QUE YO NO TE SUPIERA...

¿Fue posible que yo no te supiera

cerca de mí, perdido en las miradas?

Los ojos me dolían de esperar.

Pasaste.

Si apareciendo entonces

me hubieras revelado

el país verdadero en que habitabas!

Pero pasaste

como un Dios destruido.

Sola, después, de lo negro surgía

tu mirada.

 

HAPPY ENDING

Aunque la noche, conmigo,

no la duermas ya,

sólo el azar nos dirá

si es definitivo.

 

Que aunque el gusto nunca más

vuelve a ser el mismo,

en la vida los olvidos

no suelen durar.

 

HIMNO A LA JUVENTUD

Heu! quantum per se candida forma valet!

           Propercio, II, 29, 30

 

A qué vienes ahora, juventud,

encanto descarado de la vida?

¿Qué te trae a la playa?

Estábamos tranquilos los mayores

y tú vienes a herirnos, reviviendo

los más temibles sueños imposibles,

tú vienes para hurgarnos las imaginaciones.

 

De las ondas surgida,

toda brillos, fulgor, sensación pura

y ondulaciones de animal latente,

hacia la orilla avanzas

con sonrosados pechos diminutos,

con nalgas maliciosas lo mismo que sonrisas,

oh diosa esbelta de tobillos gruesos,

y con la insinuación

(tan propiamente tuya)

del vientre dando paso al nacimiento

de los muslos: belleza delicada,

precisa e indecisa,

donde posar la frente derramando lágrimas.

 

Y te vemos llegar: figuración

de un fabuloso espacio ribereño

con toros, caracolas y delfines,

sobre la arena blanda, entre la mar y el cielo,

aún trémula de gotas,

deslumbrada de sol y sonriendo.

 

Nos anuncias el reino de la vida,

el sueño de otra vida, más intensa y más libre,

sin deseo enconado como un remordimiento

-sin deseo de ti, sofisticada

bestezuela infantil, en quien coinciden

la directa belleza de la starlet

y la graciosa timidez del príncipe.

 

Aunque de pronto frunzas

la frente que atormenta un pensamiento

conmovedor y obtuso,

y volviendo hacia el mar tu rostro donde brilla

entre mojadas mechas rubias

la expresión melancólica de Antínoos,

oh bella indiferente,

por la playa camines como si no supieses

que te siguen los hombres y los perros,

los dioses y los ángeles

y los arcángeles,

los tronos, las abominaciones...

 

IDILIO EN EL CAFÉ

Ahora me pregunto si es que toda la vida

hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,

la mano ante los ojos -qué latido

de la sangre en los párpados- y el vello

inmenso se confunde, silencioso,

a la mirada. Pesan las pestañas.

 

No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,

rostros vagos nadando como en un agua pálida,

éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?

La tarde nos empuja a ciertos bares

o entre cansados hombres en pijama.

 

Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio

arriba, más arriba, mucho más que las luces

que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.

Queda también silencio entre nosotros,

silencio

y este beso igual que un largo túnel.

 

LAS AFUERAS

I

La noche se afianza

sin respiro, lo mismo que un esfuerzo.

Más despacio, sin brisa

benévola que en un instante aviva

el dudoso cansancio, precipita

la solución del sueño.

Desde luces iguales

un alto muro de ventanas vela.

Carne a solas insomne, cuerpos

como la mano cercenada yacen,

se asoman, buscan el amor del aire

-y la brasa que apuran ilumina

ojos donde no duerme

la ansiedad, la infinita esperanza con que aflige

la noche cuando vuelve.

II

¿Quién? Quién es el dormido?

Si me callo, respira?

Alguien está presente

que duerme en las afueras.

 

Las afueras son grandes,

abrigadas, profundas.

Lo sé pero, no hay quién

me sepa decir más?

 

Están casi a la mano

y anochece el camino

sin decimos en dónde

querríamos dormir.

                Pasa el viento. Le llamo?

Si subiera al salón

familiar del octubre

el templado silencio

se aterraría.

 

Y quizá me asustara

yo también si él me dice

irreparablemente

quién duerme en las afueras.

 

III

Ciudad ya tan lejana!

Lejana junto al mar: tardes de puerto

y desamparo errante de los muelles.

Se obstinarán crecientes las mareas

por las horas de allá.

 

Y serán un rumor,

un pálpito que puja endormeciéndose:

cuando asoman las luces de la noche

sobre el mar.

 

Más, cada vez más honda

conmigo vas, ciudad,

como un amor hundido,

irreparable.

 

A veces ola y otra vez silencio.

 

LOCA

La noche, que es siempre ambigua,

te enfurece -color

de ginebra mala, son

tus ojos unas bichas.

 

 Yo sé que vas a romper

en insultos y en lágrimas

histéricas. En la cama,

luego, te calmaré

con besos que me da pena

dártelos. Y al dormir

te apretarás contra mí

como una perra enferma.

 

MAÑANA DE AYER, DE HOY

Es la lluvia sobre el mar.

En la abierta ventana,

contemplándola, descansas

la sien en el cristal.

 

Imagen de unos segundos,

quieto en el contraluz

tu cuerpo distinto, aún

de la noche desnudo.

 

Y te vuelves hacia mí,

sonriéndome. Yo pienso

en cómo ha pasado el tiempo,

y te recuerdo así.

 

NOCHES DEL MES DE JUNIO

A Luis Cernuda

 

Alguna vez recuerdo

ciertas noches de junio de aquel año,

casi borrosas, de mi adolescencia

(era en mil novecientos me parece

cuarenta y nueve)

porque en ese mes

sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña

lo mismo que el calor que empezaba,

nada más

que la especial sonoridad del aire

y una disposición vagamente afectiva.

 

Eran las noches incurables

y la calentura.

Las altas horas de estudiante solo

y el libro intempestivo

junto al balcón abierto de par en par (la calle

recién regada desaparecía

abajo, entre el follaje iluminado)

sin un alma que llevar a la boca.

 

Cuántas veces me acuerdo

de vosotras, lejanas

noches del mes de junio, cuántas veces

me saltaron las lágrimas, las lágrimas

por ser más que un hombre, cuánto quise

morir

o soñé con venderme al diablo,

que nunca me escuchó.

Pero también

la vida nos sujeta porque precisamente

no es como la esperábamos.

 

NOS RECIBEN LAS CALLES CONOCIDAS...

Nos reciben las calles conocidas

y la tarde empezada, los cansados

castaños cuyas hojas, obedientes,

ruedan bajo los pies del que regresa,

preceden, acompañan nuestros pasos.

Interrumpiendo entre la muchedumbre

de los que a cada instante se suceden,

bajo la prematura opacidad

del cielo, que converge hacia su término,

cada uno se interna olvidadizo,

perdido en sus cuarteles solitarios

del invierno que viene. ¿Recordáis

la destreza del vuelo de las aves,

el júbilo y los juegos peligrosos,

la intensidad de cierto instante, quietos

bajo el cielo más alto que el follaje?

Si por lo menos alguien se acordase,

si alguien súbitamente acometido

se acordase... La luz usada deja

polvo de mariposa entre los dedos.

 

NOSTALGIE DE LA BOUE

Nuevas disposiciones de la noche,

sórdidos ejercicios al dictado, lecciones del deseo

que yo aprendí, pirata,

oh joven pirata de los ojos azules.

 

En calles resonantes la oscuridad tenía

todavía la misma espesura total

que recuerdo en mi infancia.

Y dramáticas sombras, revestidas

con el prestigio de la prostitución,

a mi lado venían de un infierno

grasiento y sofocante como un cuarto de máquinas.

 

¡Largas últimas horas,

en mundos amueblados

con deslustrada loza sanitaria

y coronas manchadas de permanganato!

Como un operario que pule una pieza,

como un afilador,

fornicar poco a poco mordiéndose los labios.

 

Y sentirse morir por cada pelo

de gusto, y hacer daño.

 

La luz amarillenta, la escalera

estremecida toda de susurros, mis pasos,

eran aún una prolongación

que me exaltaba,

lo mismo que el olor en las manos

-o que al salir el frío de la madrugada, intenso

como el recuerdo de una sensación.

 

PEEPING TOM

Ojos de solitario, muchachito atónito

que sorprendí mirándonos

en aquel pinarcillo, junto a la Facultad de Letras,

hace más de once años,

al ir a separarme,

todavía atontado de saliva y de arena,

después de revolcarnos los dos medio vestidos,

felices como bestias.

 

Te recuerdo, es curioso

con qué reconcentrada intensidad de símbolo,

va unido a aquella historia,

mi primera experiencia de amor correspondido.

 

A veces me pregunto qué habrá sido de ti.

Y si ahora en tus noches junto a un cuerpo

vuelve la vieja escena

y todavía espías nuestros besos.

 

Así me vuelve a mí desde el pasado,

como un grito inconexo,

la imagen de tus ojos. Expresión

de mi propio deseo.

 

PÍOS DESEOS PARA EMPEZAR EL AÑO

Pasada ya la cumbre de la vida,

justo del otro lado, yo contemplo

un paisaje no exento de belleza

en los días de sol, pero en invierno inhóspito.

Aquí sería dulce levantar la casa

que en otros climas no necesité,

aprendiendo a ser casto y a estar solo.

Un orden de vivir, es la sabiduría.

Y qué estremecimiento,

purificado, me recorrería

mientras que atiendo al mundo

de otro modo mejor, menos intenso,

y medito a las horas tranquilas de la noche,

cuando el tiempo convida a los estudios nobles,

el severo discurso de las ideologías

-o la advertencia de las constelaciones

en la bóveda azul...

Aunque el placer del pensamiento abstracto

es lo mismo que todos los placeres:

reino de juventud.

"Poemas póstumos" 1968

 

RUINAS DEL TERCER REICH

Todo pasó como él imaginara,

allá en el frente de Smolensk.

Y tú has envejecido -aunque sonrías

wie einst, Lili Marlen.

 

Nimbado por la niebla, igual que entonces,

surge ante mí tu rostro encantador

contra un fondo de carros de combate

y de cruces gamadas en la Place Vendôme.

 

En la barra del bar -ante una copa-

plantada como cimbel,

obscenamente tú sonríes.

A quién, Lili Marlen?

 

Por los rusos vencido y por los años,

aún el irritado corazón

te pide guerra. Y en las horas últimas

de soledad y alcohol,

enfurecida y flaca, con las uñas

destrozas el pespunte de tu guante negro,

tu viejo guante de manopla negro

con que al partir dijiste adiós.

 

VALS DE ANIVERSARIO

Nada hay tan dulce como una habitación

para dos, cuando ya no nos queremos demasiado, 

fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo, 

y parejas dudosas y algún niño con ganglios,

si no es esta ligera sensación 

de irrealidad. Algo como el verano 

en casa de mis padres, hace tiempo, 

como viajes en tren por la noche. Te llamo

para decir que no te digo nada 

que tú ya no conozcas, o si acaso 

para besarte vagamente 

los mismos labios.

 

Has dejado el balcón.  

Ha oscurecido el cuarto 

mientras que nos miramos tiernamente,

incómodos de no sentir el peso de tres años.

 

Todo es igual, parece  

que no fue ayer. Y este sabor nostálgico, 

que los silencios ponen en la boca, 

posiblemente induce a equivocarnos

en nuestros sentimientos. Pero no 

sin alguna reserva, porque por debajo 

algo tira más fuerte y es (para decirlo 

quizá de un modo menos inexacto) 

difícil recordar que nos queremos, 

si no es con cierta imprecisión, y el sábado, 

que es hoy, queda tan cerca 

de ayer a última hora y de pasado

mañana

por la mañana...

 

VOLVER

Mi recuerdo eran imágenes,

en el instante, de ti:

esa expresión y un matiz

de los ojos, algo suave

en la inflexión de la voz,

y tus bostezos furtivos

de lebrel que ha maldormido

la noche en mi habitación.

 

Volver, pasados los años,

hacia la felicidad

-para verse y recordar

que yo también he cambiado.


  

 

Muy pobre hombre ha de ser uno si no deja en su obra -casi sin darse cuenta- algo de la unidad e interior necesidad de su propio vivir. Al fin y al cabo, un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la historia de un hombre que es su autor, pero elevada a un nivel de significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres, o por lo menos, atendidas las inevitables limitaciones objetivas de cada experiencia individual- de unos cuantos entre ellos.

 

 

 

 

La fundamental experiencia del vivir - escribió en El pie de la letra - está en la ambivalencia de la identidad, en esa doble conciencia que hace que me reconozca -simultánea o alternativamente- uno, unigénito, hijo de dios, y uno entre otros tantos, un hijo de vecino. El juego de esas contrapuestas dimensiones de la identidad, que sólo en momentos excepcionales logran reposar una en otra, que incesantemente se espían y se tienden mutuas trampas, cuando no se hallan en guerra abierta, configura decisivamente nuestra relación con nosotros mismos y nuestras relaciones con los demás. Era ésa la experiencia, creía yo, que debe servir como supuesto básico de todo poema contemporáneo .

 

Jaime Gil de Biedma.

 

Antología Poética Gil de Biedma