
BIOGRAFÍA DE JOSÉ HIERRO
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José Hierro nace el 3 de abril de 1922 en Madrid, en la calle Andrés Borrego, nº 18-20, actualmente nº 16. Sus padres eran Joaquín Hierro, empleado de telégrafos y madrileño de origen, y Esperanza Real, natural de Santander. Tiene una hermana, Isabel. |
A los dos años se traslada toda la familia a Santander por cambio de destino del padre.
Entre 1928 y 1936 realiza los estudios
primarios en el Colegio de los Salesianos. Luego pasa a
En 1932 lee El alcázar de las perlas, de Francisco Villaespesa, que según sus palabras, le influirá inconscientemente en el uso del eneasílabo romanceado de sus primeros libros. Por esos años, lee también Peter Pan, que luego será recordado en “Canción de cuna para dormir a un preso”, de Tierra sin nosotros.
En 1934 recibe un premio de cuento infantil en el Ateneo de Santander. Lee a Gabriel Miró, cuya influencia inconsciente reconocerá en algunos versos del poema “Una tarde cualquiera”, de Quinta del 42.
En 1935 lee Versos humanos de Gerardo Diego. En ese año lee también a Juan Ramón Jiménez.
En 1936 conoce a José Luis Hidalgo, de quien
será amigo hasta la muerte de éste. A principios de este año lee la primera
Antología que sobre

Entre 1936 y 1937 aparecen publicados sus primeros poemas en un periódico de Gijón y en el Romancero General de la guerra de España.
Vive el periodo de la guerra (1936-1939) en Santander con su familia.
En 1937 Joaquín Hierro es encarcelado hasta 1941. En otoño, José Luis Hidalgo y José Hierro visitan en Santander a Gerardo Diego y le entregan una selección de poemas de ambos.
Entre 1936 y 1938 lee en francés a los principales poetas simbolistas y postsimbolistas (Baudelaire, Mallarmé y Valéry), haciendo de Las flores del mal uno de sus libros de cabecera.
En septiembre de 1939 ingresa en prisión, acusado de pertenecer a una red clandestina de ayuda y socorro a los presos, y recorre las cárceles de Santander, Comendadoras (Madrid), Palencia, de nuevo Santander, Porlier y Torrijos (Toledo), Segovia y Alcalá de Henares. Es procesado dos veces y, finalmente, se le condena a doce años y un día de reclusión, pero abandona la cárcel en enero de 1944.
En 1942 nace en Valencia, a partir de una tertulia que se celebra en el Bar Galicia, animada por Ricardo Blasco, Jorge Campos y Pedro Caba, la revista Corcel, en la que muy pronto empezará a colaborar José Luis Hidalgo, que entonces vivía allí.
En enero de 1944, José Hierro sale de la prisión de Alcalá de Henares. Aparece en abril de este año el primer número de la revista Proel. En julio, José Luis Hidalgo y José Hierro se encuentran en el Paseo de Pereda de Santander con Julio Maruri y Carlos Salomón. Hierro les lee los primeros poemas de Tierra sin nosotros: “Mili de Castro” y “Luna de agosto”. Después de pasar el verano en Santander, José Hierro se traslada a Valencia, donde Hidalgo le asegura tener para él un trabajo que realmente no existe. Hierro empieza a escribir los poemas de Tierra sin nosotros (el primero de los cuales fue “Mili de Castro”), libro que concluirá en 1946. El 27 de marzo fallece su padre, Joaquín Hierro.
En el periodo comprendido entre 1944 y 1946 reside en Valencia junto a José Luis Hidalgo y Jorge Campos. Allí se incorpora, con Ricardo Zamorano y Francisco Ribes, entre otros, a la revista Corcel, dirigida por Ricardo Blasco.
En septiembre de 1945, Proel publica el nº XVIII, Homenaje a Quevedo. Tras diversos viajes entre Valencia y Santander, José Luis Hidalgo se instala el 16 de diciembre definitivamente en la capital del Turia. A lo largo de este año aparecen diversos poemas de Tierra sin nosotros en las revistas Garcilaso, Corcel y Proel.
En la primavera de 1946 se inicia la segunda época de Proel, en la que participará muy activamente, que terminará, con la revista, en 1950. José Luis Hidalgo enferma de una infección pulmonar y es trasladado y visitado con frecuencia por Hierro en Madrid. Comienzan a escribirse los poemas de Alegría, libro que se concluirá en los comienzos de 1947.
El 3 de febrero de 1947 muere José Luis Hidalgo en Madrid. Se publica Tierra sin nosotros (Ed. Proel. Santander) y Alegría recibe el Premio “Adonais”; el jurado del premio estaba compuesto por Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, José Luis Cano, Gerardo Diego y Enrique Azcoaga. A finales de año, Hierro envía parte de un nuevo libro, titulado Con las piedras, con el viento..., al matrimonio formado por Francisco Ribes y Josefina Escolano (María de Gracia Ifach); en la primavera de 1948, lo tiene ya concluido, pero, cuando lo va a enviar a la imprenta, en 1950, se da cuenta de que lo ha perdido y vuelve a redactarlo “de un tirón”, con la ayuda del manuscrito conservado por el matrimonio Ribes.
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Durante el periodo 1947-1952 vive y trabaja en
Santander, colaborando en la revista Proel junto a Ricardo Gullón, a quien
conoce a su vuelta a tal ciudad. Desempeña en estos años diversos trabajos:
listero en unos talleres metalúrgicos, redactor jefe de las revistas de
En 1949 en el nº 5 (“Primavera y Estío”) de Proel aparece el artículo de Eugenio Frutos titulado “El humanismo y la moral de Juan Pablo Sartre”, que contiene “El existencialismo es un humanismo” del filósofo francés. También en ese año tiene lugar el matrimonio de José Hierro con María de los Ángeles Torres, natural de Santander.
Se publica El viento sur, tirada especial de cien ejemplares (Hnos. Bedia. Santander) y nace su hijo Juan Ramón.
Un año después se publica Con las piedras, con el viento... (Ed. Proel. Santander).
En 1951 Roger Noël-Mayer traduce al francés una breve antología de poemas de José Hierro, prologados por Manuel Arce, con el título de Poèmes (Pierre Seghers. París).
En este mismo año nace su hija Margarita.
En 1952 Francisco Ribes le incluye en
En 1953 se publica Quinta del 42 (Editora Nacional. Madrid) y nace su hija Marián.
En 1954 se publica Antología poética (Pablo Beltrán de Heredia. Santander; 2ª edición, Cantalapiedra. Torrelavega, 1954).
En 1955 se publica Estatuas yacentes (Colección “Clásicos de todos los años”. Santander).
En 1957 se publica el libro Cuanto sé de mí
(Ágora. Madrid), que recibe el premio de
En 1960 se publica, con prólogo del autor, la antología Poesías escogidas (Losada. Buenos Aires). Es incluido en la antología Cuatro poetas de hoy: José Luis Hidalgo, Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro, de María de Gracia Ifach (Taurus. Madrid).
Nace su hijo Joaquín.
Dos años después se publica la primera edición de sus Poesías completas (1944-1962) (Giner. Madrid). Es incluido en la antología Veinte años de poesía española (1939-1959), de José Mª Castellet (Seix Barral. Barcelona).
En 1964 se publica Libro de las alucinaciones
(Editora Nacional, Madrid), que obtiene el Premio de
En 1965 es incluido en Poesía española contemporánea. Antología (1939-1964). Poesía social (Alfaguara. Madrid), elaborada por Leopoldo de Luis.
En los inicios de los setenta José Hierro dirige una tertulia poética en el Ateneo, que, por problemas políticos, acaba siendo censurada y tiene que trasladarse a la librería Abril, en la calle Arenal. La tertulia de la librería Abril, dirigida por Carmina Abril, José Gerardo Manrique de Lara y José Hierro, se inaugura con una lectura de poemas por parte de Vicente Aleixandre.
En 1974 se publica la segunda edición de la poesía completa de José Hierro, incluyendo los libros hasta entonces publicados, con el título de Cuanto sé de mi (Seix Barral, Barcelona).
En 1975 comienza a elaborar los primeros poemas de un libro que llevará por título Agenda.
En 1978 acompañando al artículo de Aurora de Albornoz “Aproximación a la obra poética de José Hierro (1947-1977)”, aparecen publicados los primeros poemas de Agenda, con el título de “Compasivamente en la noche” en Cuadernos Hispanoamericanos, nº 341 (nov. 1978); págs. 291-296.
En 1980 Aurora de Albornoz publica una extensa Antología de la obra de José Hierro (Visor. Madrid). Hay una 2ª edición en 1985.

En 1981 recibe el premio “Príncipe de Asturias”.
En 1982 Aurora de Albornoz publica, en la
colección “Los poetas” de
En 1986 se edita Libro de las alucinaciones en segunda edición en la editorial Cátedra con introducción y bibliografía de Dionisio Cañas. Premio Pablo Iglesias.
En 1987 José Hierro se jubila de su trabajo en Radio Nacional.
En 1990 se concluye la redacción del libro Agenda y se le concede el Premio Nacional de las Letras en su convocatoria de dicho año.
En 1991 se reedita Quinta del 42 en
En 1995 se le concede el IV Premio Reina Sofía
de Poesía Iberoamericana. Es nombrado Doctor Honoris Causa por
En 1998 concluye la redacción del libro Cuaderno de Nueva York y se publica en la colección de Poesía Hiperión. Se le concede el Premio Cervantes.
En 1999 se editan los sonetos completos en
Se le concede el Premio de
Es elegido académico de
Premio Nacional de Poesía por Cuaderno de Nueva York.
Premio Francisco de Quevedo.
Premio Aristeion.
En el 2000 se le concede el premio Miguel Hernández.
En el 2002 es nombrado Doctor Honoris Causa
por
Fallece el 21 de diciembre del 2002 en Madrid.

Análisis de su obra
Sus primeros versos aparecen en distintas publicaciones
del frente republicano. Acabada la contienda, padece cuatro años de cárcel, y
esta experiencia lo marca indeleblemente. De ahí que, al reaparecer en el
panorama lírico de los años cuarenta, con dos libros casi simultáneos, lo haga
urgido por un amargo poso autobiográfico que dota a su poesía de una madurez
poco frecuente en jóvenes poetas. Se titula el primero Tierra sin nosotros
(1947), marbete que nos proporciona las desoladas claves donde arraiga, no ya
sólo este libro, sino buena parte de la producción surgida de la guerra: la
patria un día habitable aparece en ruinas.
El libro siguiente, Alegría (1947) (Premio Adonais),
continúa la reflexión de Tierra sin nosotros.
Con las piedras, con el viento (1950), es el testimonio
de una experiencia amorosa abocada, también, al fracaso.
Con Quinta del 42 (1953) comienza la exploración de la
vía solidaria, nunca ajena a Hierro, pero, hasta ahora, sostenida en penumbra;
no es, sin embargo, la suya una poesía social al uso, y esta diferencia
desencadena, con anticipación de años, los mecanismos superadores de un
realismo que por entonces amordazaba a la poesía española.
Antirrealista es, en efecto, Cuanto sé de mí (1957),
libro que acentúa la preocupación verbal, reivindica ámbitos imaginativos y se
aleja de la historia y del tiempo para acceder a la «sonora gruta del enigma».
Estos elementos culminan en el Libro de las alucinaciones
(1964). Marcado por una poderosa veta irracionalista que se canaliza con
frecuencia en el versículo, este poemario rompe definitivamente con las
categorías espacio-temporales.
En 1974 publicará una nueva edición de Cuanto sé de mí;
en 1991, un nuevo libro de poemas titulado Agenda; en 1995 Emblemas
neurorradiológicos y a finales de los 90 Cuaderno de Nueva York.
Su poesía es poderosamente evocativa y ahonda en una
intimidad erosionada por un tiempo implacable. Se percibe la influencia de
Gerardo Diego. Se inició con una temática reivindicativa testimonial, la
memoria de un niño de la guerra, si bien no es un poeta social al uso; poco a
poco fue haciéndose más colectiva y existencial.
Poseía la curiosa superstición de no poder escribir nunca en su propia casa; era normal verlo en la cafetería de Avenida Ciudad de Barcelona, en Madrid; en ella y en otros cafés escribió toda su obra. Era sin embargo un trabajador lento y minucioso: algunos de sus poemas tardaron años en encontrar la forma definitiva. También se dedicó al dibujo ocasionalmente.
Reseñas
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Rogers, D. M.: «El
tiempo en la poesía de J. Hierro» en Archivum, nos 1-2 (nov. de 1961), pp.
201-230;
Jiménez, J.O.: «La
poesía de J. Hierro» , en Cinco poetas del tiempo (Madrid, 1972), pp. 177-326;
Villar, A. del «El
vitalismo alucinado de J. Hierro», en Arbor, nº 349 (enero de 1975), pp. 67-80;
Peña, P. J. de la :
Individuo y colectividad: el caso de J. Hierro (Valencia, 1978);
Albornoz, A. de : José
Hierro (Madrid. 1981);
González, J.M.: Poesía
española de posguerra: Celaya, Otero, Hierro (1950-1960) (Madrid, 1982);
Torre, E. E. de: José
Hierro: poeta de testimonio (Madrid, 1983);
García de
Corona Marzol, G.:
Bibliografía de José Hierro (Zaragoza, 1988) y Realidad vital y realidad
poética (Poesía y poética de J. Hierro) (Zaragoza, 1991);
V.V. A.A.: A José
Hierro. Encuentros. Domingo Nicolás (Ed.) Instituto de Estudios Almerienses.
(Almería, 1999);
V.V. A.A.: Espacio
Hierro. Medio siglo de creación poética de José Hierro. Juan Antonio González
Fuentes y Lorenzo Olivan (Eds.) Universidad de Cantabria. (Santander, 2001)
Vierna, Fernando de: «La
leyenda del almendro» en Exordio, nº 2. (Santander, 2003)
O B R A

Tierra sin nosotros (1946)
Alegría (1947)
Con las piedras, con el viento...
(1950)
Quinta del 42 (1952)
Antología poética (1953)
Estatuas yacentes (1955)
Cuanto sé de mí (1957)
Poesías completas: 1944-1962 (1962)
Libro de Alucinaciones (1963)
Significado y verdad (1967)
Seis sonetos olvidados (1990)
Emblemas neuroradiológicos (1990)
Agenda (1991)
Prehistoria literaria.
Poemas de 1937 y 1938 (1991)
Cuadernos de Nueva York (1998)
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P O E M A S |
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ALEGRÍA
LLEGUÉ
POR EL DOLOR A
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.
Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
( Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía. )
Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.
Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.
De "Alegría" 1947
RESPUESTA
Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndote débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?
Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.
De "Alegría" 1947
SI SOÑARAS SIEMPRE, SI AMARAS
Si soñaras siempre, si amaras
olvidándote, abandonándote...
Pensaría por ti las cosas
dejando que me las soñases.
Con mi velar y tu soñar
el camino sería fácil.
Yo daría los nombres justos
a los sueños que deshojases.
Encontraría para ellos
la voz que los encadenase,
la forma exacta, la palabra
que los llena de claridades.
Me acercaría hasta ti como
si fueses una orilla madre.
Y qué descanso dar al alma
sombras que el alma apenas sabe.
Yo no diría de ti: era
blanca y hermosa y joven y ágil;
tenía bellos ojos tristes
abiertos sólo a realidades
Yo no diría de ti: es mi fresca
raíz que de los sueños nace,
la música de mis palabras,
el hondo canto inexplicable,
la prodigiosa primavera
que en las hojas recientes arde,
el corazón caliente que ama
olvidándose, abandonándose.
Tú lo sabrás un día. Entonces
será demasiado tarde.
De "Alegría" 1947
A CAE EL SOL
Perdóname. No volverá a ocurrir.
Ahora quisiera
meditar, recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño
con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.
Hablo con humildad,
con la desilusión, la gratitud
de quien vivió de la limosna de la vida.
Con la tristeza de quien busca
una pobre verdad en que apoyarse y descansar.
La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,
don gratuito, porque nada merecí.
¡Y la verdad! ¡Y la verdad!
Buscada a golpes, en los seres,
hiriéndolos e hiriéndome;
hurgada en las palabras;
cavada en lo profundo de los hechos
-mínimos, gigantescos, qué más da:
después de todo, nadie sabe
qué es lo pequeño y qué lo enorme;
grande puede llamarse a una cereza
( "hoy se caen solas las cerezas",
me dijeron un día, y yo sé por qué fue ),
pequeño puede ser un monte,
el universo y el amor.
Se me había olvidado algo
que había sucedido.
Algo de lo que yo me arrepentía
o, tal vez, me jactaba.
Algo que debió ser de otra manera.
Algo que era importante
porque pertenecía a mi vida: era mi vida.
(Perdóname si considero importante mi vida:
es todo lo que tengo, lo que tuve;
hace ya mucho tiempo, yo la habría vivido
a oscuras, sin lengua, sin oídos, sin manos,
colgado en el vacío,
sin esperanza.)
Pero se me ha borrado
la historia (la nostalgia)
y no tengo proyectos
para mañana, ni siquiera creo
que exista ese mañana (la esperanza).
Ando por el presente
y no vivo el presente
(la plenitud en el dolor y la alegría).
Parezco un desterrado
que ha olvidado hasta el nombre de su patria,
su situación precisa, los caminos
que conducen a ella.
Perdóname que necesite
averiguar su sitio exacto.
Y cuando sepa dónde la perdí,
quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale
tanto como la vida para mí, que es su sentido.
Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones.
De "Libro de las alucinaciones" 1964
ORILLAS
DEL EAST RIVER
I
En esta encrucijada,
flagelada por vientos de dos ríos
que despeinan la calle y la avenida,
pisoteada su negrura por gaviotas de luz,
descienden las palabras a mi mano,
picotean los granos de rocío,
buscan entre mis dedos las migajas de lágrimas.
Siempre aspiré a que mis palabras,
las que llevo al papel,
continuasen llorando
-de pena, de felicidad, de desesperanza,
al fin, todo es lo mismo-,
porque yo las había llorado antes;
antes de que desembocasen en el papel blanquísimo,
en el papel deshabitado, que es el morir.
Dejarían en él los ecos asordados, empañados,
de lo que tuvo vida.
Alguien advertiría la humedad de las lágrimas,
lloraría por seres que jamás conoció,
que acaso no es posible que existieran
aunque estuvieron vivos
en el recuerdo o en la imaginación.
Lloraríamos todos por los desconocidos,
los -para mí -difuminados
en la magia del tiempo.
Contra las estructuras
de metal y de vidrio nocturno
rebotan las palabras aún sin forma,
consagradas en el torbellino helado,
y no me hacen llorar.
Yo ya no sé llorar. ¡Y mira que he llorado!
II
Yo ya no lloro,
excepto por aquello que algún día
me hizo llorar:
los aviones que proclamaban
que todo había terminado;
la estación amarilla diluida en la noche
en la que coincidían, tan sólo unos instantes,
el tren que partía hacia el norte
y el que partía hacia el oeste
y jamás volverían a encontrarse;
y la voz de Juan Rulfo: «diles que no me maten»;
y la malagueña canaria;
y la niña mendiga de Lisboa
que me pidió un «besiño».
Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar.
De "Cuaderno de Nueva York" 1998
ACELERANDO
Aquí, en este momento, termina todo,
se detiene la vida. Han florecido luces amarillas
a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa
cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento.
Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia
en la noche, jadeando en la hierba,
trayendo en hilos aroma de las nubes,
poniendo en nuestra carne su dentadura fresca.
Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro
porque eran miles de kilómetros
los que nos separaban de las olas,
y lo peor, miles de días pasados y futuros nos separaban.
Descendían en la sombra las escaleras.
Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hora
-dije yo-, ya es hora de volver a tu casa.»
Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó
vestida de otro modo, con flores en el pelo.
Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy.» Bajamos
las gradas del altar. El armonio sonaba.
Y un violín que rizaba su melodía empalagosa.
Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido
tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso.
Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad.
«¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos
al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía
con su poco de sombra con estrellas,
su agua de luces navegantes,
sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios
una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente.
Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme
lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida,
y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor
gris que giraba en torno vertiginosa.
Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia.
Los niños -quiénes son, que hace un instante
no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa:
«Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije
con ira y pena. Silencio. Yo besé
la frente de ella, los ojos con arrugas
cada vez más profundas. ¿Dónde la noche aquella,
en qué lugar del universo se halla? «Has sido duro
con los niños.» Abrí la habitación de los pequeños,
volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose.
Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon
los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor,
con sus noches de estrellas, con sus mares azules,
con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar
bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella,
dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido,
este disco que gira y gira en el silencio,
consumida su música...
De "Libro de las alucinaciones" 1964
ALEGRÍA INTERIOR
En mí la siento aunque se esconde.
Moja mis oscuros caminos interiores.
Quién sabe cuántos mágicos rumores
sobre el sombrío corazón deshoja.
A veces alza en mí su luna roja
o me reclina sobre extrañas flores.
Dicen que ha muerto, que de sus verdores
el árbol de mi vida se despoja.
Sé que no ha muerto, porque vivo. Tomo,
en el oculto reino en que se esconde,
la espiga de su mano verdadera.
Dirán que he muerto, y yo no muero.¿Cómo
podría ser así, decidme, dónde
podría ella reinar si yo muriera?
De "Alegría" 1947
ALMA DORMIDA
Me tendí sobre la hierba entre los troncos
que hoja a hoja desnudaban su belleza.
Dejé el alma que soñase:
volvería a despertar en primavera.
Nuevamente nace el mundo, nuevamente
naces, alma (estabas muerta).
Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:
tú dormías, esperando ser eterna.
Y por mucho que te cante la alta música
de las nubes, y por mucho que te quieran
explicar las criaturas por qué evocan
aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas
hacer tuya tanta vida derramada
(era vida, y tú dormías), ya no llegas
a alcanzar la plenitud de su alegría:
tú dormías cuando todo estaba en vela.
Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro...
(Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)
De "Agenda" 1991
AMANECER
Imagínate tú...
Imagínatelo tú por un momento.
La estrella aún flotaba en las aguas.
Río abajo, a la noche del mar, la llevó la corriente.
Y de pronto la mágica música errante en la sombra
se apagó, sin dolor, en el fresco silencio silvestre.
Imagínate tú, piensa sólo un instante,
piensa sólo un instante que el alma comienza a caerse.
(Las hojas, el canto del agua que sólo tú escuchas:
maravilloso silencio que pone en las tuyas su mano evidente.)
Piensa sólo un instante que has roto los diques y flotas sin tiempo en la noche,
que eres carne de sombra, recuerdo de sombra; que sombra tan sólo te envuelve.
Piensa conmigo «¡tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo,
antes que todo se desvaneciese!»
Imagínate tú que hace siglos que has muerto.
No te preguntan las cosas, si pasas, quién eres.
Procura un instante pensar que tus brazos no pesan.
Son nada más que dos cañas, dos gotas de lluvia, dos humos calientes.
(¡Tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo!)
Y cuando creas que todo ante ti perfecciona su muerte,
abre los ojos:
El trágico hachero saltaba los montes,
llevaba una antorcha en la mano, incendiaba los bosques nacientes.
El río volvía a mojar las orillas que dan a tu vida.
El prodigio era tuyo y te hacías así vencedor de la muerte.
De "Agenda" 1991
APAGAMOS LAS MANOS...
Apagamos las manos. Dejamos encima del mar marchitarse la luna
y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Ahora ya es tarde. Las albas vendrán a ofrecernos sus húmedas flores.
Ciegos iremos. Callados iremos, mirando algo nuestro que escapa
hacia su patria remota.
(Nuestro espíritu debe de ser, que cabalga
sobre las olas.)
Ahora ya es tarde. Apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Hemos caído en un pozo que ahoga los sueños.
Hemos sentido la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.
Antes, entonces, con qué gozo ardiente,
con qué prodigioso encenderse de aurora
modelamos en nieblas efímeras, en pasto de brisas ligeras,
nuestra cálida hora.
Y cómo apretamos las ubres calientes. Y cómo era hermoso
pensar que no había ni ayer, ni mañana, ni historia.
Ahora ya es tarde; apagamos las manos felices
y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Cómo errar por los años, como astros gemelos, sin fuego,
como astros sin luz que se ignoran.
Cómo andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos
mientras en torno el amor se desploma.
Ahora ya es tarde. Sabemos. Pensamos. (Buscábamos almas.)
Ahora sabemos que el alma no es piedra ni flor que se toca.
Como astros gemelos y ajenos pasamos, sabiendo
que el alma se niega si el cuerpo se niega.
Que nunca se logra si el cuerpo se logra.
Dejamos encima del mar marchitarse la luna.
Cómo errar, por los años, sin gloria.
Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños
que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.
Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma
es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.
Estamos despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,
sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.
De "Con las piedras, con el viento" 1950
ASÍ ERA
Canta, me dices. Y yo canto.
¿Cómo callar? Mi boca es tuya.
Rompo contento mis amarras,
dejo que el mundo se me funda.
Sueña, me dices. Y yo sueño.
¡Ojalá no soñara nunca!
No recordarte, no mirarte,
no nadar por aguas profundas,
no saltar los puentes del tiempo
hacia un pasado que me abruma,
no desgarrar ya más mi carne
por los zarzales, en tu busca.
Canta, me dices. Yo te canto
a ti, dormida, fresca y única,
con tus ciudades en racimos,
como palomas sucias,
como gaviotas perezosas
que hacen sus nidos en la lluvia,
con nuestros cuerpos que a ti vuelven
como a una madre verde y húmeda.
Eras de vientos y de otoños,
eras de agrio sabor a frutas,
eras de playas y de nieblas,
de mar reposando en la bruma,
de campos y albas ciudades,
con un gran corazón de música.
De "Alegría" 1947
CANCIÓN DE CUNA PARA DORMIR A UN PRESO
La gaviota sobre el pinar.
(La mar resuena.)
Se acerca el sueño. Dormirás,
soñarás, aunque no lo quieras.
La gaviota sobre el pinar
goteado todo de estrellas.
Duerme. Ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
No hay más que sombra. Arriba, luna.
Peter Pan por las alamedas.
Sobre ciervos de lomo verde
la niña ciega.
Ya tú eres hombre, ya te duermes,
mi amigo, ea...
Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo
sobre la luna, y la degüella.
La mar está cerca de ti,
muerde tus piernas.
No es verdad que tú seas hombre;
eres un niño que no sueña.
No es verdad que tú hayas sufrido:
son cuentos tristes que te cuentan.
Duerme. La sombra toda es tuya,
mi amigo, ea...
Eres un niño que está serio.
Perdió la risa y no la encuentra.
Será que habrá caído al mar,
la habrá comido una ballena.
Duerme, mi amigo, que te acunen
campanillas y panderetas,
flautas de caña de son vago
amanecidas en la niebla.
No es verdad que te pese el alma.
El alma es aire y humo y seda.
La noche es vasta. Tiene espacios
para volar por donde quieras,
para llegar al alba y ver
las aguas frías que despiertan,
las rocas grises, como el casco
que tú llevabas a la guerra.
La noche es amplia, duerme, amigo,
mi amigo, ea...
La noche es bella, está desnuda,
no tiene límites ni rejas.
No es verdad que tú hayas sufrido,
son cuentos tristes que te cuentan.
Tú eres un niño que está triste,
eres un niño que no sueña.
Y la gaviota está esperando
para venir cuando te duermas.
Duerme, ya tienes en tus manos
el azul de la noche inmensa.
Duerme, mi amigo...
Ya se duerme
mi amigo, ea...
De "Tierra sin nosotr0s" 1947
COMO
Como la rosa: nunca
te empañe un pensamiento.
No es para ti la vida
que te nace de dentro.
Hermosura que tenga
su ayer en su momento.
Que en sólo tu apariencia
se guarde tu secreto.
Pasados no te brinden
su inquietante misterio.
Recuerdos no te nublen
el cristal de tus sueños.
Cómo puede ser bella
flor que tiene recuerdos.
De "Con las piedras, con el viento" 1950
COPLILLA DESPUÉS DEL 5º BOURBON
Pensaba que sólo habría
sombra, silencio, vacío.
Y murió. Estaba en lo cierto.
El mismo Dios se lo dijo.
De "Cuaderno de Nueva York" 1998
CON LAS PIEDRAS, CON EL VIENTO
Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.
Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.
Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
con las piedras, con el viento.
Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.
De "Con las piedras, con el viento" 1950
CORAZÓN QUE TE HIEREN
Corazón que te hieren
con una rama verde.
Llegó a mi lado. Era
el momento más fuerte
que el recuerdo. Es hoy todo
inolvidable. El verde
de los álamos es
vida. Los cielos tienen
azul de amor sereno
que aún ignora la muerte.
Llega a mi lado. Trae
una rama. (Parece
la verde primavera
que entre sus manos duerme.)
Oh, qué felicidad.
Las brisas, cómo mecen.
Ella saca a las flores
de su encanto silvestre.
Ella toca de gracia
el áspero presente.
Llega a mi lado. Trae
una rama. (Se mueve
irreal: su elemento
es la música. Viene
quebrando los silencios
maravillosamente. )
Entre sus manos es
la rama una serpiente
de luz, un río frágil,
bandera transparente
que pone en este ensueño
su alegría evidente.
(Por la rama comprendo
que estamos vivos. Este
instante no es un sueño
que pasa y no nos mueve.)
Es un látigo frágil,
una llama en que beben
nuestros ojos.
¿Por qué
la ceñiste a mis sienes 40
como si fuera el único
dios a quien perteneces?
¡Por qué te he preguntado
si ceñiste otras sienes!
Corazón, te han herido
con una rama verde.
De "Con las piedras, con el viento" 1950
CUMBRE
Firme, bajo mi pie, cierta y segura,
de piedra y música te tengo;
no como entonces, cuando a cada instante
te levantabas de mi sueño.
Ahora puedo tocar tus lomas tiernas,
el verde fresco de tus aguas.
Ahora estamos, de nuevo, frente a frente
como dos viejos camaradas.
Nueva canción con nuevos instrumentos.
Cantas, me duermes y me acunas.
Haces eternidad de mi pasado.
Y luego el tiempo se desnuda.
¡Cantarte, abrir la cárcel donde espera
tanta pasión acumulada!
Y ver perderse nuestra antigua imagen
arrebatada por el agua.
Firme, bajo mi pie, cierta y segura,
de piedra y música te tengo.
Señor, Señor, Señor: todo lo mismo.
Pero, ¿qué has hecho de mi tiempo?
De "Tierra sin nosotros" 1947
DESALIENTO
«No quiero que pienses», dices
Tú sabes que sólo en ello
puedo pensar. Pasarán
los días, las noches. Tiempos
vendrán sin nosotros. soles
brillarán en cielos nuev