
L I B R O T E C A
Queremos recoger en este apartado todo lo relacionado con el
libro y sus mundos: artículos, frases, fotos, ex-libris, impresiones como
lector, etc. etc.
te esperamos en:
cuarentones@cuarentones.org
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Henry Miller
Los libros en mi vida
¿Qué factor otorga vida a un libro?
La respuesta, en mi opinión, es sencilla. El libro vive a través de la apasionada recomendación de un lector a otro. Nada podría estrangular este impulso básico del ser humano. A pesar de las opiniones de los cínicos y misántropos, sostengo que el hombre siempre se empeñará en compartir sus más profundas experiencias.
Los libros son una de las pocas cosas que los hombres atesoran profundamente. Y cuanto mejor sea el hombre, con mayor facilidad será capaz de desprenderse de los bienes que más atesora.
El libro que yace inane en un anaquel es munición desperdiciada. Los libros deben mantenerse en constante circulación como el dinero. ¡Prestad y tomad prestado ambas cosas: libros y dinero! Pero especialmente libros, porque los libros representan infinitamente más que el dinero.
El libro no sólo es un amigo sino que sirve para hacernos conquistar amigos. El libro enriquece al que se apodera de él con toda el alma, pero enriquece tres veces más al que lo analiza.
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“Felicidad clandestina” (fragmento)
¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo. Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada. A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. "
Clarice Lispector (Brasil)
Comentarios (libro & e-book):
En cuanto a los textos que se refieren a la aparición del e-book y a la supervivencia del libro en papel, esto es lo que opino:
Yo no creo que desaparezca el libro en papel, lo que creo es que convivirán los dos.
Por un lado, apoyo el e-book, aparte de porque es muy práctico, porque es muy ecológico y evitará la tala de muchos árboles. Pero el libro en papel seguirá con nosotros por varios motivos: -El libro en papel más allá de un objeto de lectura se ha convertido en un objeto decorativo, y también de culto. -Un e-book nunca podrá competir con los libros con ilustraciones. No creo que los e-books puedan entrar en la literatura infantil. -Un libro en papel funciona como regalo, puedes hasta dedicarlo y perfumarlo, en cambio, claramente, no ocurre lo mismo con un archivo pdf o .doc. -Un libro es un objeto que se toca, y en el que se refleja su uso y el paso del tiempo, y así, al heredarlo o tomarlo prestado estás conectando de alguna manera con la/s persona/s que lo han leído antes (es lo mismo que pasa con otros objetos como joyas, prendas, relojes...). El lado más negativo de la incursión del e-book es que ocurrirá con la industria del libro lo mismo que con la de la música, bajarán las ventas, cerrarán editoriales y ya se puede uno imaginar lo que ocurrirá con las imprentas... En fin, que si antes un escritor medio no se forraba, ahora menos todavía. Menos mal que la mayoría de la gente que escribe no lo hace/hacemos con expectativas dinerarias sino vocacionales. Por otro lado, el e-book eliminará intermediarios, y facilitará además el archivo y la búsqueda de libros y fragmentos. Eso por no hablar de la gran ventaja que tiene en cuanto a su circulación se refiere, ya que puede llegar a varios lugares del mundo en cualquier momento y a la vez. Otro beneficio del e-book es que promueve que los lectores formen parte de la publicación y por tanto de la obra a través de sus comentarios, algo que yo entiendo muy enriquecedor tanto para autores como lectores y que lleva más allá y engrandece la comunicación en sí, ese aspecto tan importante y consustancial de la literatura y del espíritu del que ésta nace.
Ricardo Castillo Ramos.
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| AMOR DE BIBLIOTECA
de Irene Sánchez Carrón
Tú, libro abierto en las manos, de pie, en el pasillo de la biblioteca, tan lejos de relojes y de inviernos, reinas en patrias de papel y tinta negra.
Yo, a prudente distancia, te persigo.
Voy cogiendo los libros que tú dejas y rastreo tus huellas por ciudades perdidas en la faz de los mapas y te encuentro en medio de contiendas, con los vencidos, entre los vencedores, a campo abierto y en torres de marfil donde a veces te encierras y devoras versos de amor.
Amor, así pasas las horas robadas a mis sueños.
A veces, frente a ti, separados por una estantería, siento cómo respiras y, a través de volúmenes sombríos, juego a rozar tu mano cuando busca voraz entre todos los libros el libro deseado.
Siento cómo tus dedos húmedos de tus labios desnudan hoja a hoja otro cuerpo que arde entre tus brazos.
Mientras así te alejas, yo, negro borrón de celos, verso de amor tachado, triste botín de guerra, ávida de tus ojos y tus manos, en el silencio de la biblioteca, te escribo otro poema.
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El libro
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El Libro Sergio Pitol Premio Cervantes La palabra libro está muy cercana a la palabra libre ; sólo la letra final las distancia: la o de libro y la e de libre. No sé si ambos vocablos vienen del latín liber (libro), pero lo cierto es que se complementan perfectamente; el libro es uno de los instrumentos creados por el hombrepara hacernos libres. Libres de la ignorancia y de la ignominia, libres también de los demonios, de los tiranos, de fiebres milenaristas y turbios legionarios, del oprobio, de la trivialidad, de la pequeñez. El libroafirma la libertad, muestra opciones y caminos distintos, establece la individualidad, al mismo tiempo fortalece a la sociedad, y exalta la imaginación. Ha habido libros malditos en toda la historia, libros que encarcelan la inteligencia, la congelan, y manchan a la humanidad, pero ellos quedan derrotados por los generosos, como el Quijote, La guerra y la paz, las novelas de Galdós, todo Dickens, todo Shakespeare, La montaña mágica, los poemas de Whitman, y los de Rubén Darío, López Velarde, Pablo Neruda y Octavio Paz, Antonio Machado, Luís Cernuda y tantísimos más que derrotan a los otros. Si el hombre no hubiese creado la escritura no habríamos salido de las cavernas. A través del libro conocemos todo lo que está en nuestro pasado. Es la fotografía y también la radiografía de los usos y costumbres de todas las distintas civilizaciones y sus movimientos. Por los libros hemos conocido el pensamiento chino, griego, árabe, el de todos los siglos y todas las naciones. En fin, el libro es para nosotros un camino de salvación. Una sociedad que no lee, es una sociedad sorda, muda y ciega
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Leer, leer, vivir la vida
Leer
leer,
vivir la vida
Leer,
leer, leer; ¿seré lectura
¿Seré
mi creador, mi criatura, Miguel de Unamuno
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CARMEN JODRA DAVO ("LAS MORAS AGRACES”)
Señores, yo sé bien de los venenos de la literatura: la tiranía impúdica y terrible de una belleza impura que nos mancha los labios de palabra, los ojos de figura y el cerebro de sueños o pecados, en flagrante, diabólica impostura. No la deseo a nadie, y nadie debe desearla nunca, pero benditos los que se someten a su mirada oscura.
VERBO Voy a arrugar esta palabra, voy a torcerla, sí, es demasiado lisa, es como si un gran perro o un gran río le hubiera repasado lengua o agua durante muchos años. Quiero que en la palabra se vea la aspereza, la sal ferruginosa, la fuerza desdentada de la tierra, la sangre de los que hablaron y de los que no hablaron. Quiero ver la sed adentro de las sílabas: quiero tocar el fuego en el sonido: quiero sentir la oscuridad del grito. Quiero palabras ásperas como piedras vírgenes.
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EL LIBRO
Javier Sádaba La Biblia es el libro por antonomasia para los cristianos. Más aún lo es el Corán para el mundo musulmán puesto que estaría escrito directamente por Alá en el cielo. Y los creyentes hindúes toman como manifestación de los dioses lo que aparece en los Vedas. En estos casos y otros más, la palabra escrita es revelada, firma de una divinidad, verdad a creer por encima de todo lo que el mundo nos ofrece. De esta manera el texto adquiere una dimensión que exige reverencia, respeto y devoción. El libro, en consecuencia, no es un objeto más y su lectura se convierte en oración y guía de los creyentes. Los rezos y las plegarias de las distintas religiones están plagados de fragmentos de esos textos que se consideran inspirados o revelados por Dios o por los dioses.
Es obvio que si uno lee un ensayo, una novela o un cuento, no da a lo que lee el valor que acabamos de describir. Sabemos que es obra de un mortal como nosotros y que no está ungido por nada ni por nadie. Incluso pensamos que muchos libros son de poca calidad, nefastos, pobres en argumentación, producto de fantasías incontroladas, o simple fruto del marketing. El libro, sin embargo, mantiene el aura de sacralidad antes referida. Porque la escritura ha cristalizado la sabiduría tradicional, es eco de un pasado que revive nuestra nostalgia y nos saca de nosotros mismos, trasladándonos a otros mundos posibles. Y es que nuestra cultura es una cultura de libro.
En cualquier caso, la escritura es reciente. No va más allá de unos 4.000 años y es más que probable que naciera en Sumeria, lo que hoy es la pobre Irak. Y el alfabeto, reducción a sonidos simples, está datado aproximadamente en el año 700 a. C... Aun así, lo escrito no estaba al alcance de todos sino que los sacerdotes o la élite intelectual se reservaban el conocimiento de lo que se escondía en las tablillas o en los pergaminos. La gran revolución que permite el acceso del público a la letra escrita se producirá con el descubrimiento de la imprenta. Pero tendría todavía que pasar mucho tiempo hasta que el pueblo entre en las entrañas de los libros. Recordemos que el analfabetismo, y me refiero a los países desarrollados, ha sido hasta no hace mucho mayoritario. Es lo que ocurría en la España de comienzos del siglo XX. Hoy, el analfabeto o es una patología o una excepción. Por supuesto que existen analfabetos funcionales, pero esto es rizar el rizo en lo que se entiende por cultura mínima en una sociedad como la nuestra.
El libro, compañero inseparable del hombre, peligra, eso parece, ante la avalancha de una sociedad de la información que todo lo digitaliza. La cuestión es si los avances en las nuevas tecnologías sustituirán definitivamente al libro o quedará como una reliquia o refugio de rezagados. Difícil es dar una respuesta a la pregunta. Podrían ser compatibles, puesto que se trata de actitudes distintas. El libro mediatiza, te hace detenerte y reflexionar, dialogas con el autor, lo tomas y lo retomas, lo comparas con otros y hasta la postura corporal, piénsese cuando leemos en la cama, es diferente a lo que exige una tecnología de rapidez, de inmediatez, interacción sin casi mediación o compuesta por los estímulos más contrapuestos. Pero, sea el que sea el futuro del libro, sí podemos recordar, tal vez como homenaje póstumo, sus virtudes.
La lectura es uno de los mayores placeres que se pueden tener en la vida y es la savia de la cultura. En la lectura repasamos nuestra vida, nos abrimos a otras que nos complementan, pensamos y repensamos lo que nos importa, sentimos un placer inmenso cuando lo escrito es bello o estimula nuestra imaginación y nuestra inteligencia. Por eso, el libro es el mejor amigo, un excelente aliado, una máquina de humor constante y una ocasión para ampliar nuestro conocimiento. Se ha dicho que la lectura no es un deporte fácil. En efecto, exige la paciencia de leer, la capacidad de comprender y la necesidad de recordar. Si no se dan estas tres habilidades, la lectura será vana, una especie de mueca. De ahí que sea una lástima que no se enseñe pronto a leer. La introducción en la lectura es uno de los dones que el niño agradecerá, sin duda, de mayor a quienes le dieron la oportunidad de saborear a clásicos y a modernos. Un libro puede cambiar la vida de una persona. No pienso, claro, en Ignacio de Loyola. Pienso en los efectos, aparentemente mínimos, de muchos libros que han sido decisivos en la vida de tantos individuos. Como la lluvia fina, han calado en su alma. Venga lo que venga y pase lo que pase, nadie podrá quitar esos valores a los libros. Todavía más, uno puede creer que incluso resucitarán. Cuando han sido quemados, alguien los ha salvado o reelaborado. Quién sabe si en una época que comienza a hacer opaco al libro, éste apunte a una aurora aún por llegar.
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Leer como acto de rebeldía.
Dice Alberto Manguel: “el capitalismo actual no puede permitirse un consumidor lento, y la literatura requiere lentitud. El amor por la lectura se aprende, pero no se enseña. Nadie puede obligarnos a enamorarnos. No puedes pedir a un adolescente que lea cuando le estás diciendo que toda actividad que no te dé una ganancia inmediata y visible es inútil. Creo que no existen seres humanos no lectores. En la sociedad actual es como si fuésemos misioneros de una religión en la que la iglesia central ya no cree. A través de la lectura empezamos a conocer quiénes somos. En el futuro, leer será no sólo un acto de rebeldía, sino también un acto de supervivencia. Si como lectores nos resignamos a que nos impidan leer la buena literatura nos vamos a condenar a ser menos humanos. Es un riesgo que, por supuesto, no podemos correr”.
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La manía de leer
Nativel Preciado
La mayoría de la gente sigue creyendo que la mejor manera de prolongar su vida es tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Sin embargo, la existencia se ha complicado de tal modo que los hijos y los árboles exigen mayor dedicación que la literatura, así que lo más sencillo es escribir un libro e incluso publicarlo. Este hecho se puede comprobar con mayor facilidad en primavera, cuando las editoriales sacan más novedades literarias y los autores se dedican a firmar libros para sus lectores. Los textos se programan con la antelación que requiere toda campaña de lanzamiento y, salvo honrosas excepciones, su existencia es efímera y, en el mejor de los casos, no suelen pasar a la siguiente temporada. Todo este preámbulo es para advertir que hay libros malos, pésimos, horrendos y repugnantes, cuya lectura puede ser casi tan nociva como un programa de la televisión basura, a pesar de lo cual, preferimos ver a nuestros hijos con un libro en las manos que con la boca abierta frente a la pantalla del televisor.
Eso quiere decir que el libro ‑ignoro si para bien o para mal‑ no ha perdido del todo su valor fetichista. Los nostálgicos de la letra impresa creen, sin duda, que siempre será mejor la imagen de un niño leyendo que la de un niño mirando. Por eso celebramos que el Ministerio de Educación siga impulsando la costumbre de leer entre los niños de 8 a 16 años. Dicen que los educadores tienen sus propias técnicas de animación a la lectura e incluso hay expertos que diseñan magníficas campañas publicitarias para inocular en el niño la manía de leer. No quiero ser aguafiestas, pero se desconoce un método eficaz para combatir la pereza intelectual. No obstante, confío en los buenos profesionales y aplico sus criterios casi a ciegas, sobre todo, después de haber participado hace unos días en un debate en una biblioteca pública, donde varios de los asistentes me demostraron que el esfuerzo que requiere la lectura de un libro, sea cual sea su contenido, siempre merece la pena. No sólo es una tarea placentera, también nos hace más lúcidos y nos ayuda a ser conscientes de nuestra propia vida. Un mal libro te deja con ganas de buscar otro mejor. Quedan todavía algunos escritores que escriben con la única intención de calmar su ansiedad, salir de su asombro, transmitir su experiencia, desvelar un misterio, rebelarse contra el desconcierto de su propia existencia. Son pocos, menos de los que quisiéramos imaginar, pero el público de la biblioteca me recordó una frase reciente de Gao Xingjian, Nobel de Literatura: «Escribir no es publicar, sino expresar lo que llevas dentro y luchar contra la soledad».
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Pecado de Gutenberg
Por Juan Cueto
Esto que usted está haciendo ahora mismo, leer en solitario y en silencio, es algo muy moderno y que apenas tiene dos siglos de tradición. No lo olvidemos a la hora de acusar a las hiperindividualistas máquinas digitales de ser los nuevos ángeles exterminadores del humanismo. Y es que la verdadera revolución del libro no ocurrió con el nacimiento de la nueva tecnología llamada imprenta, como es tópico midcult; sucedió dos siglos y pico más tarde, cuando la lectura dejó de practicarse en voz alta y en público y se transformó en algo muy individual y silencioso.
Por tanto, que conste que en el origen del libro moderno no fue la famosa máquina de Gutenberg, sino aquella posterior mutación de la lectura ocurrida en la Ilustración y que impuso para siempre la técnica de leer en silencio y en privado. Es cierto que desde el Siglo de las Luces hay gentes que todavía siguen empecinadas en leer en voz alta y en público, como los niños, los políticos y esos autores que castigan a sus parejas con la lectura de las galeradas, tiente de tantos divorcios entre humanistas. Pero el libro, tal y como hoy lo entendemos y defendemos, nació de un invento más tardío y radical que el de Gutenberg, la también artificial e hiperindividualista necesidad de leer en voz baja, en rigurosa intimidad y completamente aislados de los ruidos sociales y familiares, como ocurre ahora con el ¡Pod.
Es más, aquella nueva tecnología no hizo otra cosa en esos dos siglos y pico que intentar adaptarse tipográficamente a esa ilustrada necesidad de lectura en silencio y postura solitaria. Primero, separando las palabras en la caja de la imprenta de Gutenherg; después, suprimiendo los comentarios y glosas en los márgenes del libro, y por último, ya a finales del siglo XVII, con la revolucionaria introducción del punto y aparte y la división en párrafos y capítulos. A partir de estas sencillas técnicas empezó la posibilidad humanista de leer en silencio. Y sólo a mediados del siglo pasado las vanguardias literarias intentaron regresar a los orígenes con aquellos "textos" sin puntos y aparte ni capítulos, sus continuas glosas marginales, sus onomatopeyas, su tipografía continua, su odio por la lectura pasiva y silenciosa y su manía al estilo libre indirecto de Flaubert; y así les fue: nadie los leyó ni en silencio ni en solitario.
Perdonen esta veloz excursión por los cerros de Gutenberg, pero en pleno tsunami de estas muy nuevas y globalizadoras tecnologías digitales que amenazan con no dejar títere ni media con cabeza, no hay más remedio que acordarse de aquella verdadera y pocas veces mencionada revolución del libro que sólo consistió en cerrar la boca, expulsar al público de alrededor y leer íntimo. Algo no muy distinto a lo que está ocurriendo con estas lecturas multimedia e hiperindividualistas a las que nos obliga ese serial‑killer llamado Internet y que se está cargando de una atacada, como repite el otro gran tópico mid‑cult, todas las viejas lecturas de aquel siglo XX que tanto amamos. Desde el cine en sala y rodeado de extraños hasta la televisión vista en el cuarto de estar y rodeado de familia (esa obscenidad llamada share), pasando por la música en pandilla o concierto, el periodismo sin bitácoras ni interactividad o, en fin, esos cedés y deuvedés pirateados o comprados en un centro comercial invadido por las hordas juveniles del fin de semana, pero luego consumidos en pecaminoso silencio solitario.
A los apocalípticos genéticos, tan abundantes en este país y en este periódico, les horroriza que aquella revolución de la lectura silenciosa y en la intimidad, la misma que inventó el libro y de paso la narración moderna, también se aplique a estas nuevas narraciones under 30. Con la nueva ilustración digital no sé si cambiarán los sistemas de hacer pelas, vídeos, músicas, chata, narraciones multimedia o videojuegos, pero están cambiando los tradicionales modos de lectura del mundo exterior, que ya nada tienen que ver con el XX y que de nuevo, como a principios del XVIII, imponen lecturas en riguroso silencio y en solitario, tal y como las practican los creen en sus guaridas.
Miren ustedes, esa nueva forma de lectura solitaria, en voz baja y sin público ni familia al lado, destroza un buen montón de supercherías actuales. Por lo pronto, adiós y muy buenas a esas estúpidas tiranías del asare y el prime time en TV (un burdo truco estadístico que exige estar en familia y sentados muy juntos y a la misma hora en el tersillo ski), al Vds. de las salas de cine, que también es resultado de la aritmética sedentaria de espectadores sin relaciones personales, sexuales o diplomáticas con sus vecinos de butaca, a esos ranking musicales que únicamente suman en concierto.
En el siglo XXI todavía falta por inventar una maquinita digital: un audímetro de bolsillo y multi-multimedia. que registre todas esas infinitas lecturas hiperindividuales y silenciosas que exige esa nueva imprenta de tipos móviles llamada Internet.
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Por la lectura José Luis Sampedro
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón
bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de
pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada
libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los
autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. a) obtiene algo a cambio b) es objeto de una sanción Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo?
¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es
precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?
¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por
ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el
préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡ NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS ! |
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Arturo Pérez-Reverte El Semanal 23 de diciembre de 2007
PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros -aquí matizaré ministros y ministras- de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros -el tuteo es deliberado- a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada.
Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana -que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural-, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al retraso histórico. O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien y que éste no ha fracasado porque es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad, entre ellos el de que los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms. Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente -recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española-. Deslumbrante, lo juro, eso de que lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres, aunque tampoco estuvo mal lo de hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos. Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado._ Arturo Pérez-Reverte
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“En suma, le enseñamos todo acerca del libro cuando no sabía leer (...) Así
descubrió la paradójica virtud de la lectura que consiste en abstraernos del
mundo para encontrarle un sentido.”
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Henry Miller no sólo es un amigo sino que sirve para hacernos conquistar amigos” y M
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