BIOGRAFÍA   DE   JOSÉ   HIERRO

 

José Hierro nace el 3 de abril de 1922 en Madrid, en la calle Andrés Borrego, nº 18-20, actualmente nº 16. Sus padres eran Joaquín Hierro, empleado de telégrafos y madrileño de origen, y Esperanza Real, natural de Santander. Tiene una hermana, Isabel.

 

A los dos años se traslada toda la familia a Santander por cambio de destino del padre.

 

Entre 1928 y 1936 realiza los estudios primarios en el Colegio de los Salesianos. Luego pasa a la Escuela de Industrias, donde, en contra de la voluntad familiar, estudia peritaje eléctrico-mecánico, estudios que no termina por causa de la guerra.

 

En 1932 lee El alcázar de las perlas, de Francisco Villaespesa, que según sus palabras, le influirá inconscientemente en el uso del eneasílabo romanceado de sus primeros libros. Por esos años, lee también Peter Pan, que luego será recordado en “Canción de cuna para dormir a un preso”, de Tierra sin nosotros.

 

En 1934 recibe un premio de cuento infantil en el Ateneo de Santander. Lee a Gabriel Miró, cuya influencia inconsciente reconocerá en algunos versos del poema “Una tarde cualquiera”, de Quinta del 42.

 

En 1935 lee Versos humanos de Gerardo Diego. En ese año lee también a Juan Ramón Jiménez.

 

En 1936 conoce a José Luis Hidalgo, de quien será amigo hasta la muerte de éste. A principios de este año lee la primera Antología que sobre la Generación del 27 había preparado Gerardo Diego; ello supone, según sus propias palabras, “una puesta al día en las corrientes más modernas de la poesía”. Lee a Dostoievsky y la Historia de dos ciudades, de Dickens, cuyo personaje Sidney Carton le influirá a la hora de escribir sus tres novelas inéditas. Comienza a leer a los clásicos españoles, sintiendo una especial predilección por Lope de Vega y la poesía de tipo tradicional.

 

 

Entre 1936 y 1937 aparecen publicados sus primeros poemas en un periódico de Gijón y en el Romancero General de la guerra de España.

 

Vive el periodo de la guerra (1936-1939) en Santander con su familia.

 

En 1937 Joaquín Hierro es encarcelado hasta 1941. En otoño, José Luis Hidalgo y José Hierro visitan en Santander a Gerardo Diego y le entregan una selección de poemas de ambos.

 

Entre 1936 y 1938 lee en francés a los principales poetas simbolistas y postsimbolistas (Baudelaire, Mallarmé y Valéry), haciendo de Las flores del mal uno de sus libros de cabecera.

 

En septiembre de 1939 ingresa en prisión, acusado de pertenecer a una red clandestina de ayuda y socorro a los presos, y recorre las cárceles de Santander, Comendadoras (Madrid), Palencia, de nuevo Santander, Porlier y Torrijos (Toledo), Segovia y Alcalá de Henares. Es procesado dos veces y, finalmente, se le condena a doce años y un día de reclusión, pero abandona la cárcel en enero de 1944.

 

En 1942 nace en Valencia, a partir de una tertulia que se celebra en el Bar Galicia, animada por Ricardo Blasco, Jorge Campos y Pedro Caba, la revista Corcel, en la que muy pronto empezará a colaborar José Luis Hidalgo, que entonces vivía allí.

 

En enero de 1944, José Hierro sale de la prisión de Alcalá de Henares. Aparece en abril de este año el primer número de la revista Proel. En julio, José Luis Hidalgo y José Hierro se encuentran en el Paseo de Pereda de Santander con Julio Maruri y Carlos Salomón. Hierro les lee los primeros poemas de Tierra sin nosotros: “Mili de Castro” y “Luna de agosto”. Después de pasar el verano en Santander, José Hierro se traslada a Valencia, donde Hidalgo le asegura tener para él un trabajo que realmente no existe. Hierro empieza a escribir los poemas de Tierra sin nosotros (el primero de los cuales fue “Mili de Castro”), libro que concluirá en 1946. El 27 de marzo fallece su padre, Joaquín Hierro.

 

En el periodo comprendido entre 1944 y 1946 reside en Valencia junto a José Luis Hidalgo y Jorge Campos. Allí se incorpora, con Ricardo Zamorano y Francisco Ribes, entre otros, a la revista Corcel, dirigida por Ricardo Blasco.

 

En septiembre de 1945, Proel publica el nº XVIII, Homenaje a Quevedo. Tras diversos viajes entre Valencia y Santander, José Luis Hidalgo se instala el 16 de diciembre definitivamente en la capital del Turia. A lo largo de este año aparecen diversos poemas de Tierra sin nosotros en las revistas Garcilaso, Corcel y Proel.

 

En la primavera de 1946 se inicia la segunda época de Proel, en la que participará muy activamente, que terminará, con la revista, en 1950. José Luis Hidalgo enferma de una infección pulmonar y es trasladado y visitado con frecuencia por Hierro en Madrid. Comienzan a escribirse los poemas de Alegría, libro que se concluirá en los comienzos de 1947.

 

El 3 de febrero de 1947 muere José Luis Hidalgo en Madrid. Se publica Tierra sin nosotros (Ed. Proel. Santander) y Alegría recibe el Premio “Adonais”; el jurado del premio estaba compuesto por Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, José Luis Cano, Gerardo Diego y Enrique Azcoaga. A finales de año, Hierro envía parte de un nuevo libro, titulado Con las piedras, con el viento..., al matrimonio formado por Francisco Ribes y Josefina Escolano (María de Gracia Ifach); en la primavera de 1948, lo tiene ya concluido, pero, cuando lo va a enviar a la imprenta, en 1950, se da cuenta de que lo ha perdido y vuelve a redactarlo “de un tirón”, con la ayuda del manuscrito conservado por el matrimonio Ribes.

 

Durante el periodo 1947-1952 vive y trabaja en Santander, colaborando en la revista Proel junto a Ricardo Gullón, a quien conoce a su vuelta a tal ciudad. Desempeña en estos años diversos trabajos: listero en unos talleres metalúrgicos, redactor jefe de las revistas de la Cámara de Comercio de Santander y de la Cámara Agraria, titulada esta última Tierras del Norte.

 

En 1949 en el nº 5 (“Primavera y Estío”) de Proel aparece el artículo de Eugenio Frutos titulado “El humanismo y la moral de Juan Pablo Sartre”, que contiene “El existencialismo es un humanismo” del filósofo francés. También en ese año tiene lugar el matrimonio de José Hierro con María de los Ángeles Torres, natural de Santander.

Se publica El viento sur, tirada especial de cien ejemplares (Hnos. Bedia. Santander) y nace su hijo Juan Ramón.

 

Un año después se publica Con las piedras, con el viento... (Ed. Proel. Santander).

 

En 1951 Roger Noël-Mayer traduce al francés una breve antología de poemas de José Hierro, prologados por Manuel Arce, con el título de Poèmes (Pierre Seghers. París).

En este mismo año nace su hija Margarita.

 

En 1952 Francisco Ribes le incluye en la Antología consultada de la joven poesía española (Dist. Marés. Valencia). Comienza a trabajar en Editora Nacional y se traslada definitivamente a Madrid, donde vive desde entonces. En Editora Nacional trabaja primero como oficinista, luego como encargado de ediciones, diseñando las cubiertas de los libros y corrigiendo las pruebas de edición. Posteriormente trabaja como promotor en España del Reader´s Digest y en la revista Dunia, hasta que ésta se traslada a Barcelona. Trabaja en Radio Nacional hasta 1987, año en que se jubila.

 

En 1953 se publica Quinta del 42 (Editora Nacional. Madrid) y nace su hija Marián.

 

En 1954 se publica Antología poética (Pablo Beltrán de Heredia. Santander; 2ª edición, Cantalapiedra. Torrelavega, 1954).

 

En 1955 se publica Estatuas yacentes (Colección “Clásicos de todos los años”. Santander).

 

En 1957 se publica el libro Cuanto sé de mí (Ágora. Madrid), que recibe el premio de la Crítica y el Premio March. Se publica el volumen recopilatorio de los dos primeros libros de Hierro, precedidos de un prólogo del autor, titulado Poesía del momento (Afrodisio Aguado. Madrid). Comienza a escribir los poemas de Libro de las alucinaciones, que se concluirán en 1963.

 

En 1960 se publica, con prólogo del autor, la antología Poesías escogidas (Losada. Buenos Aires). Es incluido en la antología Cuatro poetas de hoy: José Luis Hidalgo, Gabriel Celaya, Blas de Otero y José Hierro, de María de Gracia Ifach (Taurus. Madrid).

Nace su hijo Joaquín.

 

Dos años después se publica la primera edición de sus Poesías completas (1944-1962) (Giner. Madrid). Es incluido en la antología Veinte años de poesía española (1939-1959), de José Mª Castellet (Seix Barral. Barcelona).

 

En 1964 se publica Libro de las alucinaciones (Editora Nacional, Madrid), que obtiene el Premio de la Crítica de ese año. Una segunda edición de este libro, a cargo de Dionisio Cañas, verá la luz en 1986 en la colección “Letras Hispánicas” de la editorial Cátedra.

 

En 1965 es incluido en Poesía española contemporánea. Antología (1939-1964). Poesía social (Alfaguara. Madrid), elaborada por Leopoldo de Luis.

 

En los inicios de los setenta José Hierro dirige una tertulia poética en el Ateneo, que, por problemas políticos, acaba siendo censurada y tiene que trasladarse a la librería Abril, en la calle Arenal. La tertulia de la librería Abril, dirigida por Carmina Abril, José Gerardo Manrique de Lara y José Hierro, se inaugura con una lectura de poemas por parte de Vicente Aleixandre.

 

En 1974 se publica la segunda edición de la poesía completa de José Hierro, incluyendo los libros hasta entonces publicados, con el título de Cuanto sé de mi (Seix Barral, Barcelona).

 

En 1975 comienza a elaborar los primeros poemas de un libro que llevará por título Agenda.

 

En 1978 acompañando al artículo de Aurora de Albornoz “Aproximación a la obra poética de José Hierro (1947-1977)”, aparecen publicados los primeros poemas de Agenda, con el título de “Compasivamente en la noche” en Cuadernos Hispanoamericanos, nº 341 (nov. 1978); págs. 291-296.

 

En 1980 Aurora de Albornoz publica una extensa Antología de la obra de José Hierro (Visor. Madrid). Hay una 2ª edición en 1985.

 

 

En 1981 recibe el premio “Príncipe de Asturias”.

 

En 1982 Aurora de Albornoz publica, en la colección “Los poetas” de la Editorial Júcar, una antología precedida de un extenso prólogo, con el título de José Hierro (Ed. Júcar. Madrid-Gijón).

 

En 1986 se edita Libro de las alucinaciones en segunda edición en la editorial Cátedra con introducción y bibliografía de Dionisio Cañas. Premio Pablo Iglesias.

 

En 1987 José Hierro se jubila de su trabajo en Radio Nacional.

 

En 1990 se concluye la redacción del libro Agenda y se le concede el Premio Nacional de las Letras en su convocatoria de dicho año.

 

En 1991 se reedita Quinta del 42 en la Colección Literaria U.P. de San Sebastián de los Reyes.

 

En 1995 se le concede el IV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Es nombrado Doctor Honoris Causa por la UIMP de Santander. El 23 de julio fallece su madre Esperanza Real Gómez.

 

En 1998 concluye la redacción del libro Cuaderno de Nueva York y se publica en la colección de Poesía Hiperión. Se le concede el Premio Cervantes.

 

En 1999 se editan los sonetos completos en la Colección literaria U.P. de San Sebastián de los Reyes.

Se le concede el Premio de la Crítica 1998.

Es elegido académico de la Real Academia de la lengua.

Premio Nacional de Poesía por Cuaderno de Nueva York.

Premio Francisco de Quevedo.

Premio Aristeion.

 

En el 2000 se le concede el premio Miguel Hernández.

 

En el 2002 es nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Turín.

 

Fallece el 21 de diciembre del 2002 en Madrid.

 


 

 

Análisis  de  su  obra

 

            Sus primeros versos aparecen en distintas publicaciones del frente republicano. Acabada la contienda, padece cuatro años de cárcel, y esta experiencia lo marca indeleblemente. De ahí que, al reaparecer en el panorama lírico de los años cuarenta, con dos libros casi simultáneos, lo haga urgido por un amargo poso autobiográfico que dota a su poesía de una madurez poco frecuente en jóvenes poetas. Se titula el primero Tierra sin nosotros (1947), marbete que nos proporciona las desoladas claves donde arraiga, no ya sólo este libro, sino buena parte de la producción surgida de la guerra: la patria un día habitable aparece en ruinas.

 

            El libro siguiente, Alegría (1947) (Premio Adonais), continúa la reflexión de Tierra sin nosotros.

 

            Con las piedras, con el viento (1950), es el testimonio de una experiencia amorosa abocada, también, al fracaso.

 

            Con Quinta del 42 (1953) comienza la exploración de la vía solidaria, nunca ajena a Hierro, pero, hasta ahora, sostenida en penumbra; no es, sin embargo, la suya una poesía social al uso, y esta diferencia desencadena, con anticipación de años, los mecanismos superadores de un realismo que por entonces amordazaba a la poesía española.

 

            Antirrealista es, en efecto, Cuanto sé de mí (1957), libro que acentúa la preocupación verbal, reivindica ámbitos imaginativos y se aleja de la historia y del tiempo para acceder a la «sonora gruta del enigma».

 

            Estos elementos culminan en el Libro de las alucinaciones (1964). Marcado por una poderosa veta irracionalista que se canaliza con frecuencia en el versículo, este poemario rompe definitivamente con las categorías espacio-temporales.

 

            En 1974 publicará una nueva edición de Cuanto sé de mí; en 1991, un nuevo libro de poemas titulado Agenda; en 1995 Emblemas neurorradiológicos y a finales de los 90 Cuaderno de Nueva York.

 

            Su poesía es poderosamente evocativa y ahonda en una intimidad erosionada por un tiempo implacable. Se percibe la influencia de Gerardo Diego. Se inició con una temática reivindicativa testimonial, la memoria de un niño de la guerra, si bien no es un poeta social al uso; poco a poco fue haciéndose más colectiva y existencial.

 

            Poseía la curiosa superstición de no poder escribir nunca en su propia casa; era normal verlo en la cafetería de Avenida Ciudad de Barcelona, en Madrid; en ella y en otros cafés escribió toda su obra. Era sin embargo un trabajador lento y minucioso: algunos de sus poemas tardaron años en encontrar la forma definitiva. También se dedicó al dibujo ocasionalmente.


 

Reseñas

 

 

 

Rogers, D. M.: «El tiempo en la poesía de J. Hierro» en Archivum, nos 1-2 (nov. de 1961), pp. 201-230;

 

Jiménez, J.O.: «La poesía de J. Hierro» , en Cinco poetas del tiempo (Madrid, 1972), pp. 177-326;

 

Villar, A. del «El vitalismo alucinado de J. Hierro», en Arbor, nº 349 (enero de 1975), pp. 67-80;

 

Peña, P. J. de la : Individuo y colectividad: el caso de J. Hierro (Valencia, 1978);

 

Albornoz, A. de : José Hierro (Madrid. 1981);

 

González, J.M.: Poesía española de posguerra: Celaya, Otero, Hierro (1950-1960) (Madrid, 1982);

 

Torre, E. E. de: José Hierro: poeta de testimonio (Madrid, 1983);

 

García de la Concha, V.: «Un poeta del tiempo histórico: J. Hierro» , en La poesía española de 1935 a 1975 (Madrid, 1987), tomo II, pp. 632-660;

 

Corona Marzol, G.: Bibliografía de José Hierro (Zaragoza, 1988) y Realidad vital y realidad poética (Poesía y poética de J. Hierro) (Zaragoza, 1991);

 

V.V. A.A.: A José Hierro. Encuentros. Domingo Nicolás (Ed.) Instituto de Estudios Almerienses. (Almería, 1999);

 

V.V. A.A.: Espacio Hierro. Medio siglo de creación poética de José Hierro. Juan Antonio González Fuentes y Lorenzo Olivan (Eds.) Universidad de Cantabria. (Santander, 2001)

 

Vierna, Fernando de: «La leyenda del almendro» en Exordio, nº 2. (Santander, 2003)

 


 

O  B  R  A

 

 

Tierra sin nosotros (1946)

 

Alegría (1947)

 

Con las piedras, con el viento... (1950)

 

Quinta del 42 (1952)

 

Antología poética (1953)

 

Estatuas yacentes (1955)

 

Cuanto sé de mí (1957)

 

Poesías completas: 1944-1962 (1962)

 

Libro de Alucinaciones (1963)

 

Significado y verdad (1967)

 

Seis sonetos olvidados (1990)

 

Emblemas neuroradiológicos (1990)

 

Agenda (1991)

 

Prehistoria literaria.

 

Poemas de 1937 y 1938 (1991)

 

Cuadernos de Nueva York (1998)

 

 


 

 

 

   P O E M A S  

 

 

ALEGRÍA

 

LLEGUÉ POR EL DOLOR A LA ALEGRÍA.

Supe por el dolor que el alma existe.

Por el dolor, allá en mi reino triste,

un misterioso sol amanecía.

 

Era alegría la mañana fría

y el viento loco y cálido que embiste.

( Alma que verdes primaveras viste

maravillosamente se rompía. )

 

Así la siento más. Al cielo apunto

y me responde cuando le pregunto

con dolor tras dolor para mi herida.

 

Y mientras se ilumina mi cabeza

ruego por el que he sido en la tristeza

a las divinidades de la vida.

 

De "Alegría" 1947

 

 

RESPUESTA

 

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.

Que tú me entendieras a mí sin palabras

como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,

hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú  no comprendes.

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,

la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

 

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,

yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.

Criatura también de alegría quisiera que fueras,

criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

 

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas

y llorar en sus calles oscuras sintiéndote débil,

y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,

y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...

 

Si ahora yo te dijera

que es tu vida esa roca en que rompe la ola,

la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,

aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,

aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

 

Si yo te dijera estas cosas, amigo,

¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,

qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?

Y ¿cómo saber si me entiendes?

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,

poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

 

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

 

De "Alegría" 1947

 

 

SI SOÑARAS SIEMPRE, SI AMARAS

 

Si soñaras siempre, si amaras

olvidándote, abandonándote...

 

Pensaría por ti las cosas

dejando que me las soñases.

Con mi velar y tu soñar

el camino sería fácil.

Yo daría los nombres justos

a los sueños que deshojases.

Encontraría para ellos

la voz que los encadenase,

la forma exacta, la palabra

que los llena de claridades.

Me acercaría hasta ti como

si fueses una orilla madre.

Y qué descanso dar al alma

sombras que el alma apenas sabe.

Yo no diría de ti: era

blanca y hermosa y joven y ágil;

tenía bellos ojos tristes

abiertos sólo a realidades

Yo no diría de ti: es mi fresca

raíz que de los sueños nace,

la música de mis palabras,

el hondo canto inexplicable,

la prodigiosa primavera

que en las hojas recientes arde,

el corazón caliente que ama

olvidándose, abandonándose.

 

Tú lo sabrás un día. Entonces

será demasiado tarde.

 

De "Alegría" 1947

 

 

A CAE EL SOL

 

Perdóname. No volverá a ocurrir.

Ahora quisiera

meditar, recogerme, olvidar: ser

hoja de olvido y soledad.

Hubiera sido necesario el viento

que esparce las escamas del otoño

con rumor y color.

Hubiera sido necesario el viento.

 

Hablo con humildad,

con la desilusión, la gratitud

de quien vivió de la limosna de la vida.

Con la tristeza de quien busca

una pobre verdad en que apoyarse y descansar.

La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,

don gratuito, porque nada merecí.

 

¡Y la verdad! ¡Y la verdad!

Buscada a golpes, en los seres,

hiriéndolos e hiriéndome;

hurgada en las palabras;

cavada en lo profundo de los hechos

-mínimos, gigantescos, qué más da:

después de todo, nadie sabe

qué es lo pequeño y qué lo enorme;

grande puede llamarse a una cereza

( "hoy se caen solas las cerezas",

me dijeron un día, y yo sé por qué fue ),

pequeño puede ser un monte,

el universo y el amor.

 

Se me había olvidado algo

que había sucedido.

Algo de lo que yo me arrepentía

o, tal vez, me jactaba.

Algo que debió ser de otra manera.

Algo que era importante

porque pertenecía a mi vida: era mi vida.

(Perdóname si considero importante mi vida:

es todo lo que tengo, lo que tuve;

hace ya mucho tiempo, yo la habría vivido

a oscuras, sin lengua, sin oídos, sin manos,

colgado en el vacío,

sin esperanza.)

 

Pero se me ha borrado

la historia (la nostalgia)

y no tengo proyectos

para mañana, ni siquiera creo

que exista ese mañana (la esperanza).

Ando por el presente

y no vivo el presente

(la plenitud en el dolor y la alegría).

Parezco un desterrado

que ha olvidado hasta el nombre de su patria,

su situación precisa, los caminos

que conducen a ella.

Perdóname que necesite

averiguar su sitio exacto.

 

Y cuando sepa dónde la perdí,

quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale

tanto como la vida para mí, que es su sentido.

Y entonces, triste, pero firme,

perdóname, te ofreceré una vida

ya sin demonio ni alucinaciones.

 

De "Libro de las alucinaciones" 1964

 

 

ORILLAS DEL EAST RIVER

 

 

I

En esta encrucijada,

flagelada por vientos de dos ríos

que despeinan la calle y la avenida,

pisoteada su negrura por gaviotas de luz,

descienden las palabras a mi mano,

picotean los granos de rocío,

buscan entre mis dedos las migajas de lágrimas.

 

Siempre aspiré a que mis palabras,

las que llevo al papel,

continuasen llorando

-de pena, de felicidad, de desesperanza,

al fin, todo es lo mismo-,

porque yo las había llorado antes;

antes de que desembocasen en el papel blanquísimo,

en el papel deshabitado, que es el morir.

Dejarían en él los ecos asordados, empañados,

de lo que tuvo vida.

Alguien advertiría la humedad de las lágrimas,

lloraría por seres que jamás conoció,

que acaso no es posible que existieran

aunque estuvieron vivos

en el recuerdo o en la imaginación.

Lloraríamos todos por los desconocidos,

los -para mí -difuminados

en la magia del tiempo.

 

Contra las estructuras

de metal y de vidrio nocturno

rebotan las palabras aún sin forma,

consagradas en el torbellino helado,

y no me hacen llorar.

Yo ya no sé llorar. ¡Y mira que he llorado!

 

II

Yo ya no lloro,

excepto por aquello que algún día

me hizo llorar:

los aviones que proclamaban

que todo había terminado;

la estación amarilla diluida en la noche

en la que coincidían, tan sólo unos instantes,

el tren que partía hacia el norte

y el que partía hacia el oeste

y jamás volverían a encontrarse;

y la voz de Juan Rulfo: «diles que no me maten»;

y la malagueña canaria;

y la niña mendiga de Lisboa

que me pidió un «besiño».

 

Yo ya no lloro.

Ni siquiera cuando recuerdo

lo que aún me queda por llorar.

 

De "Cuaderno de Nueva York" 1998

 

 

ACELERANDO

 

Aquí, en este momento, termina todo,

se detiene la vida. Han florecido luces amarillas

a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa

cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento.

Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia

en la noche, jadeando en la hierba,

trayendo en hilos aroma de las nubes,

poniendo en nuestra carne su dentadura fresca.

Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro

porque eran miles de kilómetros

los que nos separaban de las olas,

y lo peor, miles de días pasados y futuros nos separaban.

Descendían en la sombra las escaleras.

Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hora

-dije yo-, ya es hora de volver a tu casa.»

Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó

vestida de otro modo, con flores en el pelo.

Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy.» Bajamos

las gradas del altar. El armonio sonaba.

Y un violín que rizaba su melodía empalagosa.

Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido

tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso.

Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad.

«¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos

al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía

con su poco de sombra con estrellas,

su agua de luces navegantes,

sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios

una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente.

Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme

lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida,

y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor

gris que giraba en torno vertiginosa.

Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia.

Los niños -quiénes son, que hace un instante

no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa:

«Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije

con ira y pena. Silencio. Yo besé

la frente de ella, los ojos con arrugas

cada vez más profundas. ¿Dónde la noche aquella,

en qué lugar del universo se halla? «Has sido duro

con los niños.» Abrí la habitación de los pequeños,

volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose.

Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon

los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor,

con sus noches de estrellas, con sus mares azules,

con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar

bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella,

dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido,

este disco que gira y gira en el silencio,

consumida su música...

 

De "Libro de las alucinaciones" 1964

 


ALEGRÍA INTERIOR

 

En mí la siento aunque se esconde.

Moja mis oscuros caminos interiores.

Quién sabe cuántos mágicos rumores

sobre el sombrío corazón deshoja.

 

A veces alza en mí su luna roja

o me reclina sobre extrañas flores.

Dicen que ha muerto, que de sus verdores

el árbol de mi vida se despoja.

 

Sé que no ha muerto, porque vivo. Tomo,

en el oculto reino en que se esconde,

la espiga de su mano verdadera.

 

Dirán que he muerto, y yo no muero.¿Cómo

podría ser así, decidme, dónde

podría ella reinar si yo muriera?

 

De "Alegría" 1947

 

 

ALMA DORMIDA

 

Me tendí sobre la hierba entre los troncos

que hoja a hoja desnudaban su belleza.

Dejé el alma que soñase:

volvería a despertar en primavera.

 

Nuevamente nace el mundo, nuevamente

naces, alma (estabas muerta).

Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:

tú dormías, esperando ser eterna.

 

Y por mucho que te cante la alta música

de las nubes, y por mucho que te quieran

explicar las criaturas por qué evocan

aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas

 

hacer tuya tanta vida derramada

(era vida, y tú dormías), ya no llegas

a alcanzar la plenitud de su alegría:

tú dormías cuando todo estaba en vela.

 

Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro...

(Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)

 

De "Agenda" 1991

 

 


AMANECER

 

Imagínate tú...

Imagínatelo tú por un momento.

 

La estrella aún flotaba en las aguas.

Río abajo, a la noche del mar, la llevó la corriente.

Y de pronto la mágica música errante en la sombra

se apagó, sin dolor, en el fresco silencio silvestre.

 

Imagínate tú, piensa sólo un instante,

piensa sólo un instante que el alma comienza a caerse.

(Las hojas, el canto del agua que sólo tú escuchas:

maravilloso silencio que pone en las tuyas su mano evidente.)

 

Piensa sólo un instante que has roto los diques y flotas sin tiempo en la noche,

que eres carne de sombra, recuerdo de sombra; que sombra tan sólo te envuelve.

Piensa conmigo «¡tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo,

antes que todo se desvaneciese!»

 

Imagínate tú que hace siglos que has muerto.

No te preguntan las cosas, si pasas, quién eres.

Procura un instante pensar que tus brazos no pesan.

Son nada más que dos cañas, dos gotas de lluvia, dos humos calientes.

 

(¡Tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo!)

Y cuando creas que todo ante ti perfecciona su muerte,

abre los ojos:

El trágico hachero saltaba los montes,

llevaba una antorcha en la mano, incendiaba los bosques  nacientes.

El río volvía a mojar las orillas que dan a tu vida.

El prodigio era tuyo y te hacías así vencedor de la muerte.

 

De "Agenda" 1991

 

 

APAGAMOS LAS MANOS...

 

Apagamos las manos. Dejamos encima del mar marchitarse la luna

y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.

Ahora ya es tarde. Las albas vendrán a ofrecernos sus húmedas flores.

Ciegos iremos. Callados iremos, mirando algo nuestro que escapa

hacia su patria remota.

(Nuestro espíritu debe de ser, que cabalga

sobre las olas.)

 

Ahora ya es tarde. Apagamos las manos felices

y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.

Hemos caído en un pozo que ahoga los sueños.

Hemos sentido la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

 

Antes, entonces, con qué gozo ardiente,

con qué prodigioso encenderse de aurora

modelamos en nieblas efímeras, en pasto de brisas ligeras,

nuestra cálida hora.

Y cómo apretamos las ubres calientes. Y cómo era hermoso

pensar que no había ni ayer, ni mañana, ni historia.

 

Ahora ya es tarde; apagamos las manos felices

y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.

Cómo errar por los años, como astros gemelos, sin fuego,

como astros sin luz que se ignoran.

Cómo andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos

mientras en torno el amor se desploma.

 

Ahora ya es tarde. Sabemos. Pensamos. (Buscábamos almas.)

Ahora sabemos que el alma no es piedra ni flor que se toca.

Como astros gemelos y ajenos pasamos, sabiendo

que el alma se niega si el cuerpo se niega.

Que nunca se logra si el cuerpo se logra.

 

Dejamos encima del mar marchitarse la luna.

Cómo errar, por los años, sin gloria.

Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños

que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.

Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma

es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.

 

Estamos despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,

sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

 

De "Con las piedras, con el viento" 1950

 

 

ASÍ ERA

 

Canta, me dices. Y yo canto.

¿Cómo callar? Mi boca es tuya.

Rompo contento mis amarras,

dejo que el mundo se me funda.

Sueña, me dices. Y yo sueño.

¡Ojalá no soñara nunca!

No recordarte, no mirarte,

no nadar por aguas profundas,

no saltar los puentes del tiempo

hacia un pasado que me abruma,

no desgarrar ya más mi carne

por los zarzales, en tu busca.

 

Canta, me dices. Yo te canto

a ti, dormida, fresca y única,

con tus ciudades en racimos,

como palomas sucias,

como gaviotas perezosas

que hacen sus nidos en la lluvia,

con nuestros cuerpos que a ti vuelven

como a una madre verde y húmeda.

 

Eras de vientos y de otoños,

eras de agrio sabor a frutas,

eras de playas y de nieblas,

de mar reposando en la bruma,

de campos y albas ciudades,

con un gran corazón de música.

 

De "Alegría" 1947

 

 

CANCIÓN DE CUNA PARA DORMIR A UN PRESO

 

La gaviota sobre el pinar.

(La mar resuena.)

Se acerca el sueño. Dormirás,

soñarás, aunque no lo quieras.

La gaviota sobre el pinar

goteado todo de estrellas.

 

Duerme. Ya tienes en tus manos

el azul de la noche inmensa.

No hay más que sombra. Arriba, luna.

Peter Pan por las alamedas.

Sobre ciervos de lomo verde

la niña ciega.

Ya tú eres hombre, ya te duermes,

mi amigo, ea...

 

Duerme, mi amigo. Vuela un cuervo

sobre la luna, y la degüella.

La mar está cerca de ti,

muerde tus piernas.

No es verdad que tú seas hombre;

eres un niño que no sueña.

No es verdad que tú hayas sufrido:

son cuentos tristes que te cuentan.

Duerme. La sombra toda es tuya,

mi amigo, ea...

 

Eres un niño que está serio.

Perdió la risa y no la encuentra.

Será que habrá caído al mar,

la habrá comido una ballena.

Duerme, mi amigo, que te acunen

campanillas y panderetas,

flautas de caña de son vago

amanecidas en la niebla.

 

No es verdad que te pese el alma.

El alma es aire y humo y seda.

La noche es vasta. Tiene espacios

para volar por donde quieras,

para llegar al alba y ver

las aguas frías que despiertan,

las rocas grises, como el casco

que tú llevabas a la guerra.

La noche es amplia, duerme, amigo,

mi amigo, ea...

 

La noche es bella, está desnuda,

no tiene límites ni rejas.

No es verdad que tú hayas sufrido,

son cuentos tristes que te cuentan.

Tú eres un niño que está triste,

eres un niño que no sueña.

Y la gaviota está esperando

para venir cuando te duermas.

Duerme, ya tienes en tus manos

el azul de la noche inmensa.

Duerme, mi amigo...

Ya se duerme

mi amigo, ea...

 

De "Tierra sin nosotr0s" 1947

 

 

COMO LA ROSA: NUNCA

 

Como la rosa: nunca

te empañe un pensamiento.

No es para ti la vida

que te nace de dentro.

Hermosura que tenga

su ayer en su momento.

Que en sólo tu apariencia

se guarde tu secreto.

Pasados no te brinden

su inquietante misterio.

Recuerdos no te nublen

el cristal de tus sueños.

 

Cómo puede ser bella

flor que tiene recuerdos.

 

De "Con las piedras, con el viento" 1950

 

 


COPLILLA DESPUÉS DEL 5º BOURBON

 

Pensaba que sólo habría

sombra, silencio, vacío.

Y murió. Estaba en lo cierto.

El mismo Dios se lo dijo.

 

De "Cuaderno de Nueva York" 1998

 

 

CON LAS PIEDRAS, CON EL VIENTO

 

Con las piedras, con el viento

hablo de mi reino.

 

Mi reino vivirá mientras

estén verdes mis recuerdos.

Cómo se pueden venir

nuestras murallas al suelo.

Cómo se puede no hablar

de todo aquello.

El viento no escucha. No

escuchan las piedras, pero

hay que hablar, comunicar,

con las piedras, con el viento.

 

Hay que no sentirse solo.

Compañía presta el eco.

El atormentado grita

su amargura en el desierto.

Hay que desendemoniarse,

liberarse de su peso.

Quien no responde, parece

que nos entiende,

con las piedras, con el viento.

 

Se exprime así el alma. Así

se libra de su veneno.

Descansa, comunicando

con las piedras, con el viento.

 

De "Con las piedras, con el viento" 1950

 

 

CORAZÓN QUE TE HIEREN

 

Corazón que te hieren

con una rama verde.

 

Llegó a mi lado. Era

el momento más fuerte

que el recuerdo. Es hoy todo

inolvidable. El verde

de los álamos es

vida. Los cielos tienen

azul de amor sereno

que aún ignora la muerte.

 

Llega a mi lado. Trae

una rama. (Parece

la verde primavera

que entre sus manos duerme.)

Oh, qué felicidad.

Las brisas, cómo mecen.

Ella saca a las flores

de su encanto silvestre.

Ella toca de gracia

el áspero presente.

 

Llega a mi lado. Trae

una rama. (Se mueve

irreal: su elemento

es la música. Viene

quebrando los silencios

maravillosamente. )

 

Entre sus manos es

la rama una serpiente

de luz, un río frágil,

bandera transparente

que pone en este ensueño

su alegría evidente.

(Por la rama comprendo

que estamos vivos. Este

instante no es un sueño

que pasa y no nos mueve.)

Es un látigo frágil,

una llama en que beben

nuestros ojos.

 

¿Por qué

la ceñiste a mis sienes 40

como si fuera el único

dios a quien perteneces?

¡Por qué te he preguntado

si ceñiste otras sienes!

 

Corazón, te han herido

con una rama verde.

 

De "Con las piedras, con el viento" 1950

 

 


CUMBRE

 

Firme, bajo mi pie, cierta y segura,

de piedra y música te tengo;

no como entonces, cuando a cada instante

te levantabas de mi sueño.

 

Ahora puedo tocar tus lomas tiernas,

el verde fresco de tus aguas.

Ahora estamos, de nuevo, frente a frente

como dos viejos camaradas.

 

Nueva canción con nuevos instrumentos.

Cantas, me duermes y me acunas.

Haces eternidad de mi pasado.

Y luego el tiempo se desnuda.

 

¡Cantarte, abrir la cárcel donde espera

tanta pasión acumulada!

Y ver perderse nuestra antigua imagen

arrebatada por el agua.

 

Firme, bajo mi pie, cierta y segura,

de piedra y música te tengo.

Señor, Señor, Señor: todo lo mismo.

Pero, ¿qué has hecho de mi tiempo?

 

De "Tierra sin nosotros" 1947

 

 

DESALIENTO

 

«No quiero que pienses», dices

Tú sabes que sólo en ello

puedo pensar. Pasarán

los días, las noches. Tiempos

vendrán sin nosotros. soles

brillarán en cielos nuev